En el pasado se transmitía un programa de radio llamado La Tremenda Corte, en el que participaban un juez, un secretario, otros dos o tres personajes que servían de excusa para que el juez condenara a un raterillo pícaro, amigo de ladrones y maleantes llamado Tres Patines, después de haber presentado una serie de argumentos ridículos e incoherentes para intentar defenderse.

Hoy en México la Suprema Corte de Justicia ha sufrido una invasión de Tres Patines, a quienes se les ha colocado una toga como si fueran jueces y estos raterillos pícaros, amigos de ladrones y maleantes, emiten resoluciones basadas en argumentos ridículos e incoherentes, a fin de proteger a sus amigos delincuentes.

Estos simuladores pomposos y fanfarrones, que deberían estar ocupados en combatir la corrupción que campea entre los demás juecesillos en todo el país, que a cambio de dinero están dejando libres a narcotraficantes, huachicoleros, multihomicidas y demás lumpen de la sociedad, deciden dedicarse a hacer lo mismo para dictaminar de un plumazo que no habrá prisión preventiva oficiosa para ladrones de cuello blanco, que saquean al erario comprando y vendiendo facturas falsas, metiendo contrabando, defraudando al fisco o coludiéndose para delinquir.

Lo que es aún peor, es que para emitir su resolución vergonzosa se atrevieron a modificar la Constitución Política del país, lo cual es una facultad exclusiva del Poder Legislativo, usurpando las funciones de este último, violando la misma Constitución y dando un golpe de estado legaloide a la estructura política de la República.

No les importó exhibirse como lo que son, unos farsantes que mantienen relaciones de complicidad con los delincuentes, a quienes en última instancia deciden proteger para que sigan delinquiendo a placer. Cuando se trata de dinero no hay argumento que valga para ellos; deciden torcer la ley más allá de cualquier límite, con tal de mantener funcionando la maquinaria de la corrupción de la que se benefician.

No se conforman con ganar 2 o 3 veces más lo que les permite la Constitución; actuando como taxistas piratas o dueños de congales de mala muerte, trabajan amparados para que no les bajen el sueldo o les limiten los privilegios mal habidos con los que los han sobornado los gobiernos corruptos en el pasado.

Se esmeran en comportarse como delincuentes comunes disfrazados con atuendos respetables, lenguaje rimbombante y expresiones grandilocuentes, que les dan una apariencia de importancia injustificada, representando de la peor manera a uno de los tres poderes de la Unión.

Toda esta parafernalia solamente respalda un disfraz que les permite parecer lo que no son e intenta ubicarlos en un contexto distinto al de los delincuentes comunes, a pesar de que sus actos los equiparan con ellos.

Parece que los mexicanos vamos a tener que encontrar la forma de llevar a cabo una reforma judicial que termine por destituir a esta caterva de criminales disfrazados de ministros, para colocar ahí a otros que sean elegidos por votación de la mayoría de los ciudadanos, que podamos sustituir en caso de que comiencen a comportarse como los actuales, que no entienden cuál es su trabajo y que no tienen la estatura para comportarse con la dignidad que merece la representación de uno de los tres poderes de la República en medio de un proceso de cambio profundo de las instituciones.

Validaron la naturaleza extractiva y perniciosa de ese poder como institución anacrónica, que solo sirve a los intereses de quienes han saqueado al país, quedando como una asignatura pendiente de resolver para la ciudadanía, que en última instancia es la que les paga sus sueldos exorbitantes y los tiene como princesas consentidas en la opulencia, mientras traicionan cínicamente a quienes los mantenemos.

Como dijo el poeta italiano Fancesco Petrarca: “Todo el mal que puede desplegarse en el mundo se esconde en un nido de traidores”.

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Por Erika