Estamos acostumbrados a escuchar historias de traidores y sabemos que esa falta grave es de las que causan más repulsión y rechazo en la gente.
Condenamos sin ninguna duda, claros ejemplos de traición que narra la historia, la tradición, la fe, o la cultura popular. Otros los aceptamos sin cuestionar.
Nadie pone en duda que Ignacio Elizondo es uno de los peores traidores en la historia mexicana, ya que haciéndose pasar por creyente y defensor de la independencia de México, lleva a Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo y Jiménez, hacia el norte del país, tomándolos prisioneros en Acatita de Baján. El fusilamiento de todos ellos, a excepción de Abasolo que se acoge al indulto realista, es producto de esa infamia.

La tradición dice que Miguel Miramón fue un traidor a la Patria, por haber defendido al emperador Maximiliano, en los últimos días de su efímero imperio. Sin embargo, queda el antecedente de que Miramón muere fusilado junto Tomás Mejía y el emperador austriaco, con entereza y reclamando únicamente el hecho de que la condena se dé por el delito de traición. Argumenta que efectivamente es y muere como conservador y que ha peleado defendiendo esa causa. Pero que no tuvo participación militar junto a las tropas francesas, mientras éstas estuvieron en territorio mexicano. Que lo fusilen, es lo de menos, pero no bajo la acusación de traición.

Zapata muere asesinado en la hacienda de Chinameca, al ser traicionado de la manera más vil, por el general Jesús María Guajardo, quien seguía órdenes del general Pablo González. Lo terrible del caso de Guajardo, aparte de la traición en sí misma, es que para demostrar su lealtad al zapatismo, no tiene empacho en fusilar a 50 hombres que hacia poco tiempo habían desertado del Ejército del Sur, para pasarse a las fuerzas constitucionalistas del carrancismo. Derramó sangre de sus correligionarios, para ganarse la confianza de Zapata.

Uno de los traidores por excelencia en la historia nacional, es Victoriano Huerta. Apresa y fusila el presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez. Asesina a congresistas con ligas familiares y de amistad con el maderismo. Pacta con la embajada de Estados Unidos el magnicidio y la inmediata toma del gobierno en el país. Y desata una guerra sangrienta, que bañará de sangre a la nación, por espacio de varios años.

La traición de Huerta fue repudiada por los mexicanos de aquel entonces, por la misma situación que hemos visto en los casos de Ignacio Elizondo y Jesús María Guajardo. Haberse hecho pasar durante algún tiempo, como uno más de los que defienden las justas causas del pueblo.

Judas, que es el traidor por antonomasia, traiciona por falta de fe y por el deseo de riqueza material. Consumado el hecho, se da cuenta del tamaño de su falta y arrepentido de tan vil acción, arroja las monedas recibidas y se quita la vida colgándose de la rama de un árbol.

Guajardo y Victoriano Huerta jamás se arrepentirán de sus faltas. Guajardo será derrotado y fusilado en 1920, al fracasar el levantamiento en contra de Adolfo de la Huerta. Victoriano Huerta morirá en 1916, de cirrosis hepática. Nunca manifestaron pesar su despreciable acción.

Hay de traidores a traidores por lo que podemos ver y la única posibilidad de frenar a tiempo este tipo de acciones, es estando alertas ante los primeros atisbos que delatan a quien se prepara a dar el golpe por la espalda.

Porque el traidor siempre ataca así. Cobardemente. Fingiendo ser parte de una causa que en realidad no le importa.

En este momento, hay evidencia de que entre quienes aspiran a ocupar la presidencia del país, una vez concluido el periodo presidencial de López Obrador, se preparan acciones que pueden ser consideradas como el preámbulo a una traición, en contra de la Cuarta Transformación. Y es uno de los candidatos “menores”, quién planifica esta acción.
El caso de Ricardo Monreal es preocupante por donde quiera que se le vea.

Monreal señala que ya tiene listo, o casi listo un “proyecto de nación” que ofrecerá a los ciudadanos mexicanos, como la vía para sacar adelante al país.

¿El senador no se ha dado cuenta de que estamos a la mitad de un Proyecto Nacional (ése sí con mayúsculas), que intentamos continuar y culminar?

¿De dónde saca la idea de que hace falta un nuevo proyecto, para democratizar al país?

