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Es visto con mucha desconfianza por la sociedad mexicana, que apoya el proceso de transformación, impulsado por el presidente López Obrador.
Se le acusa continuamente de traidor en redes sociales.

Pocas posibilidades tiene en el momento actual, para conseguir la candidatura a la presidencia del país, representando los colores de Morena.
Su forma de hacer política, es vista por los jóvenes llenos de dinamismo y convicción, que militan o simpatizan con Morena, como una empolvada reliquia del pasado. Política lenta, de concesión mutua, en la que todos ganan un poco y nadie se lleva el pastel completo.

Ricardo Monreal es un animal político que conoce todos los recovecos que tiene el sistema de partidos y el aparato de gobierno. No hay mucho que puedan contarle y lo sorprenda.
Es tan avezado en esos temas, como lo es el presidente López Obrador. Pero con una diferencia significativa.
López Obrador juega limpio y con la cara al frente siempre. Monreal por el contrario, sabe esconder bien su plan de acción, para conseguir un buen resultado al final de la partida.
Monreal es de los fundadores de Morena. Ha estado con López Obrador en momentos difíciles y aunque con desencuentros por todos conocidos, se mueve en la Cámara de Senadores, como un operador más o menos productivo.

Sin embargo, su figura pública no es atrayente para el ciudadano de a pie.

En los momentos importantes, Monreal ha defendido posiciones políticas y administrativas, muy próximas a las que impulsa la derecha partidista.
Se ha rodeado de colaboradores de bajo perfil y con mucha ambición. Gente que presume una sólida formación de izquierda, mientras disfruta de un ritmo de vida al que el tristemente célebre Edgardo Buscaglia, denomina como de “izquierda caviar”.

El señalamiento que ha hecho recientemente, descalificando el uso de la etiqueta “Traidores a la Patria”, aplicado a los congresistas que votaron en contra de la Reforma Eléctrica, desata de nuevo la petición generalizada para que se le separe de inmediato de la coordinación de los senadores de Morena.

Hay muchos que piden, tal y como lo han hecho desde hace un buen tiempo, su expulsión del partido.

Pero Ricardo Monreal no ha cometido falta alguna, que justifique la aplicación de cualquiera de las dos sanciones señaladas. Monreal únicamente juega a la política, bajo las reglas que ésta permite.
Lo que al final coseche Ricardo Monreal, dará cuenta de su capacidad para leer correctamente los tiempos que vive México, dentro del proceso de Cuarta Transformación.
Para muchos, esa lectura y la estrategia que está armando, son equivocadas.

¿Cuál sería el plan de Ricardo Monreal rumbo al 2024, de acuerdo a lo visto hasta ahora?
Una fuerte posibilidad sería ésta:

Monreal prepara un plan “maquiavélico” para impulsar su proyecto personal, que puede dar al trate con el proceso de Cuarta Transformación.
Si vemos bien el énfasis de su campaña rumbo a la presidencia (ya están en marcha todas las precampañas), apreciaremos que el peso de sus declaraciones y acciones, se centra en una sola palabra: CONCILIACIÓN.

Monreal habla permanentemente del diálogo entre los distintos actores políticos y sociales del país, para alcanzar acuerdos de beneficio mutuo.
Un sofisma, un espejismo, una mentira, un engaño imposible de lograr.

Pero que funciona para ganar la confianza del sector conservador que hoy se encuentra en franca derrota.

La apuesta de Monreal, al parecer, es la de presentarse como la oferta política menos radical y más inclusiva. Un candidato que de llegar a la presidencia, tomará acciones donde los intereses de todos, serán respetados por igual. Sin importar la calidad o legitimidad de esos intereses.
Alguien que dejaría de “polarizar” al país y crearía el ambiente propicio para que todos tomen su rebanada de pastel. Sin importar tampoco si unos pocos se sirven mucho, mientras la mayoría solo alcanza lo sobrante.

Esa oferta que vende Monreal podría tener una intención poco honrada.

De ninguna manera piensa abandonar Morena, para competir por otra fuerza política. Al contrario.

Monreal estaría buscando el apoyo exterior, para lograr alcanzar la candidatura de Morena.

A los grupos reaccionarios, que hoy saben que tienen nulas oportunidades de conseguir un triunfo en la contienda presidencial del 2024, no les desagradaría que Morena fuera representado por un candidato que ofrece la palma de la paz. La garantía de que serán escuchados y atendidos por su gobierno.

Un presidente que de entrada y con toda seguridad, eliminaría las conferencias mañaneras que “Polarizan y dividen” a los mexicanos.

Un presidente con el que es posible alcanzar acuerdos que dejen satisfechos a los integrantes del grupo de corruptos del pasado.
Un presidente con el que los representantes del PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano, se sienten para definir la agenda pública.

Monreal poco puede en contra de las candidaturas de Claudia Sheinbaum, o Marcelo Ebrard. Ambos llevan una delantera insalvable para el senador.
Los ciudadanos de ningún modo van a cambiar de parecer de aquí, al tiempo de la elección de candidatos y la imagen de Monreal, en lugar de mejorar, se desgasta más.

Lo único que le queda al senador, es apostar al apoyo externo y al trabajo político dentro de la estructura de Morena, para “jalar” votos, operando dentro de las dirigencias estatales y municipales.

Recuerden que Monreal se opone al método de encuesta y quiere votación interna para definir candidato. En ese tipo de procesos, Monreal se mueve como pez en el agua.
¿Qué puede aportarle el apoyo externo?

Medios de comunicación abiertos para su campaña. Respaldo político en todo el país. Estructuras que pueden aprovecharse durante la precampaña.
Pero todo esto tiene un costo. Ninguna ayuda sería gratuita.

Ricardo Monreal apenas está en la primera etapa de su proyecto. No ha pasado a las acciones que más compromiso le generarían.

Debe pensar bien lo que está haciendo, porque en este momento, se convierte en la peor opción para Morena, para el Proyecto de Cuarta Transformación y para los ciudadanos conscientes que no han emprendido esta batalla por México, al lado del presidente López Obrador, para que después de seis años de trabajo, llegue un político “conciliador” a decir “aquí no ha pasado nada y todos somos tan amigos como siempre”.

Con su postura en favor de los vende patrias que dijeron NO a una Reforma Eléctrica que requiere el país, dejó en claro que no es el político que necesita México para dar continuidad a un proceso renovador.

Mientras el presidente López Obrador, el partido, el resto de los congresistas y el grueso del pueblo mexicano, se partían la m@dre para impulsar esa Reforma y para reprochar a los Traidores a la Patria su proceder, Ricardo Monreal prefería tomar café con todos ellos, brindar los primeros auxilios a estos traidores y abogar por ellos ante una sociedad que, evidentemente, no quiere escucharlo.

Monreal está plenamente identificado y si no cambia su posición, su discurso y su forma de hacer política para alcanzar la anhelada candidatura, va a recibir el mismo tratamiento que hoy se aplica a los congresistas que dijeron No a la Reforma Eléctrica.

La decisión está en sus manos.
Pero que tenga claro que su margen de acción es muy reducido y que el pueblo, hoy por hoy, no perdona.
Monreal no es continuidad. Es el tope que obliga al retroceso.

Malthus Gamba