México, el gigante despertó

Los casi 40 millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos tienen mucho tiempo ahí; si bien durante el período neoliberal aumentaron en 15 millones, todos sabíamos que ahí estaban trabajando y mandando dinero a sus familias en México. No es algo de lo que nos hayamos enterado ahora.

También sabemos hace años que México era uno de los 3 o 4 socios comerciales más importantes de los Estados Unidos, aunque ahora se ha colocado como el principal de ellos por encima del Reino Unido, Canadá y China.

Por otro lado, de alguna manera también sabíamos que en México hay una mano de obra mayoritariamente joven, toda valiosa y que nuestra población es trabajadora y entusiasta, contando con una enorme reserva de valores culturales, morales y espirituales que los gobiernos podridos de antes se empeñaron en destruir, ignorando y saqueando a más de 100 millones de habitantes a su antojo.

Otra cosa de la que estábamos más o menos conscientes, era del enorme potencial que representan los recursos humanos y naturales de América Latina, abusados por las potencias del norte a través de mecanismos viciosos como la OEA, donde los países se veían obligados a actuar y negociar individualmente en gran desigualdad de circunstancias.

Todas estas fuerzas existían por su lado, sin ser valoradas en su dimensión potencial, mientras los gobernantes corruptos, ineptos y voraces se concentraban en hacer negocios para un grupito de oligarcas, cobrando unos cuantos cacahuates a cambio, mientras favorecían una orgía de saqueo y exterminio.

A partir de la llegada de la 4ª Transformación cada uno de estos 4 factores ha ido cobrando visibilidad y relevancia en nuestra percepción; como dirían los publicistas, han ganado posicionamiento y su potencial está siendo valorado en toda su magnitud.

Hoy sabemos que los paisanos migrantes en los Estados Unidos, que generan el 9% del PIB de ese país, son responsables del 10% del consumo estadounidense, dueños de una de cada 4 empresas de construcción ubicadas en ese territorio, envían a México alrededor de un billón de pesos anuales, que es la partida de ingresos más alta que recibe el país del extranjero; por encima del petróleo y el turismo. Lo mejor del asunto es que este valiosísimo grupo de compatriotas, hoy está orgulloso de sus raíces mexicanas y se siente valorado de este lado de la frontera. Sienten ya que son una fuerza mexicana poderosa y necesaria para el avance del país.

Hoy también sabemos que no estamos dejando a nadie atrás de este lado de la frontera. Que tenemos programas sociales y productivos incluyentes, que toman en consideración el valor y el potencial de todos; de los 126 millones de mexicanos que hemos podido quedarnos a trabajar aquí; que con nuestro esfuerzo y empuje colectivo, vamos a potenciar con fuerza nuestra economía y a impulsar el desarrollo de la economía regional de América completa, por el bienestar de todos.

La cohesión entre todas estas fortalezas, que antes flotaban inconexas, la está consiguiendo una visión apoyada en el proyecto de la 4ª Transformación de México, encarnada en la persona del presidente López Obrador, quien está dejándonos las bases estructurales necesarias para seguir con este trabajo en el futuro, como sociedad consciente. Este es el catalizador que nos permitirá aplicar el potencial de nuestras fortalezas juntas para generar las oportunidades que nos darán bienestar a todos.

Como dijo el libertador de América, Simón Bolívar: “La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino”.