En México se está llevando a cabo una revolución económica de grandes dimensiones que busca fundamentalmente la creación de un mercado interno fuerte, conformado por un número cada vez mayor de clientes potenciales para las empresas, el cual de hecho ya ha crecido en forma extraordinaria.

El aspecto más importante de esta transformación, es que sucede para beneficiar a los consumidores y crea un círculo virtuoso que implica el fortalecimiento de toda la cadena de procesos económicos, desde la distribución hasta la fabricación de los productos.

Para darnos una idea de la importancia que tiene esta revolución, habría que tener claro que cada mes los nuevos casi 30 millones de consumidores, cuentan con una cantidad cercana a la que costó construir el nuevo aeropuerto Felipe Ángeles de Santa Lucía, equivalente a 70 mil millones de pesos, para gastarla en adquirir productos o servicios que venden las empresas, o para ahorrarla en los bancos comerciales.

Este dinero llega a las tiendas en las que se adquieren productos y servicios que los establecimientos tienen que resurtir a través de los distribuidores mayoristas, quienes a su vez tienen que reponer desde las fábricas que los producen.

Con este dinero que los nuevos consumidores reciben directamente del gobierno federal, se adquieren productos y servicios que antes no se vendían porque todas estas personas no contaban con el ingreso que hoy reciben.

Así es que quien crea que el dinero destinado por el gobierno a través de los apoyos sociales para adultos mayores, estudiantes, jóvenes aprendices, discapacitados, pequeños productores del campo y del mar, entre otros, es dinero que se regala y que no sirve para nada, sería bueno que lo piense 2 veces, porque esta es la mejor forma de ayudar a las empresas de todo tipo. No solamente se logra que vendan más, sino que se amplía su mercado a millones de clientes nuevos que antes no existían.

La única forma en la que una economía puede seguir creciendo y haciéndolo en forma sólida, es incorporando nuevos consumidores potenciales al mercado en todo el territorio de un país y no solamente lanzando productos nuevos para cubrir las necesidades ya sobresaturadas de los mismos clientes que siempre han existido.

Adicionalmente como si lo anterior fuera poco, en México la confianza de los paisanos que viven en el extranjero, ha disparado el envío de remesas que mandan directamente a sus familias, que el año pasado representó una cantidad superior a un billón de pesos, que es aún mayor que la suma del dinero de todos los programas sociales juntos y que ha crecido en más de 30% desde el 2019.

Estos dos factores de ingreso que llegan a la economía directamente a través de los consumidores y que se gastan inmediatamente en productos o servicios vendidos por las empresas, son el beneficio principal que las distintas industrias están recibiendo en los últimos años y representan la columna vertebral de la revolución económica que está teniendo lugar en México.

Si a esto le agregamos el crecimiento del empleo derivado del desarrollo de grandes y pequeños proyectos de infraestructura de todo tipo, que no se había hecho hace décadas, la estabilidad en los precios de los combustibles y de la energía, el impulso a la infraestructura de salud y educación, así como la disminución en los índices de inseguridad, estamos siendo parte de una transformación completa del país, dentro de un círculo virtuoso que poco a poco nos va a integrar a todos en el desarrollo y el bienestar.

Como dijo el escritor argentino Jorge Luis Borges: “Nadie es patria. Todos lo somos”.

Por Erika