Investigación de Ricardo Sevilla
@SevillaCritico

The Nature Conservancy (TNC) es una organización estadounidense fundada en 1951. Tiene ocho sedes regionales ubicadas en Australia, Brasil, Canadá, China, India, Indonesia, Bahasa y México, así como catorce filiales localizadas en Argentina, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica. Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y Perú.

Aunque la TNC presume ser una organización internacional sin fines de lucro, dedicada a la conservación de la biodiversidad y el medio natural, lo cierto es que esconde una faceta de injerencista que va más allá de la supuesta preocupación por la ecología y el medio ambiente.

La TNC recibe financiamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) y tiene conexiones estratégicas con diferentes organizaciones mexicanas y extranjeras: la Alianza México para la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación del Bosque (MREDD+), la Rainforest Alliance, la Woods Hole Research Center y Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable, entre otras.

En México, además de trabajar con estas ONGs, la TNC recibe apoyo de poderosos grupos empresariales, tanto nacionales como extranjeros. Algunos de sus “aliados estratégicos” son: The Latin American Water Funds, el World Resources Institute, la multinacional neoleonesa FEMSA, la franquicia de restaurantes de comida rápida estadounidense McDonald’s, la multinacional estadounidense PepsiCo, la agroalimentaria francesa Danone y la compañía Kimberly-Clark, presidida en México por Claudio X. González Laporte, padre del fundador de la organización civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

TCN Y SU DIRECTORA PROCEDENTE DEL BANCO MUNDIAL
La colombiana Paula Caballero es, desde noviembre de 2021, la directora general de la TCN en América Latina.

Es importante hacer notar que, antes de dirigir la TCN, Caballero trabajó en el World Resources Institute, como directora global del programa climático, y, poco antes, en el Banco Mundial, como directora senior de Práctica Global de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Previamente, Caballero se desempeñó como una alta funcionaria pública de Colombia: directora de Asuntos Económicos y Ambientales de la Cancillería de ese país.

 

LA TNC EN MÉXICO… SIRVIENDO A ALEMANIA
En México, desde hace tres años, la directora ejecutiva es Celia Elizabeth Pigueron Wirz.

No obstante, antes de dirigir la TNC en México, Pigueron Wirz trabajó por más de cuatro años (de noviembre de 2013 a marzo de 2018) para la Sociedad Alemana de Cooperación Internacional Alemana para el Desarrollo (GIZ), como asesora principal en el programa EcoValor Mx, tarea que, por lo demás, se trató de un encargo del Ministerio Federal Alemán.

Previamente, durante los sexenios de Felipe Calderón y EPN, Pigueron trabajó durante cinco años, de 2008 a 2013, como directora de Políticas de Adaptación de Cambio Climático en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Durante aquellos años, Pigueron se encargó de que floreciera una estrecha colaboración entre la Semarnat y la USAID.

Pero no era la primera vez que Pigueron había sido funcionaria en la Semarnat. Durante el sexenio de Ernesto Zedillo y el primer año de la administración del panista Vicente Fox, de 1995 a 2001, Celia estuvo trabajando en esa secretaria como directora de Áreas Naturales Protegidas Frontera Norte.

Y aunque en su currículo Celia omite abundar sobre su trayectoria y sus vínculos personales, se pudo constatar que la actual directora de la TNC trabajó bajo las órdenes del panista Ernesto Enkerlin Hoeflich, en la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP).

Cabe enfatizar que Hoeflich, quien actualmente es miembro de los consejos del Instituto Global para la Sostenibilidad (ITESM) y de la Fundación Coca-Cola, durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, fue precisamente el comisionado Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Eso podría explicar, en buena medida, por qué el exjefe de Pigueron se haya transformado en un crítico severo y recalcitrante del Tren Maya.

Y eso no es todo. Según la información que la misma Pigueron comparte en su perfil de LinkedIn, durante dos años, de 1992 a 1994, trabajó en la organización medioambiental estadounidense Conservation International (CI), elaborando informes para las fundaciones donantes, como McArthur, Packard, Rockefeller y empresas privadas como el Bank of America y Grupo Infra.

De acuerdo con sus propias palabras, durante ese tiempo, Pigueron representó a la Conservation International en un acuerdo de canje de deuda y administró una subvención de USAID.

Ahora bien, no hay que olvidar que la Conservation International (CI) ha recibido críticas constantes por mantener vínculos estrechos con empresas como BP, Cargill, Chevron, Monsanto y Shell.

La organización, por su parte, ha defendido su trabajo con el sector privado, argumentando que el cambio requiere trabajar con corporaciones que tienen grandes impactos ambientales.

AMBIENTALISMO QUE HUELE A INJERENCISMO

En su página de internet, la Nature Conservancy (TNC) se presenta como “una organización ambiental global, sin ánimos de lucro, que trabaja para crear un mundo en el que las personas y la naturaleza puedan prosperar”.

La organización asegura que su “misión es conservar las tierras y las aguas de las que depende toda la vida”.

