En los últimos días hemos sido testigos de un conflicto que creció más allá de lo que cualquiera hubiera sospechado hace unos meses, que ha desatado toda clase de información en los medios, en la que podemos confiarnos muy poco. De hecho un mínimo de esa información es objetiva y basada en la realidad.

La degradación de los medios de información masiva en todo el mundo, los coloca en un lamentable papel de pregoneros de propaganda, que difunden información falsa a diestra y siniestra de manera permanente, con la intención de desacreditar las acciones de quienes no están alineados con el cliente en turno.

La prioridad de la mayoría de ellos ya no es verificar lo que está sucediendo realmente y darlo a conocer, sino la de recibir boletines e instrucciones de quien les paga, preparar notas a modo, elaborar montajes con evidencias manipuladas, en muchas ocasiones completamente irreales, que desorientan y arengan a las audiencias para que inclinen su opinión a favor de uno u otro de los participantes.

Así hemos visto a Antena 3 de España, presentar sus notas con evidencias que respaldan con escenas tomadas de videojuegos, donde se ven terribles batallas. Esta información falsa la difunden sin el menor pudor o respeto mínimo por la verdad. Vemos también a Telemundo, Televisa, Milenio y otros, difundiendo la misma farsa que por desgracia han hecho durante años, creando contenidos de una realidad aparente que es completamente ilusoria e inexistente.

En nuestra parte del mundo vemos a las plataformas de redes sociales, censurando información por no estar alineada con la postura de los Estados Unidos, sin importar que esta haya implicado una carga de responsabilidad igual que la de Rusia en la generación del conflicto, si no es que mayor, para que la decisión de invasión a Ucrania se detonara.

La participación de la gran mayoría de los medios en esta situación, está siendo tan lamentable como la que tuvieron en relación con la pandemia, donde crearon un ambiente de pánico generalizado entre la población, torciendo la verdad a favor de los intereses políticos y comerciales que los contrataron, provocando un stress colectivo que afectó el desempeño del sistema inmunológico de los habitantes, ocasionando seguramente más decesos de los que hubieran habido sin su deleznable intervención.

Pero este proceso de degradación mediática no comenzó con la pandemia, sino años antes con los grupos oligárquicos apoderándose de ellos en materia corporativa, adquiriendo sus acciones y sometiendo sus orientaciones editoriales al servicio del dinero que las puede comprar o alquilar, para que digan lo que a ellos les conviene y no lo que sucede en realidad.

Así es que la mayor parte de los medios, pasaron de ser servicios informativos para convertirse en programas de ciencia ficción, o en culebrones de lloriqueos basados en escenarios inexistentes. Pero no solo eso, los medios que hemos decidido buscar, verificar y difundir la verdad, hemos sido atacados por estos grupos de poder, a través de la implementación de un operativo orientado a impedir que nuestra difusión tenga sus alcances reales.

Este escenario complica la formación de criterios basados en la realidad, colocando a los habitantes en una posición difícil si es que no quieren vivir en un mundo fantástico, creado para facilitar la manipulación colectiva, que muy pomposamente denominan como ingeniería social, desde la creación del Instituto Tavistock en Inglaterra, después de la Segunda Guerra Mundial.

En este proceso complicado de mantener nuestras escalas de valores firmes, a pesar de la influencia generalizada de Fakelandia, resulta una hazaña personal ser capaces de seleccionar la información que nos mantenga con los pies en la tierra, evitando convertirnos en botargas al servicio del interés de quienes detentan el poder, que normalmente son contrarios a los del bienestar común.

Como dijo el escritor francés Nicolas Chamford: “El placer puede estribar en la ilusión, pero la felicidad descansa sobre la verdad”.

Por Erika