La pandemia nos ha dejado diferentes experiencias: dolor por todos los que no vivieron para contarlo, así como por muchos a los que las secuelas de la enfermedad les cambió la vida; estupor por lo que puede pasar en el mundo de un momento a otro sin que podamos hacer mucho para evitarlo; sorpresa por el papel destructivo que pueden jugar los medios de difusión para empeorar las cosas, ocasionando pánico generalizado; una realidad modificada que nos encerró en las casas y nos enseñó que muchas de las actividades que hacíamos se podían seguir haciendo desde ahí.

Nos enseñó también la situación lamentable en la que los gobiernos anteriores habían dejado la infraestructura de salud pública del país, que de ninguna forma podía ser sustituida con la privada, que el gobierno actual tuvo que actuar en forma heroica, profesional, inteligente y eficaz, para que el problema no nos rebasara. Y no nos rebasó.

En 2 años no solamente se superó la pandemia con todas sus complicaciones, también se inmunizó a toda la población, cuando al contrario hay países que no han recibido siquiera el 5% de las vacunas que requieren para inmunizarse.

Como si fuera poco, en el proceso México donó vacunas a países que lo necesitaban, armó una industria de fabricación de ventiladores pulmonares que ahora exporta, modificó el sistema de abasto de medicamentos para adquirir todos los que se requieren sin la intervención extorsionadora de sátrapas de la industria farmacéutica, capacitó decenas de miles de médicos y enfermeras para enfrentar el problema, nos informó diariamente y con todo detalle sobre la situación de la pandemia, de su atención, de cuanta información necesitábamos para tener las cosas claras como no lo hizo ningún otro gobierno y para colmo, está a punto de concluir el desarrollo de una vacuna propia que nos evitará tener que comprarla en el extranjero.

También nos dejó la evidencia sobre la estupidez profunda de todos aquellos que, en vez de ayudar, estorbaron todo lo que pudieron, criticando sin bases cualquier medida que adoptaban las autoridades, desorientando al público insistiendo con miles de pruebas y tapabocas, publicando información distorsionada, amarillista, falsa, erigidos en especialistas como lo hacen para todo, generando inútilmente desinformación y odio, porque al final los mexicanos superamos el gran reto de la mano de un gobierno responsable, trabajador e inteligente, que los dejó en ridículo. Qué pena jugar un papel tan asqueroso dentro de la sociedad. En México tenemos que curar la herida que sirve de cuna para estos parásitos.

Como dijo el novelista Rumano Valeriu Butulescu: “Los parásitos florecen en la herida del árbol”.

Por Erika