Con la detención de José Manuel Del Río Virgen, secretario técnico en la Cámara de Senadores, por parte de las autoridades judiciales del estado de Veracruz, se desató un pandemónium que en el mejor de los casos huele muy mal.

La reacción inmediata, estridente de parte del senador Monreal y del líder de Movimiento Ciudadano, el senador Dante Delgado ante este hecho, se antojaba ya por sí misma como desproporcionada y poco explicable. En nuestro sistema judicial, cualquiera estamos sujetos a que se nos detenga si existe una orden de aprensión en nuestra contra; eso no quiere decir que seamos culpables, pero para demostrarlo se tiene que llevar a cabo un proceso.

Se supone que estos dos senadores tendrían que saberlo desde su posición política, que debería ser mesurada, respetable, podrían haber manifestado su sorpresa y su respaldo a que se lleve a cabo un proceso legal y transparente, para dictaminar la inocencia o culpabilidad del detenido, pero no fue así.

Su reacción se enmarcó en el pronunciamiento de declaraciones ofensivas y descalificaciones extremas hacia el gobierno del estado, en particular en contra del gobernador Cuitláhuac García. Nunca se acordaron de que Veracruz fue zona franca para los gobiernos criminales que lo mantuvieron sumido en la violencia y el saqueo, hasta que llegó el gobierno actual, que está tratando por todos los medios de limpiar el lodazal que dejaron los delincuentes que lo gobernaron.

Pero la cosa no terminó ahí. Estos sujetos convocaron a una comisión del Senado para intentar llevar a cabo la desaparición de poderes en ese estado. Es intrigante ver esta reacción que tendría como objetivo dejar en libertad a un presunto homicida amigo de ellos, pero no lo hicieron así con un gobernador cuyas pruebas lo ligan al crimen organizado desde el gobierno de Tamaulipas. Aún con la ciudadanía exigiéndoles que lo hicieran, se mantuvieron en una actitud tibia, evasiva para evitar destituir a un criminal y a su banda, que asolan a toda la población de una entidad federativa.

También resulta sorprendente que un senador pregonero de la necesidad de cambiar las cosas para que ya no sean como antes, que exige que el poder deje de utilizarse para privilegiar a delincuentes, se comporte de esta manera en cuanto la justicia alcanza a uno de sus allegados. Se le olvidó de golpe que nadie puede estar por encima de la ley; ahora pretende torcer no sólo la ley, sino hasta la estructura republicana para que no se juzgue a un presunto criminal.

Del líder del partido Movimiento Ciudadano, la actitud no nos sorprende, su historial no lo distingue por su honestidad, sin embargo, viniendo de un supuesto paladín de la transformación del país, como Monraeal, que incluso pretende ser candidato a la presidencia de la República, esto no solo nos deja asombrados, sino que resulta hasta sospechoso.

La Fiscalía del estado de Veracruz difícilmente se hubiera arriesgado a detener a un funcionario del senado si no tuviera pruebas sólidas para solicitar la orden de aprensión, así es que seguro las tiene. Lo increíble es que estos senadores tengan la reacción que vimos, sin conocer las evidencias, o tal vez su reacción deriva de que conocen mucho mejor el fondo del asunto, lo cual sería aún peor.

¿Qué están tratando de evitar en realidad? ¿La detención de un presunto delincuente que tiene la oportunidad de limpiar su nombre en un proceso judicial?, ¿O las consecuencias que alguien pueda sufrir si ese individuo dice lo que sabe durante el proceso? La reacción ha sido tan feroz y tan fuera de la lógica jurídica, que sólo puede derivar del miedo a que se sepa la verdad sobre el homicidio que se le imputa al detenido.

Como dijo el escritor alemán Ludwig Borne: “El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo”.

Por Erika