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En la opinión de Elí González
@calacuayoMX @eligonzalezhz

Denise Dresser es promotora de la ignorancia, del engaño; vocera de los que perdieron privilegios y quieren recuperarlo a como dé lugar. Su subordinación al mercado no es otra cosa que la promoción de la reivindicación del neoliberalismo y su planteamiento de que no hay otra izquierda con posibilidad de éxito electoral que una socialdemocracia que asuma al mercado. Esto no es otra cosa que la defensa a la ultranza.

Dresser busca engañar a la población, haciéndole creer que por ser académica, es imparcial en sus actos contra el obradorismo. Sin embargo, como dijera Fernandez Noroña, cualquier estudiante de tercer semestre de ciencias sociales sabe perfectamente que en esta materia no hay imparcialidad y que todo intelectual asume una posición política en la sociedad a la que pertenece. Denise tiene clara su postura política de derecha.

Quiere hacernos creer que es una mujer que lucha por las izquierdas, pero siempre aseguró que bajo ninguna circunstancia votaría por López Obrador. Se indigna que el presidente utilice los autos oficiales reclamando un derroche de recursos, mientras ella cobra más de 150 mil pesos por una hora de charla para engañar a los jóvenes. Ella quiere una “izquierda” que ejerza un gobierno neoliberal como el que los gobiernos del PRI y el PAN instauraron al ocupar la presidencia de la República.

Al hacer equivalente la acción política de todos los partidos y de todos los políticos, desinforma, esconde a los verdaderos responsables del desastre nacional y promueve el desaliento ciudadano y el nulo compromiso político. El puro hecho de igualar a todos los políticos, es además de un análisis pedestre e insultante, un diagnóstico que ni un analfabeta le daría credibilidad.

La politóloga no está molesta con las políticas públicas del presidente López Obrador, está molesta porque ya no puede cobrar 150 mil pesos por una conferencia en universidades públicas, su enojo es porque ya no puede sangrar el erario con esos actos de corrupción que recibía como pago a servicios prestados al sistema político, económico y social al que siempre sirvió.

La señora Denise promueve una posición que ella define como socialdemócrata y que no es otra cosa que una validación de la política económica neoliberal que desde el gobierno de Salinas se impuso en México para desgracia de nuestro pueblo. Misma que que exige regrese para seguir siendo beneficiada del modelito.

Al afirmar que la socialdemocracia es una posición de izquierda plantea una aberración académica increíble para alguien que tiene un doctorado en el área de las ciencias sociales.
Pero lo más grave sin duda, es que la señora Dresser se asume como una combatiente irreductible de la corrupción, cuando ella es producto de la misma. Muchos años disfrutó las mieles de la corrupción y ahora, la extraña.

La señora Dresser asegura que todos los partidos y todos los políticos son iguales. Equiparando al partido en el poder quien siendo oposición luchaba por defender los derechos del pueblo y el patrimonio nacional; impulsando la transformación del país, con quienes siendo ahora oposición cuando estaban en el poder, robaban, asesinaban, reprimían, generaban desapariciones forzadas y diversos crímenes de estado; remataban el patrimonio nacional, mintiendo, enriqueciéndose y envileciendo las instituciones de la República. Una infame comparación.

Denise Dresser se ha pasado insultado la inteligencia del puedo en los últimos 4 años. Y cuando sale a la calle y la población la increpa por sus ataques, se siente la víctima y se abraza de las instituciones corruptas que nunca han defendido al pueblo de los ataques de ella. La señora es una vergüenza para los que si luchan por ideales y no por dinero.

El día que fue sacada de la protesta, fue el día que le dieron su primer baño de realidad. La gente de a pie la detesta, por atacar a quien defiende a los más necesitados. La gente prefiere un presidente que apoya a las clases vulnerables, y Denise Dresser quiere un gobierno que le siga regalando 150 mil pesos por engañar s los jóvenes universitarios.

Las mayorías no aceptan opiniones de intelectuales corruptos que atacan al primer gobierno que trabaja por todos los mexicanos. México detesta a los intelectuales que defienden a los gobiernos anteriores que trabajaban por un pequeño grupo de ladrones, donde ese grupo de intelectualoides eran parte.

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Por Columnas

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