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Las jerarquías existen fuera de las fuerzas armadas, aunque la falta de uniforme reglamentario haga más difícil distinguirlas.

El capitalismo tiene formas de conducta muy semejantes a las que apreciamos en cualquier ejército regular. Hay mando, grados, clases y tropa que ejecutan la instrucción que llega desde arriba, usando su criterio personal en menor medida, de acuerdo al descendente nivel jerárquico.

Mientras gobernaron los conservadores en el país, pudimos ver un poder presidencial todopoderoso que, emanando del primer mandatario, se extendía y ramificaba a lo largo y ancho del país. Los secretarios de Estado, diputados y senadores, así como ministros, magistrados y juzgadores, ponían empeño para que la instrucción llegada desde “lo más alto”, aterrizara sin contratiempos a nivel del pueblo.

Igual hacía cada gobernador en su respectivo Estado.

La máxima que afirma que “para saber mandar, primero hay que saber obedecer”, era regla de oro en la clase política gobernante. Todo iniciado en el arte de la política, comenzaba su carrera como súbdito obediente de poderes superiores. “Las órdenes no se discuten: se acatan” era otra de las normas básicas que no debe romper el aprendiz de corrupto.

Porque esa inflexibilidad en la observancia de la cadena de mando, da por resultado que si la cabeza es corrupta, tal y como sucedió con todos los mandatarios neoliberales, los demás escalones políticos tienen por fuerza que ser corruptos también.

Corruptos por complicidad, por omisión o encubrimiento.

Los empresarios y sus colaboradores siguen el mismo mecanismo jerárquico que hemos visto en la política.

Los propietarios que evaden impuestos, necesitan contadores y abogados colaboradores, para crear una estructura delictiva que burle al fisco. Y si el patrón es corrupto, la gente que lo respalda participa necesariamente en prácticas que deben ser consideradas como delitos. Pero lo más importante: son faltas que ponen de manifiesto la carencia de profesionalismo, ética y valores personales, de quienes se avienen a ser parte de la estructura del delicto.
Luego entonces, podemos ver que en el campo conservador, existe la idea básica de que la palabra del “jefe”, del ”líder”, o del “superior inmediato”, es irrefutable.

Se pide obediencia ciega, como norma de conducta en todos los casos.

Lo anterior tiene que ver con una situación de suma importancia para el país y que se relaciona con esa conducta de obediencia ciega, que profesan los diputados y senadores reaccionarios.

Hay un claro contraste entre quienes militan o simpatizan con los partidos políticos de la izquierda y los que forman parte del bloque opositor que controla Claudio X González.

Dentro del Partido Movimiento que es Morena, hay posiciones, voces y manifestaciones, que no necesariamente caminan por la misma ruta.
Hemos visto críticas severas en contra de Ricardo Monreal, nacidas al interior del mismo Partido. Voces que reclaman a Porfirio Muñoz Ledo conductas que no son compartidas por un amplio sector de la militancia en Morena.

Gibrán Ramírez ha merecido severas críticas por su conducta alejada a la línea que defiende la mayoría morenista. Lo mismo sucede con John Ackerman, con el gobernador Miguel Barbosa y varios más.

Algunos ven al diputado Gerardo Fernández Noroña como un activo de calidad dentro de la estructura del movimiento de Cuarta Transformación y otros no desean que se le toma en cuenta, dentro del proceso de sucesión rumbo al 2024.

Hay un bloque que apoya desde ahora, la precandidatura a la presidencia de Claudia Sheinbaum. Otros desean que el candidato sea Marcelo Ebrard y hace poco nació una tendencia militante que vería con buenos ojos la participación de Adán Augusto López Hernández en la competencia.

No hay línea única dentro de Morena. Hay una Plan Nacional que se sigue desde el inicio del gobierno del presidente López Obrador, pero el margen de participación, es bastante amplio. Cabemos todos en ese trabajo de reconstrucción del país. Las visiones personales o de grupo, no limitan ni obstaculizan el trabajo coordinado de todos los participantes.

A nadie se expulsa del Partido por pensar de manera distinta. Los tránsfugas, los traidores a la causa del pueblo, se han ido por decisión y voluntad propia.
Las puertas de la Cuarta Transformación, son de una amplitud evidente y no se cierran a nadie.

En el lado conservador, podemos ver que la amplitud de visiones y propuestas políticas, es sumamente limitada, o no existe.

Claudio X González y demás empresarios que sostienen financieramente al grupo político opositor, están jerárquicamente, por encima de todo presidente de Partido.
Marko Cortés, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano, son los responsables de velar por los intereses empresariales, nacionales y extranjeros, de los dueños del dinero.

Si en este momento la orden de Claudio X González, los cabilderos de Iberdrola y otras empresas, es detener a toda costa la Reforma Eléctrica, los presidentes de los tres partidos nombrados, lo van a intentar.

Aún a costa de sacrificar sus carreras políticas y ambiciones personales.

La obediencia ciega, el actuar bajo la promesa de pago inmediato o a corto plazo, los hace asumir el costo que sea.

Sus subordinados, diputados y senadores del tricolor y del partido azul, van con los ojos cerrados, pero con toda la disciplina que se les exige, a una cruzada que tiene como fin, poner en manos extranjeras la generación y venta de energía eléctrica en el país.

Esa conducta de docilidad, de servilismo extremo, de obediencia ciega y sumisión, les cierra de golpe todas las puertas para un cargo de representación popular en el futuro.

Es evidente para todos, que la mayor parte de los mexicanos está por la aprobación de una Reforma Eléctrica, que evita se repita en México el desastre que hemos visto crecer y explotar en España. Todo por ser enteramente dependientes de empresas privadas en el sector energético.

Salga o no salga aprobada la Reforma Eléctrica, quedará el precedente de que priistas, panistas y perredistas, son el rebaño dócil y sumiso que se dobló y arrodilló ante poderes económicos nacionales y extranjeros.

A esa actitud que no pasa de ser el acatamiento del soldado a la orden superior, lo llaman Claudio X González y los jefes de Partido, “defensa del interés ciudadano”.

Mientras que los ciudadanos que ya no pueden ser engañados, llaman a este ejército de corruptos, Traidores a la Patria.
Si esas ratas que piensan votar en contra de los mexicanos, no rectifican, van a quedar atoradas y señaladas, dentro de una trampa que tenía salida clara, pero que ellos ignoraron por amor al sebo que les ofrecieron sus jefes máximos.

El domingo siguiente conoceremos el desenlace que tiene esta lucha de leales a su país, en contra de los autómatas que solo saben seguir órdenes y dejan claro su desmesurado amor por los beneficios en metálico.

Malthus Gamba