Marko Cortés, un fiasco como liderazgo del PAN

Por: @JAVIER65867641

Desde hace muchos años no observaba a una figura tan blandengue como Marko Cortés. Las perspectivas contemporáneas al dirigente del PAN, en realidad se visualizaban limitadas, dado que su llegada, nace a raíz de dos consecuencias sustanciales. La primera, porque el PAN se encontraba atrapado en una gradual decadencia por la sacudida que recibieron a manos de Morena y, del presidente Andrés Manuel López Obrador. Asimismo, debido a la vulnerabilidad que atravesaba el partido; por ello, Cortés encontró resonancia y supo capitalizar la cercanía con Ricardo Anaya para operar en el interior del seno blanquiazul su arribo, no por origen que fuese el mejor, pero sí el más oportunista.

En la encrucijada que se situaba el PAN, se requería una figura predominante, que acortará velozmente la desgastada elección que había propiciado Anaya; la tarea de ese enorme derrumbe y sacudida como resultado de los comicios del 2018, surgió a través de confrontaciones y, de acuerdos para la formación de una oposición fuerte, dominante y capaz de resarcir rápidamente la perdida de espacios en el legislativo, y en algunos Estados donde habían configurado un bastión sustancial. Sin embargo, la desconfianza de la ciudadanía, señalan que hay un cansancio que insiste en recobrar el costo político que frenó el avance de las políticas públicas y las expectativas de crecimiento económico.

Independientemente de que el actual mandatario del PAN quiera recobrar el impulso para capitalizar a una sociedad que en un lenguaje político, abrazan el bosquejo de la 4T: no se mira por donde Marko cortés pueda cicatrizar la ruptura y fragmentación con diversos sectores; y peor aún, existe una corriente de opinión que actualmente fundamenta que la dirigencia que encabeza el michoacano, no ha tenido la oportunidad ni siquiera de meter las manos hacia la ciudadanía y a los temas que tienen injerencia en la agenda pública. De hecho, ya muchos actores dentro del mismo panismo, han cuestionado severamente que el máximo líder, no ha podido resolver, ni ser propositivo a fin de formular una oposición sólida, que sea suficientemente capaz de relanzar un proyecto que en términos políticos se ha ido apagando poco a poco. Derivado de ello, piden su renuncia por la incapacidad que sucumbe en una plataforma endeble; esa gravedad ha preocupado a ciertos cuadros de Acción Nacional, quienes argumentan que se ha agudizado exponencialmente una crisis en el CEN desde el arribo de Marko. (Es cierto)

Marko Cortés ha sido una mala apuesta a la enorme tarea desafiante que tiene su partido. Desde mi concepción, el dirigente nacional del PAN, no es más que la emulación de un Ricardo Anaya; se adueña prácticamente de los espacios mediáticos y publicitarios para poder destacar en el escenario y clima político; es difícil que Cortés logre amalgamar una convergencia de una naturaleza que pueda competir a Morena y, sobre todo al rostro visible de Andrés Manuel López Obrador. En primera no es suficiente toda la guerra sucia y de desprestigio que han tratado de sembrarle al presidente; plantean una coalición y una movilización social, cuando ni siquiera tienen fuerza de convocatoria y desplazamiento ciudadano; no hay, o al menos no existe ahora, un personaje con una trayectoria intachable y honesta que pudiera construir un referente que encabecé un proyecto; y por último, cada vez se alejan de la confianza colectiva porque cargan con la histórica irresponsabilidad de haber perpetuado gobiernos mediocres, corruptos y fallidos como el de Vicente Fox y Felipe Calderón.

Eso por supuesto que recae en la responsabilidad que ha podido alimentar Marko Cortés, quien repito: no ha podio encontrar la madeja a fin de formular un frente al dominante rostro de Andrés Manuel López Obrador. Pero, lo más preocupante hacia el actual dirigente, radica en las tendencias e inclinaciones que existen para las elecciones intermedias del 2021, donde se renovaran varios Estados, incluyendo el Congreso Federal. Inicialmente, lo sondeos y ejercicios han arrojado que Morena sería el gran ganador en la totalidad de territorios, y de igual forma, arrasará nuevamente con mayoría parlamentaria en los distritos en dirección a integrar una nueva legislatura.

Si nos remontamos a las elecciones del 2018, consideramos que es enigmático y difícil que la columna opositora remonte aquella avalancha que fue equivalente a más de 30 millones de votos. Histórico, puesto que logró ser la votación abrumadora y, un porcentaje que dio amplio margen de legitimidad de la sociedad al ejecutivo federal. Eso colapsó totalmente a un bloque de partidos que, por razones obvias, fueron indudablemente arrollados; en impensable que ese clima no se repita en el 2021, porque la tendencia y los grandes desaciertos de una oposición sombría, no capta ni abre la brecha de respaldo de una ciudadanía que muestra justificadamente su rechazo y animadversión por estos institutos.
Algunos sostienen que la silueta de Marko ha florecido a un panismo sumergido y desbaratado por una expresión que de la efervescencia han pasado a los elementos centrales que arrastran la desconfianza, los errores, la fabricación, la mentira y una errónea estrategia que solo muestra las contradicciones ideológicas entre el modelo conservador y democrático. Eso ha demostrado Cortés: ser una imagen que no tiene alcance; no ha jalado esa demanda de los grupos disidentes; asimismo, no posee elocuencia, y otro aspecto decisivo, es que no goza de mucha simpatía porque su personalidad refleja e irradia una narcisismo y envanecimiento que han sido incapaz de mover o tambalear el esquema del presidente.

Hay muchísimas discrepancias con el mandatario del PAN. A diferencia de otros, muestra distintas limitaciones y tacto político, considerando que Ricardo Anaya era un joven “brillante” que supo ser contundente para despedazar media estructura y apoderarse de la candidatura. Entre ellos, hay una disparidad abismal; a pesar de que los dos son ambiciosos, Ricardo sabe debatir y Marko no; Anaya tiene una capacidad de oratoria y discurso afinado, y Cortés improvisa con una voz que hasta cierto punto me parece fingida; el primero ganó la mayoría de Estados en disputa cuando fue presidente; y el segundo, terminará desgastando al partido, porque parten con pocas posibilidades a excepción de Querétaro.

Tomando en cuenta lo anterior, y partiendo de la premisa de que muchos militantes y figuras del panismo muestran su rechazo al presidente de Acción Nacional, la naturaleza real y viable es que el 2021, Marko Cortés deje de ser el líder y pasará a la sombra política como uno de los peores dirigentes de la historia del PAN. De eso, estoy prácticamente seguro.

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