De todas las herencias negras que nos legó el neoliberalismo en México, la más dolorosa ha sido la de inseguridad y violencia, que padecimos desde que Calderón usurpó la presidencia, cuando se esmeró en desencadenarla para justificar la sociedad de su gobierno con el narcotráfico, que la llevó en aumento hasta que por fin se fue, dejándonos este proceso de descomposición social en manos del gobierno irresponsable e incompetente de Peña.

Fueron casi 18 años desde el sexenio de Fox, cuando el narcotráfico comenzó a salirse de sus estándares anteriores, que apoyado en los “buenos oficios” del gobierno federal y de los estatales, implicaron una destrucción acelerada del tejido social, desentendiéndose de atender las necesidades de los menos favorecidos, para ponerlos en manos del crimen organizado como única oportunidad de sobrevivencia.

El desastre y el completo desorden en la administración de la seguridad, llegó al grado de que el gobierno no contaba ni siquiera, con los datos de la semana anterior para evaluar la situación y actuar en consecuencia; no necesitaban saberlos porque nadie iba a hacer nada para resolverlo, mientras todos los que tendrían que solucionar el problema se beneficiaban del dinero sucio que este producía.

Cuando llegó la 4ª Transformación y comenzó a atender el problema instalando la política de apoyos sociales y alternativas para la población de jóvenes en situación de riesgo, la creación de la Guardia Nacional y la coordinación de las acciones de seguridad con una visión de lograr cero corrupción y cero impunidad, la derecha que fue creadora del desastre nacional, juró que no podría controlarse la situación que ellos mismos dejaron.

De hecho, se han dedicado a poner en el camino todas las piedras que pudieron, para entorpecer el proceso de combate a la inseguridad, a la corrupción y la impunidad, porque ellos han sido los primeros beneficiados de su existencia, mientras la mayoría de los mexicanos la padecíamos en niveles insospechados.

Sin embargo contra todos sus pronósticos, la aplicación de una estrategia coherente, combinada con la tenacidad de coordinación y supervisión diaria, está al fin presentando resultados que nos hacen pensar en un México de paz que ya no se ve ni imposible ni lejano.

La secretaria de seguridad ciudadana, Rosa Icela Rodríguez dio a conocer que en comparación con diciembre de 2018, cuando comenzó el gobierno de López Obrador y hasta octubre de 2022, los delitos del fuero federal bajaron en -27.3 puntos porcentuales; los feminicidios lo hicieron en -20.8; los secuestros en -68.1; los robos en -18; el robo de combustibles en -92.2 y los homicidios dolosos cerrarán el año con una disminución de -22%, menos víctimas que el punto máximo histórico de julio de 2018.

La secretaria también informó que se han decomisado 5,488 kilogramos de fentanilo, diez veces más que en los últimos tres años del sexenio pasado, dándole un golpe financiero a la delincuencia por más de 43,534 millones de pesos. Por otra parte, se han incautado 97 mil kilogramos de cocaína con una merma a los delincuentes por más de 23 mil millones de pesos y como lo revela el subsecretario Ricardo Mejía cada semana, se detienen un promedio de 7,500 presuntos delincuentes.

En este gobierno se han decomisado 33,500 armas de fuego, más de 17 millones de cartuchos, más de 2 mil granadas, más de 77 mil unidades de transporte y han sido aprehendidos más de 65 mil delincuentes, 6 mil 385 de los cuales están relacionados con la delincuencia organizada y de ellos 2 mil 421 son objetivos prioritarios de todos los grupos delictivos.

En este escenario los delincuentes de la derecha cómplices de la delincuencia común, no tienen más que callarse mientras lamentan profundamente la pérdida de su paraíso financiero que era un infierno pavoroso para todos los demás.

Como dice aquella frase de autor desconocido: “El interés por las cosas materiales distrae al alma y la divide. El diablo atrapa el alma y la arrastra al infierno”.

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Por Erika