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El fin de semana pasado se realizó la celebración del congreso nacional del partido Morena, al que asistieron 3 mil congresistas electos democráticamente en todo el país, por el voto de casi 3 millones de personas que ya estaban afiliadas o que se afiliaron al partido en ese proceso.

Durante el congreso se eligió a los consejeros nacionales mediante el voto de los congresistas, se ratificaron a los presidentes del partido en los 32 estados, se extendió el período de funciones para Mario Delgado y Citlali Hernández hasta 2024, se redujeron de 21 a 12 las carteras del Comité Ejecutivo Nacional, se nombró a los encargados de cada una de ellas, se definió la tendencia política del partido, se decidió que el candidato para el 2024 será seleccionado por medio de una encuesta, se ordenó y se dio rumbo al movimiento sin gritos, sombrerazos, pleitos internos, jaloneos o actos de incivilidad. Todo se hizo mediante el diálogo y el voto democrático, definiéndose claramente como un partido de izquierda antineoliberal.

Además de ser esto un logro espectacular, fue muy sorprendente después de haber visto durante mucho tiempo a un partido que parecía estarse convirtiendo en el PRD, con jaloneos y pendencias entre grupos y corrientes diferentes, en busca de detentar el poder que terminó por convertirlo en el guiñapo que es hoy.

Recordemos que hasta marzo de 2021 Morena había perdido más de 2 años en luchas internas por controlar al partido, cuando se eligió a Mario Delgado como presidente, quedando en el camino Muñoz Ledo y Gibrán Ramírez. En 3 meses tuvieron que escoger candidatos para las elecciones más grandes de la historia, donde se jugaban 15 gubernaturas, la Cámara de Diputados, cientos de alcaldías y varios congresos estatales.

Está muy claro que en esa elección la mayoría de la gente que votó por Morena difícilmente lo hizo por el trabajo político que había realizado el partido en los años anteriores, sino motivados por el trabajo del gobierno federal que estaba cumpliendo todas las promesas que hizo el presidente cuando era candidato de Morena, así el partido tuvo un triunfo escandaloso.

Los jaloneos internos aunque menores que antes, continuaron hasta las elecciones de 2022 y aunque ya el trabajo político fue más organizado, la imagen del presidente y los resultados del gobierno federal volvieron a ser un factor decisivo para ganar 4 de los 6 estados en juego este año.

Todos sabíamos que Morena es el único vehículo con el que contamos para continuar el cambio del país y lo aceptábamos con resignación pero con muchas dudas. Sin embargo la organización establecida en este congreso nacional por la vía democrática, dejó conformes a todos. Hoy se cuenta con un vehículo renovado, sólido, afinado y listo para hacer un trabajo político serio y profundo con vistas a las elecciones de 2023 y 2024, que parece ser una de las mejores cosas que le han sucedido a la 4ª transformación.

Esta estructura con cuerpo de aplanadora, enfrentará a una oposición desmadejada, con un PAN en fase de negación y angustia, un PRD colgado de la brocha sin militancia ni simpatizantes, un PRI con más problemas internos de los que puede manejar y un Movimiento Ciudadano que está haciendo el peor de los ridículos mal gobernando los únicos 2 estados donde ganó gubernaturas.

Morena hoy podrá actuar como lo que se esperaba de ellos, el brazo político de una transformación encabezada por el gobierno federal que le ha pasado por encima a la oposición, pero que estaba prácticamente sólo en el esfuerzo.

No es difícil predecir lo que le va a suceder a esa oposición intentando competir contra esta maquinaria de transformación democrática, que ya difícilmente alguien podrá detener. Sin embargo, como se les informa a los familiares de pacientes en estado terminal para no deprimirlos, preferimos comunicarles que el pronóstico de su futuro es reservado.

Como dijo la escritora inglesa Mary Ann Evans, conocida como George Eliot: “Nunca es tarde para ser lo que deberías haber sido”.

Por Erika