Objetivo: Desaparecer las mañaneras

Desaparecer la conferencia mañanera del presidente, ha sido una constante en el pensamiento y en la agenda de los grupos conservadores.
Este instrumento de comunicación diaria, dirigido a la población del país, ha sido la barrera que impide que las herramientas de propaganda y desinformación de los conservadores, puedan hacer mella en la sólida confianza que el pueblo de México otorga al presiente.
La conferencia de la mañana, fija invariablemente la agenda del día, en el sentido propuesto por el gobierno de la Cuarta Transformación.
No son los columnistas y editorialistas de los grandes medios, quienes deciden el tipo de información que debe correr por el país. El presidente López Obrador les quitó desde su llegada ese privilegio y eso molesta tanto a la prensa, como a los grupos opositores.
Hay que entender claramente la importancia de esta situación.

En el pasado neoliberal, los medios de comunicación jugaban un papel activo en lo que se refiere al tema político. Encumbraban a determinados personajes, no en base a los méritos y trayectoria de los mismos, sino basados en compromisos económicos y políticos establecidos. Del mismo modo, destruían la carrera de quienes eran adversarios políticos de la gente a la que estaban apoyando.
Fijaban la agenda diaria, destacando las actividades de los políticos y gobiernos que pagaban por sus servicios. Los millonarios contratos erogados por los gobiernos federal, estatal y municipal, están hoy a la vista de todos.
Quien pagaba bien, aparecía en las primeras planas de la prensa. Quien no contrataba publicidad en medios, era ignorado, aún si su trabajo era destacado.

La conferencia mañanera, al fijar la agenda política del día, limita mucho el poder de la prensa. Lo que habla la gente en las calles, está relacionado con lo que dijo el presidente ese día en su conferencia.

Los medios de comunicación se ven obligados a reaccionar a esa agenda, sin oportunidad de imponer la propia.
Resumiendo, podemos decir que durante el pasado neoliberal, los medios de comunicación jugaban un papel activo, donde su palabra era escuchada por el pueblo. En tiempos de la Cuarta Transformación, esos grandes medios observan una conducta reactiva. La conferencia mañanera llega directamente a la gente y la prensa reacciona a las palabras del presidente.
El presidente propone a diario. Los medios, comentan esas propuestas para bien, o para mal. No les queda de otra. La prensa perdió el sitio de privilegio que disfrutaba.

Esa imposibilidad para influir en la opinión pública, para fijar ideas colectivas que correspondan a sus intereses, molesta mucho a quienes antes formaban parte del pequeño círculo de privilegiados en el país.

Odian las conferencias mañaneras y han hecho todo lo posible por eliminarlas.
Hace unos días, una reportera de un medio conservador, preguntó al presidente si con motivo de la llegada del coronavirus y nuestro país, se había evaluado la posibilidad de suspender temporalmente la conferencia mañanera.
La respuesta del presidente fue inmediata y bastante simpática: “brincos dieran los conservadores porque así fuera”.
El día de ayer y hoy por la mañana, se presentaron una serie de incidentes particulares entre los reporteros que cubren la fuente presidencial en Palacio Nacional.
Una pregunta formulada por uno de estos reporteros, en el sentido de que la Unidad de Investigación Financiera de la Secretaría de Hacienda, pudiera iniciar una investigación sobre el financiamiento que reciben la marcha y el paro nacional feministas, programados para estos días, así como la activista Frida Guerrera, encendió la mecha.
Hubo reclamo de Frida Guerrera por esta petición y al final de la conferencia se dieron una serie de enfrentamientos entre distintos reporteros.

Hoy por la mañana, otra periodista acusó a un compañero de haberla amenazado e insultado.
López Obrador pidió calma y mesura a los reporteros de la fuente. Pidió respeto a todos. Profesionalismo.
La conferencia matutina no es la instancia para dirimir diferencias entre periodistas. Están todos ante una audiencia que desea enterarse de los asuntos de relevancia nacional y no de los pleitos y diferencias que puede tener un grupo de personas que acuden a la mañanera en su carácter de profesionales de la noticia y no de actores en un programa televisivo.
López Obrador fue claro el día de hoy, al señalar que si no es posible llevar una relación de respeto entre las diferentes visiones periodísticas y alguien se siente lastimado o agraviado, las instancias de denuncia son el camino a seguir. No el reclamo dentro de la conferencia informativa.

En realidad, a los ciudadanos poco les importa si Pepito trae problemas con Juanita, dentro o fuera de Palacio Nacional.
Apreciar en su verdadero valor la importancia de estas conferencias dentro del esquema de cambio que estamos viviendo, es importante.
No permitir que se desvirtúe su sentido original, es también competencia de todos.
Los grupos conservadores están a la espera de una oportunidad para exhibir a la conferencia mañanera como una actividad de propaganda política y no como ejercicio de información nacional.
Estas peticiones para que la mañanera se suspenda y estos pleitos personales entre reporteros, intentan abrir la vía para desacreditar al mecanismo informativo más democrático que hemos tenido en los últimos años.
En la mañanera participan reporteros de todos los medios de comunicación. Tanto conservadores, como de izquierda. Todos preguntan y a todos se da respuesta.

Lo que ve el público que asiste por cualquier vía a la conferencia mañanera, es el panorama real del país. Ahí se contrasta la visión conservadora, contra la actividad que realiza a diario el gobierno de la Cuarta Transformación.
Los reporteros de la prensa reaccionaria, preguntan defendiendo sus intereses de clase. Las respuestas del presidente, señalan las causas y motivos que definen la actividad del gobierno.
El hecho de que quienes asisten en calidad de reporteros a este ejercicio diario, no puedan mantener una actitud profesional dentro y fuera de Palacio Nacional, no debe entenderse como una deficiencia de la conferencia mañanera.
Los actores principales son quienes responden las preguntas formuladas y ahí siempre ha existido respeto y profesionalismo.
Son los actores secundarios, los reporteros (no todos, claro), quienes están fallando en este momento.
La mañanera no va a desaparecer, ni va a modificar su estructura. Al presidente le funciona. Al pueblo le funciona también, al ser en la actualidad el medio de información más confiable.

A quienes sí molesta, es a los conservadores, que darían cualquier cosa por desaparecerla.
Pero se van a quedar con las ganas. Hay mañanera para rato.

Malthus Gamba