La nueva cara de México

Hoy en la conferencia matutina del Presidente de México, conocimos el diseño conceptual que presenta el desarrollo de los grandes proyectos de infraestructura que estamos construyendo y que implican una interconexión cultural de dimensión extraordinaria.

Los aeropuertos, trenes y carreteras que está desarrollando el gobierno federal en coordinación con los gobiernos de los Estados involucrados en esta megaestructura, traen al presente el esplendor de las culturas olmeca, maya, teotihuacana y mexica, transportando a quienes vivimos en la actualidad a las sedes de estas grandes civilizaciones, para conocerlas y ser conscientes de su relevancia trascendental.

Una vez que todo el circuito integrado por estos grandes proyectos se encuentre en operación, un viajero que llegue a Cancún podrá subirse a un tren y visitar toda la zona maya y olmeca, tomar un avión desde Tulum o Palenque para llegar al aeropuerto de Santa Lucía, hospedarse ahí en uno de los hoteles que se ubicarán dentro de este complejo, para en una hora visitar Teotihuacán o el Templo Mayor de los mexicas en el centro de la Ciudad de México, o el parque cultural más grande del mundo que se ubicará en Chapultepec, con más de 11 museos y múltiples espacios de arte y esparcimiento incluyendo Los Pinos.

En un viaje bien planeado de unas 2 semanas, cualquiera podrá ser testigo de la presencia perene de estas grandes culturas en la historia de México, a partir de una impresionante infraestructura de comunicaciones terrestres y aéreas, que se terminará de construir y operar en un período muy corto de tiempo para su tamaño y relevancia.

En menos de 6 años, vamos a pasar de la clandestinidad en las evidencias de estas grandes culturas, aisladas por la distancia, por el abandono, a convertir la geografía del centro y del sur del país en un escenario majestuoso, que nos permita hacerlas parte presente y activa de nuestra civilización actual.

Y todo esto se está construyendo con la misma cantidad de dinero que se había presupuestado para hacer el aeropuerto submarino de Texcoco, sin contar con que una vez en desarrollo, con toda seguridad, su obra se hubiera elevado a más del doble, como sucedió con el tren México-Toluca, presupuestado en 30 mil millones de pesos y que va a terminar costando 90 mil, gracias a la ineptitud de los neoliberales corruptos.

El nuevo sistema aeronáutico del centro del país, integrado por el aeropuerto de Santa Lucía, el actual aeropuerto de la Ciudad de México y el de Toluca, junto con su infraestructura de transporte terrestre y su áreas comerciales, dará empleo a decenas de miles de personas en esa área del país, además del millón y medio de trabajos que la ONU-Habitat calcula se generarán alrededor del Tren Maya, sin contar todavía con los que se crearán a partir de los aeropuertos de Palenque y Tulum.

Un aspecto fundamental de todo este sistema de comunicación y de cultura, es que su operación será administrada por una empresa que depende de la SEDENA, con lo que se evitará que pueda convertirse en botín para el saqueo de grupitos de intereses creados, que pudieran volverse a coludir con el poder para intentar robarnos otra vez en el futuro.

Así también la infraestructura del tren interoceánico que conectará Salina Cruz en Oaxaca con Coatzacoalcos en Veracruz, a través de una vía que transportará mercancías desde el océano Pacífico hasta el Atlántico y de regreso, convirtiendo el istmo de Tehuantepec en un centro neurálgico del comercio mundial entre Asia, América del Norte y Europa, estará a cargo de la Secretaría de Marina en sociedad con los Estados por los que atraviesa el tren.

De esta forma México se prepara para mostrar al mundo una cara nueva, desde el esplendor actual de sus culturas milenarias, en la nueva dinámica de una sociedad que integra a sus habitantes al desarrollo económico vigoroso en busca del bienestar común, blindados contra rateros.

Como dijo el periodista francés Emile de Girardin: “Gobernar es prevenir”.