Y aunque la TNC, cada determinado tiempo, emprende diferentes proyectos, como el recién anunciado Proyecto Comunidades Prósperas y Sostenibles, que afirma “que por los próximos cinco años fortalecerá a pequeños productores aumentando la resiliencia a los impactos del Cambio Climático en 350 mil hectáreas del sureste mexicano”, sus vínculos con las grandes multinacionales extranjeras y el financiamiento que recibe de la USAID levanta sospechas.

Pero, contra lo que podría creerse, el recelo sobre las labores medioambientalistas de la TNC no es de ahora. Desde varias décadas, The Nature Conservancy trabaja en México con diferentes organizaciones civiles que, debido a los intereses que mueven a sus integrantes, siempre han estado en el ojo del huracán. En 2008, por ejemplo, Transparencia Mexicana A.C. reportó haber trabajado en una “herramienta” denominada “Transparencia ambiental”, tal como puede constatarse en la página 10 de su Informe anual de labores correspondiente a ese año, donde Transparencia Mexicana confiesa el trabajo conjunto que realizó con la TNC y la USAID.

Es importante mencionar que la organización Transparencia Mexicana A.C, cuya presidenta es María Marván Laborde, exconsejera del desaparecido Instituto Federal Electoral (IFE) y excomisionada del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI), tiene, entre otros consejeros, a personajes como Sergio López Ayllón, exdirector del CIDE, Federico Reyes Heroles González Garza, editorialista del periódico Excélsior, a Jaqueline Peschard, excomisionada presidenta del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), así como a los presentadores de noticias Leonardo Curzio y Gabriela Warkentin.

Gracias a que ONGs, como la TNC, defienden propuestas de solución enmarcadas en los principios del modelo global industrial neoliberal, y aunado a que son las preferidas por el gobierno y los grandes empresarios a la hora de impulsar procesos de diálogo y certificación productiva, tanto nacionales como locales, hay voces que se han elevado para señalar que su cruzada medioambientalista no sólo es ilegítima, sino que obedece al gran capital.

No sólo en México ha recibido críticas severas. En Chile, la TNC ha sido señalada por certificar proyectos bastante polémicos: “Ahí están The Nature Conservancy y World Wildlife Fund luchando contra el calentamiento global, pero legitimando la construcción de represas que destruyen cuencas”.

Hasta octubre de 2016 el director ejecutivo de TNC en Chile fue Leonel Sierralta. Este sujeto, que se presenta como “experto en ecología forestal”, tiene un amplio currículum, donde puede observarse que ha prestado sus servicios de manera indistinta para las empresas privadas y las consultorías ambientales. En sus inicios, Sierralta trabajó para Shell en su área forestal y, poco después, en la Comisión Nacional del Medio Ambiente a mediados de los 90. De allí saltó a Gestión Ambiental Consultores (GAC), de Ricardo Katz, donde continuaron colaborado en la implementación de proyectos sumamente controvertidos.

En Chile, la crítica ha sido puntual y severa: “Uno de los problemas que subyace a la participación de estas organizaciones globales verdes en alianzas, diálogos y certificaciones de este tipo, es que se prestan tanto para la deslegitimación de las agrupaciones locales como para el lavado de imagen de sectores industriales (o de plano empresas) y el gobierno, en el marco del modelo de desarrollo extractivista. De esta forma pierde fuerza la oposición de las ONGs nacionales y de las propias comunidades de los territorios, que viven en carne propia procesos sin participación ciudadana real. De esta forma se validan intervenciones con múltiples impactos socioambientales locales. La máxima pareciera ser que si se cuenta con la venia de una multinacional verde, todo estaría bien”.

El mundo no tan verde de las multinacionales del medioambiente

En un reportaje aparecido en octubre de 2017, en el Centro de Investigación Periodística (CIPER), un medio digital de comunicación chileno dedicado al periodismo de investigación, apuntó: “Ahí están, nuevamente, The Nature Conservancy y World Wildlife Fund luchando contra el calentamiento global, pero legitimando la construcción de represas que destruyen cuencas, a través de su participación en el Foro de Evaluación de Sustentabilidad de la Hidroelectricidad, que impulsa un conglomerado de corporaciones hidroeléctricas y donde comparten asiento con los gobiernos de Noruega, Islandia y Alemania, además del Banco Mundial”.

Y justo esta es la organización con la que, el pasado 23 de febrero, el gobernador panista de Yucatán, Mauricio Vila Dosal, firmó un acuerdo para “implementar acciones para la conservación y protección de la Selva Maya, el segundo bosque tropical más grande del continente americano”.

La pregunta es: ¿qué tan benéfico es firmar un acuerdo con una polémica organización, como The Nature Conservancy (TNC), recibiendo apoyos de la USAID, un organismo injerencista, golpista y desestabilizador? Por lo pronto, el mismo 23 de febrero, la TNC, desde su cuenta de Twitter, la TCN ya celebró la alianza, diciendo que “no podemos perder el tesoro natural que es la selva maya”

Por Columnas

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