En las economías abiertas como la nuestra, la función principal de los gobiernos es proporcionar condiciones favorables para que la inversión privada se lleve a cabo con piso parejo, orientándose a la realización de proyectos lucrativos que representen utilidades razonables para los inversionistas y beneficios para la comunidad, generando empleos de buena calidad, bien remunerados, así como pagando los impuestos que les corresponden.

En este sentido, hoy los proyectos de infraestructura más relevantes del gobierno mexicano, son el corredor interoceánico del istmo de Tehuantepec y el Tren Maya, cuyo objetivo económico fundamental es detonar la inversión privada a su alrededor.

Contrariamente a lo que quieren hacernos creer los oligarcas y sus voceros, la función del gobierno no es crear condiciones de privilegio a favor de unos cuantos traficantes de influencias, permitiéndoles saquear al país, en perjuicio de los verdaderos empresarios y del resto de los habitantes.

También al revés de lo que nos dicen, estos proyectos del gobierno, así como las nuevas condiciones de piso parejo y estado de derecho, están convirtiéndose en un imán poderoso para que los empresarios de verdad decidan invertir seriamente, a largo plazo en proyectos de capital privado más interesados en hacer negocios sólidos con verdadera responsabilidad social corporativa.

Así lo demuestra, por ejemplo, la inversión de 3 mil millones de dólares en capital privado que está programada para el desarrollo del autódromo de la Riviera Maya, que se comenzará a construir este mismo año y se inaugurará en noviembre de 2025.

Se trata de un proyecto de clase mundial con un circuito de carreras diseñado para la Fórmula 1, que superará el nivel de las mejor calificadas, como las de Dubai y Catar. Contará con una pista de 9 kms., cuya construcción estará a cargo de los técnicos de la Federación Internacional de Automovilismo con capacidad para 150 mil espectadores, además de que recibirá eventos automovilísticos de Nascar y otras categorías del automovilismo mundial.

Contará con 2 hoteles de 5 diamantes y 120 habitaciones cada uno, un centro de convenciones, un gran centro de espectáculos para recibir artistas en eventos de clase mundial, centros comerciales, un centro de eventos dedicado a la cultura Maya, un hipódromo, un campo de golf de 18 hoyos y un buen número de amenidades adicionales dentro de un complejo de 500 hectáreas a orilla del mar, en la zona conocida como Puerto Aventuras de la Riviera Maya.

En su fase de desarrollo dará empleo directo a 8 mil trabajadores y una vez que esté terminado se crearán 2,500 empleos permanentes bien remunerados, con las prestaciones de ley y otras adicionales. Además El Grupo Constructor, que es la empresa realizadora del proyecto, donará viviendas y escuelas en la zona.

El gobierno federal facilitará el acceso a este proyecto construyendo las vialidades internas y una estación del Tren Maya exactamente ahí, en Puerto Aventuras, para que los visitantes que llegarán de todo el mundo a los eventos, lo hagan de manera fácil y cómoda.

Este es solamente uno de los proyectos que aterrizarán alrededor del Tren Maya, que dejará una derrama inicial de 60 mil millones de pesos con 8 mil empleos directos, promovido por verdaderos empresarios, que gradualmente irán desplazando a la generación de parásitos saqueadores que teníamos en este país.

Así es que no debemos dejarnos engañar cuando los voceros alquilados nos dicen que estamos ahuyentando la inversión privada. Más bien estamos desterrando a la minoría rapaz, para sustituirla con inversiones de empresarios reales.

Como dijo el escritor suizo de origen alemán Herman Hesse: “Cuando se teme a alguien, es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros”.

Por Erika