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“Algo que nunca debe permitirse un político, es hacer el ridículo”, dijo el presidente López Obrador en la conferencia mañanera.

Y los conservadores “que no dan una”, agregó, “se empeñan en acciones tan ridículas, como el llevar un juego de Lego al Senado, para intentar atacarnos”.

“Los senadores panistas prestándose a este tipo de situaciones”.

El ridículo político parece ser el sello distintivo de una clase conservadora, incapaz de armar un verdadero proyecto nacional. Una clase opositora que demuestra tener una preparación y un alcance político “nivel Lego”.

Porque el detalle del juego es solo la cereza del pastel.

Hace unos días, Lilly Téllez anunció que unía su destino al del PAN y que se preparaba para alcanzar la presidencia de la república en 2024.

Lilly habla de un respaldo ciudadano en redes sociales, que siente como el factor definitorio en una contienda electoral. Pero al mismo tiempo, parece no entender que el respaldo del que habla, proviene de las granjas de bots contratadas para posicionar sus mensajes.

No hay un fuerte grupo de ciudadanos brindándole respaldo. Son programas creados con el único fin de aparentar una popularidad artificial, inexistente y ridícula. En realidad Lilly es una persona repudiada por buena parte de los ciudadanos. La etiqueta de traidora a cualquier causa, la acompañará siempre.

Otro ridículo del momento, es la encuesta que presenta la casa Gea Isa, en la cual aparecen datos que quieren demostrar que el respaldo al presidente López Obrador, se ha reducido considerablemente. La medición revela que solo el 47% de los mexicanos, tiene una opinión favorable hacia el presidente.

Gea Isa fue creada por el político priísta Jesús Reyes Heroles y está dirigida por el amigo, confidente y exasesor de Felipe Calderón, Guillermo Valdés.
¿Por qué resulta ridícula esta encuesta?

Sencillamente porque otras casas dedicadas a la medición y valoración de datos de este tipo, presentan encuestas que dicen lo contrario a lo que publica Gea Isa.

Poligrama, encuestadora especializada en estudios de opinión, comunicación política y campañas electorales a nivel nacional, en los tres niveles de gobierno, nos dice que el presidente López Obrador no ha bajado del 60% en su respaldo ciudadano, desde el inicio de su mandato y lo coloca en marzo de este año, con un porcentaje aprobatorio del 66.72%. El más alto alcanzado en sus tres primeros años de gobierno.

Salvo Felipe Calderón, Claudio X González y su gente, nadie cree en los ridículos datos publicados por la casa encuestadora, propiedad de priistas y panistas conocidos.
Loret de Mola sigue intentando sacarle algo de jugo, a la piedra seca que resultó ser la “investigación” sobre la casa rentada en Houston, por el hijo mayor del presidente del país. El montaje, después de los primeros días de escándalo, demostró estar basado sobre la nada. La gente se dio cuenta del engaño y el ridículo que hicieron quienes declararon “Todos Somos Loret”, fue mayúsculo.

Del grupo de artistas que pretenden incursionar en la política, mediante pago en cuenta bancaria, es poco lo que hay que decir.

No dilató más de un día su queja contra la construcción del Tren Maya. De inmediato, las redes sociales desenmascararon la farsa. Hicieron un ridículo enorme Eugenio Derbez y compañía, al quedar en claro que los patrocinadores del proyecto “Salven a la Selva”, son personajes con claros vínculos económicos ligados a la construcción del aeropuerto en Texcoco. Además, participan financiando la protesta, empresas y personajes que en el pasado reciente, han mostrado nulo interés por el bienestar ambiental.

Gabriel Quadri, defensor acérrimo del espectáculo de la Fiesta Brava, reclama por el peligro que implica la construcción del Trena Maya, para la vida de especies animales.
Como si el toro de lidia no fuera objeto de crueldad y muerte artera, a manos de seres humanos que encuentran gusto en su sangre derramada. Ahí el ridículo pisa el terreno de lo grotesco.
Lo que dice el presidente López Obrador, es algo que los ciudadanos han podido constatar durante los últimos tres años.

La causa conservadora carece de personajes de primer nivel. No tiene representantes con la moral y la ética suficientes, para enfrentar a un presidente que piensa y actúa en base a un proyecto nacional sólido.

¿Cómo es posible que Ricardo Anaya, un panista que anda “a salto de mata”, escondiéndose de las autoridades del país, piense en ser el representante del PAN, en la futura elección presidencial del 2024?

Esa intención no solo tiene carácter personal. Pone en ridículo a la fuerza política que toma en serio sus pretensiones.

Denise Dresser y Dolia Estévez, intentan culpar al presidente López Obrador, de la conducta que siguieron los militares de Guerrero en el caso de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. Dicen que se trata del mismo personal que hoy se encuentra en activo. Acusan al presidente de una complicidad en la desaparición de los 43 estudiantes, por causas que solo ellas entienden. El ridículo de estas dos mujeres ya no sorprende. Viven en su ambiente desquiciado desde hace un buen tiempo.

Azucena Uresti, López Dóriga, Ciro Gómez, Aristegui y otros periodistas de la vieja guardia, difundieron la noticia de una balacera, o una explosión en el aeropuerto de Cancún. Al final, se conoció que ese ruido impactante de momento, fue ocasionado por la caída de unos espectaculares. Lo de la balacera, fue una más de las noticias falsas impulsadas por los medios de información conservadores. Al final, el desenlace deja en el acostumbrado ridículo a los difusores de noticias falsas.

La política del ridículo es marca registrada por la gente de Claudio X González. Un personaje que si no fuera por el dinero acumulado por su familia, pasaría sin pena ni gloria por la vida nacional.

Él es el ideólogo, el financiero, el coordinador y Jefe Máximo dentro de las filas conservadoras.
Él es también el Rey del Ridículo, a nivel nacional.

Es el representante de una oposición vestida de payaso y haciendo suertes de cirquero y de mago, en su intento desesperado por recuperar el poder en el corto plazo.
Es el show de risa que nos ofrecen los grupos reaccionarios, a cambio de que renunciemos al proyecto de Cuarta Transformación que impulsa con toda seriedad y dedicación, el presidente López Obrador.

Ése y no otro, es el peor de sus ridículos.

Malthus Gamba