Sindicato Mexicano De Electricistas

Préstamos oportunistas

Mi sobrina logró armarme una videollamada con mi compadre y acto seguido huyó, porque no lo soporta ni en pintura. Ahora que estamos de cuarentena, he logrado librar las visitas que le hago periódicamente para seguir su estado de salud (recordarán que estuvo hospitalizado el año pasado). Y digo “librar”, porque algunos de mis nietecitos conservarán en la memoria que mi compadre es asiduo seguidor de estaciones de radio cuya programación se compone casi exclusivamente de diatribas en contra de AMLO, y mi compadre, quien vive de su exigua pensión tras dejarle décadas de su vida a una empresa, más los apoyos que recibe gracias a los programas obradoristas, prefiere creerle a algún todólogo fanático antiamlo que tratar de leer, lo que hace de mis visitas una aburrición.

Quizá porque la videollamada es un campo más neutral, o, más bien, cada uno es dueño de su parte de la cancha, pero me costó más trabajo quedarme callado cuando inició su retahíla.

-Ya estarás contento ahora que tu presidente nos quiere matar de hambre ¿Ves cómo sí vamos por el rumbo de Venezuela?
-Compadre, no me queda claro, aparte de los videos armados de Jorge Ramos, que haya hambruna en…
-Ya nos bajaron todos las calificaciones, ahora sí ni quién nos quiera dar un peso. – No piensen que mi compadre me interrumpe por grosero, aunque sí lo es un poco, sino porque está bastante sordo y creo que no lograba escuchar lo que decía yo.
-Van a repartir lana a manos llenas y a nosotros, con esas calificaciones pues nada, y a ver qué comemos.
Podrán notar que mi compadre no es muy ducho en eso de la lógica. Me armé de paciencia y le expliqué:
-Nadie está regalando dinero, quieren forzarnos a tomar préstamos que…
-Encima se pone gallito y ya nadie quiere comprar nuestro petróleo. Pero eso sí, él se la pasa de gira en hoteles de lujo por toda la república como si no pasara nada.
-¡Eso fue antes de que comenzara la jornada de sana distancia!- grité.
-¿Qué?- me contestó llevándose las manos a los aparatos para auditivos. Parece que los traía apagados.-Es que les quito el volumen cuando viene mi hija a limpiarme la casa. Si nada más me hago el dormido, pone su musicota- Yo sé que no se hace el dormido, es medio narcoléptico y se queda roncando en cualquier momento.

Aquí continuó hablando mal del doctor “ese que tu Mesías quiere que sea el presidente, quién sabe qué le sabe al Peje, porque esos no dan paso sin huarache, pero nomás dice mentiras y nos oculta que la gente se está muriendo como moscas, un vecino se acaba de morir y me dijeron que fue de un infarto, pero yo sé que como son chairos tienen que decir eso porque si no les quitan el dinerito que les dan, porque a ellos hasta despensa creo que les dan, yo vi cómo llegó una motocicleta y les traía comida, creen que uno es tonto pero yo sé que nos roban el dinero de los que trabajamos, bueno, yo trabajaba, pero el caso es que nos tienen manteniendo vagos”
-Eso oíste en el radio-
-¿Qué?-
-¡Que si eso oíste en el radio!- vocifero.
-¿Tú también? ¡Qué bueno es el señor ese Ciro!, ¿verdad? Ya ves que él si nos defiende a los viejitos porque ahora nos quieren negar la atención, prefieren darle los…esos que te meten en la nariz para que no te mueras, quieren dárselo a puro jovencito narco, porque ya ves que tu peje es amigo de la mamá del Chapo y a nosotros que nos lleve la fregada, como en Italia y en España, pero acá está peor porque si los gringos están mal, pos aquí peor ¿cuándo no hemos estado peor que ellos? Si ya se les murieron quién sabe cuántos miles, acá han de ser al menos el doble, pero tu presidente sólo quiere gastar en su trenecito, alguna tajadota se ha de llevar, porque esos ya ves que de todo sacan.

A esas alturas me estoy arrepintiendo de no haberlo visitado en persona, quizás acompañado de un picahielo o un hacha medieval que tengo de adorno en la sala, pero respiro y pienso que todos tenemos derecho a opinar lo que se nos dé la regalada gana.
-Pero ya ni me dijiste qué opinabas del dinero que nos querían dar y que se supone que el peje no quiso o no nos quisieron dar o ya se lo dieron debajo de la mesa y se lo clavó…
Discretamente, con la punta del pie, pisé el cable de la computadora y la desconecté. Me levanté tan rápido como pude y me serví un whiskey sin agua, ni hielo.

Mientras lo saboreaba golosamente y la presión me regresaba a valores más humanos, recordé cómo, en el porfiriato, para reducir lo poco que se le retribuía al campesinado de la mucha riqueza que se generaba, le “prestaban” dinero. Era dinero inexistente, claro, solo unas cuentas escritas en la libreta del administrador del patrón. Funcionaba así: no le alcanzaba para comer, así que pedía le prestaran, no le daban, pero se lo anotaban, de esa forma podía comprar un poco más una o dos veces, pero le descontaban de la cuenta la “deuda” y le daban menos paga, así que trabajaba más y ponía a trabajar a sus hijos pequeños, para producir más para cubrir la deuda, que, con la necesidad aumentaba. O sea, usaba más trabajo para producir más riqueza para el patrón, pero él recibía menos y menos de todo ese trabajo. En pocas palabras, le reducían el sueldo y le aumentaban el trabajo por una deuda de un dinero que nunca existió.

El FMI es lo mismo. No existe el dinero que “tienen listo” para apoyar a los países. Solo dicen tenerlo listo, al fin son transferencias electrónicas que no conllevan nada físico. Ya no está respaldado por el valor oro, ni siquiera por producción, porque el déficit de las grandes potencias es infame. Gastan mucho, concentran las ganancias en poquísimas manos, deben mucho, que es deuda que le endosan a los pueblos. Así que es dinero sin valor. Pero al pagárselos adquiere ese valor, porque el que se les regresa es real, basado en el trabajo y la producción de nuestros países. Así se transfiere riqueza a las potencias colonialistas, a sus élites.

En 2009 el hijo de mi compadre pidió un préstamo a un banco. Pero vino el H1N1 y no pudo ni abrir el negocio, el préstamo se empezó a ir en pagos del préstamo, cuando pudo recomenzar, ya no alcanzaba, vino un gran rescate de las grandes empresas, a él no le tocó nada. Ya no tenía ni un peso, ni negocio, y sí una gran deuda.
En fin. Hasta pronto, nietecitos. Quédense en casa (otro poquito).