Sindicato Mexicano De Electricistas

Los enemigos de México

Hemos sido testigos del profundo amor a México de innumerables hombres y mujeres de gran valor, auténticos héroes vivientes que arriesgan sus vidas diariamente con la única recompensa del bien común. Todos los trabajadores del sector salud que enfrentan la pandemia con valentía y a pesar de su fundado temor; soldados y marinos que no solamente apoyan al sector salud aportando personal, infraestructura y equipos, sino que además continúan enfrentando al crimen en su encargo de serenar al país.

Pero desafortunadamente existe un grupúsculo de gusarapos apátridas que se confabulan para boicotear todo lo que signifique poner un alto a sus rapacerías, sin importarles en absoluto el daño que puedan causar al país y a sus ciudadanos.

Personajes como la diputada Laura Rojas, quien utiliza un lenguaje de descalificación e insulto para luego, hipócritamente llamar a la unidad y fin del divisionismo que ella misma provoca. Una diputada escondida detrás del fuero que incita y quizá hasta fomenta las manifestaciones violentas, vandálicas y destructivas de malandrines disfrazados de supuestos “anarquistas” o “feministas”.

Comunicadores venidos a menos, que han perdido credibilidad y hasta cordura debido a su evidente ineptitud y nulo profesionalismo, que con sobrada soberbia culpan a la transformación del fracaso construido por ellos mismos. Prófugos del palangrismo, damnificados por el alto a la prebenda, ahora despotrican contra quien llegó a poner orden. Así los Ferríz – padre e hijo-, los Krause –padre e hijo-, los auto exiliados Carlos Loret y Víctor Trujillo, Pablo Hiriart, Ricardo Alemán, Raymundo Rivapalacio y varios otros que por primera vez en sus vidas profesionales tendrían que servir a las audiencias y no al amo en turno, se encuentran extraviados al no saber cómo hacer un periodismo serio y sólo atinan a vociferar, difundir noticias falsas o crear chismes y montajes.

Se agregan pseudo empresarios convertidos en magnates por un sistema corrupto que privilegiaba la componenda y el tráfico de influencias, personajes que se autonombran “personas de negocios” queriendo convencernos de que obtuvieron su posición por méritos propios y de forma honesta, pero que en realidad no tienen idea de cómo competir en un mercado donde la igualdad de condiciones sea la norma y el amiguismo o compadrazgo no signifique nada. Líderes empresariales como Gustavo de Hoyos, cuyo odio lo lleva a cometer un acto de traición moral a la patria, suplicando servilmente y de manera sumisa la intervención de nada menos que una monarquía que nos sacudimos hace más de dos siglos. O como Pedro Luis Martín Bringas, socio de Soriana que implora la intervención del imperio más intrusivo de nuestro tiempo, sólo porque no quiere pagar impuestos.

Mención aparte son los casos de Claudio X. González y Gilberto Lozano, individuos especialmente nocivos. El primero utiliza su capacidad económica y posición privilegiada para mantener varias supuestas organizaciones de la sociedad civil que pervierten el activismo y chantajean al gobierno con el fin de impulsar su propia agenda contraria al bienestar de la mayoría, pero altamente redituable para él. Comprando plumas, voluntades y consciencias pretende descarrilar la cuarta transformación.

Finalmente tenemos a Gilberto Lozano cuya grandilocuencia, estridencia y lenguaje belicista y grosero encuentra eco en informadores susceptibles y frenasténicos para engañar a personas pobremente informadas. Cual si fuere un mal conferencista de cursos baratos de autoayuda, Lozano utiliza un discurso básico, destinado a las emociones primarias borrando todo rasgo de raciocinio, apelando a miedos vagos, etéreos, incrustados históricamente por los regímenes autoritarios del pasado en un sector de la clase media más influenciable, temerosa y poco ilustrada.

Sí, los golpistas están organizados y tienen un plan, no importa que se deslinden o lo nieguen categóricamente, lo vemos en su nado sincronizado, en su constante ataque legal, en su permanente propaganda difundida por los medios tradicionales. Ignorarlos los envalentona y, al no escuchar una narrativa diferente, pueden ganar terreno entre la población.

¡El adversario no desaparece porque cerremos los ojos, a éste se le enfrenta, confronta y desmiente!