Esa visión es cien por ciento reaccionaria.

Y más cuando nos habla de un “llamado a la unidad y a la reconciliación entre los distintos sectores sociales” ¿A sus 61 años de edad y después de tanto tiempo en la política, Monreal no se ha dado cuenta de que mientras exista una brecha de desigualdad tan pronunciada entre pocos ricos y millones de pobres, la unidad nacional es la farsa, la mentira que permite al opresor abusar del oprimido? ¿No se da cuenta de que está tratando de revivir el despreciable Pacto Por México?

Decir que con “diálogo y plática entre todos, podemos dar solución a todos los problemas”, es adoptar el discurso vacío de la clase conservadora, que lo que menos quiere es dialogar con un pueblo al que mira con desprecio.

Con esta postura, Monreal ya está trabajando en favor de la corrupción y los hace desde dentro de Morena.

El peor traidor, es el que entrega las llaves de casa al enemigo. Y al parecer, esa es la “estrategia” que piensa seguir Ricardo Monreal.

Presentar su proyecto “conciliador” en el que “cabemos todos”. Corruptos y gente honesta. Traficantes de influencias y empresarios que cumplen con sus obligaciones. Opositores a los que ha costado trabajo acorralar y arrebatar privilegios, junto a verdaderos demócratas que los han enfrentado por espacio de tres años.
Ese “proyecto nacional” es el mismo que maneja en forma abstracta la derecha fascista. No lo tiene escrito, pero lo utiliza como bandera. Un cuento “engaña bobos”, donde la “hermandad entre mexicanos” y el “fin de la polarización” son las piedras de toque.

¿Por qué ese discurso tan de derecha, por parte de Monreal?

Pues porque intenta que los grupos de poder conservadores, apuntales su campaña, al considera su “proyecto personal”, como la vía esperada para hacerse del control de Morena.
El PRI, PAN y PRD, están en vías de desaparecer. Costó trabajo conseguirlo, pero el pueblo los tiene al borde de la extinción.

Pero eso no sería importante, ni grave para los grupos reaccionarios, si consiguen que el próximo presidente, aplique medidas de “conciliación”, para frenar el avance de la Cuarta Transformación. Si Monreal consigue arrebatarle Morena al Pueblo.

Este fin de semana, vimos a los acólitos de Monreal, en especial a Gibrán Ramírez, lanzar los primeros dardos a la administración del presidente López Obrador, acusando al actual gobierno de “desentenderse de muertos y desaparecidos”. En su reclamo, quedan involucrados los demás aspirantes a ser candidatos a la presidencia por Morena y que son parte del equipo cercano al presidente López Obrador.
Además, Monreal no quiere que la definición del candidato se dé por el método de encuesta. Pide que sea el INE (aunque usted no lo crea), quien organice un proceso de elección primaria.
Monreal quiere “operar” con el INE, la oposición y los medios conservadores, su llegada a la presidencia.

Amarrado ese arreglo, la traición a Morena, a la Cuarta Transformación y al Pueblo de México, habrá quedado consumada.

Las cosas hay que señalarlas a tiempo, porque callar en estos casos, no es opción.

Si se comienza a ver una cargada en medios de comunicación en favor de Monreal. Si los políticos de la derecha aplauden “la profunda visión y la altura de miras de un Monreal conciliador” y si el INE difunde comunicados en donde respalda una elección primaria en Morena, tal y como lo está pidiendo Monreal, las pruebas de una traición anunciada, deberán encender focos de alarma, de inmediato.

Por lo pronto, sería bueno que los pocos que piensan respaldar la débil candidatura de Ricardo Monreal, evalúen el peligro que implica llevar a la presidencia a un personaje rodeado de pequeños ambiciosos, que lo ayudan en su juego de poder, en el que la presidencia, más que un espacio para servir al pueblo, se mira como la palanca para reactivar la vieja política neoliberal, que tanto daño ha causado a México.

De los tres buenos candidatos que tiene Morena, de acuerdo al criterio del presidente López Obrador, cualquiera haría un papel decoroso y daría continuidad al proyecto nacional de la Cuarta Transformación. Todo el respaldo al que salga ganador en la encuesta.

Con Monreal, ni a la esquina.

Está a un paso de entrar a la lista de traidores.

Malthus Gamba