La violencia neoliberal en el mundo

Nuestros padres y abuelos nos hablan de tiempos pasados, donde la vida en el país transcurría de manera más o menos plácida. La gente viajaba confiada dentro de su comunidad, o realizaba trayectos más largos por cuestiones profesionales, o en plan vacacional.

Un México no tan lejano es el que nos refieren y tan distinto al que nos toca vivir a nosotros en el presente.
Para los jóvenes, la situación que padecemos pudiera ser considerada “normal”, dado que no existen puntos de referencia personales, con los cuales comparar el nivel de violencia de nuestro tiempo.
“El mundo es violencia y hay que sobrevivir de alguna manera, en ese ambiente”, pudiera ser la idea de una generación condenada a vivir desde el nacimiento, bajo permanente amenaza de peligro.

Y el reclamo social actual, se centra precisamente en esa exigencia de paz y tranquilidad.
Es entendible la exigencia de mujeres de todas las edades, que se manifiestan públicamente en contra del feminicidio.
Lo es también el reclamo de familiares de personas desaparecidas o asesinadas en hechos violentos.
Cualquier padre de familia, cualquier madre, ven con preocupación que salir a la escuela, o rumbo al trabajo, significa una situación de riesgo para sus seres queridos.

Todo eso es entendible y debe ser escuchado y atendido por la autoridad.
Lo que resulta insultante, en una sociedad tan informada como lo es la mexicana, es que quienes son responsables de ese estallido de violencia incontrolada, pretendan erigirse hoy en falsos defensores de un pueblo al que agraviaron.
El neoliberalismo y los políticos que impulsaron esa línea de gobierno en el país, son los responsables de la crisis de violencia que nos afecta actualmente.

Sobre todo la derecha panista, que apoyó a un presidente que no ganó en las urnas, ni supo gobernar adecuadamente a la nación.
Felipe Calderón es el “ave negra” que durante sus seis años de mandato, combatió ineficazmente a los grupos delincuenciales en el país.

Seis años de incompetencia fueron suficientes para crear un problema mayor, que será difícil erradicar en el corto plazo.
Pero la inclinación hacia la violencia, parece ser un mal que afecta a la clase conservadora en todo el mundo.
Es probable que en el pasado reciente, no hayamos podido apreciar este fenómeno con claridad.
Muchos, teníamos la idea de que lo que sucedía en México, obedecía a situaciones de política interna. Aquí fuimos gobernados por una clase política dedicada al pillaje nacional. La corrupción de los gobiernos priista y panista, fue escandalosa y provocó que en las pasadas elecciones, la ciudadanía castigara a ambos partidos, negándoles el voto popular.

Pero no relacionábamos la deshonestidad neoliberal de nuestro país, con un problema que se está viviendo en el mundo entero.

Hoy, al acercarnos a lo que ocurre en otras naciones, comenzamos a entender que el neoliberalismo hace daño en cualquier parte del planeta.

Vemos el caso de Chile, donde el gobierno conservador, reprime violentamente a una sociedad que se manifiesta en desacuerdo con las políticas públicas de ese gobierno.
Los justes económicos que se realizan, condenan a la miseria a un pueblo que de por sí, vive en condiciones precarias. Y hay rechazo a esas políticas.
La respuesta de las fuerzas de seguridad, ha sido criminal. Varios manifestantes han quedado ciegos, o tuertos, debido a las lesiones sufridas por los disparos al rostro que realizan los grupos antimotines.
Detenciones arbitrarias, golpizas en la vía pública, son la respuesta que da la autoridad a la manifestación pacífica.
En Francia, vemos una situación similar, con el gobierno neoliberal de Emmanuel Macron. Las nuevas leyes que modifican el marco de pensiones en el país, ha desatado una ola de protestas, que es enfrentada por las fuerzas de seguridad, con acciones de violencia extrema, donde incluso son utilizadas granadas, que se arrojan a los contingentes inconformes con las nuevas medidas.

De Bolivia qué podemos decir. Hemos sido testigos de cómo los grupos conservadores, apoyados por un ejército y una policía carentes del más elemental sentido de humanidad, están masacrando a los representantes de las comunidades indígenas. Todo para sentar en la silla presidencial a una usurpadora servil y dócil, que trabaja a favor de los intereses extranjeros que anhelan apropiarse de los recursos naturales del país.
Un golpe de Estado violento, donde ha sido derramada mucha sangre de inocentes que lo único que piden es respeto a la democracia y la vuelta a la legalidad.

¿Y en Ecuador, con Lenin Moreno, no han sucedido también situaciones semejantes.
¿Y en Argentina, con Macri? En ese país, la sociedad también ha salido a las calle, protestando por las medidas que afectan al grueso de la población.
La respuesta oficial ha sido la misma en todos los casos.
Los cuerpos de seguridad, actúan violentamente, argumentando que el uso de la fuerza por parte del Estado es legal, aunque provoque muerte y deje heridos que perderán parte de sus facultades físicas.
Una cínica violación a los derechos humanos.

La violencia institucionalizada es el argumento que defienden los grupos conservadores, para mantenerse o recuperar el poder. Es su manera de gobernar y no conocen otra.
Con el panismo, fuimos testigos de cómo se instrumentó una guerra idiota que tenía como consigna de combate, el no tomar prisioneros. Delincuente acorralado, debía terminar muerto.
Esa espiral de violencia, donde ambas partes actúan con especial saña, es lo que hoy estamos sufriendo los mexicanos.
Y son precisamente los panistas, que ya no están en el poder, quienes exigen que la paz se consiga de un día a otro.
Generar condiciones de inestabilidad en un país, es cosa fácil. Basta con ordenar reprimir al pueblo, cuando se presentan problemas de gobernabilidad.

Así ha sucedido en otras naciones y así pasó también en México. Contra la delincuencia organizada, se tomo la peor de las decisiones: el enfrentamiento directo.

Los panistas no entienden, o fingen no entender lo que significa reestructurar el tejido social en un país. Hoy hablan de parar la violencia de un día para otro, cuando a ellos no pudieron en seis años.
La Cuarta Transformación tiene una estrategia diferente, que dará resultados en forma gradual y sin tropiezos. Hoy, al crimen organizado se le congelan cuentas bancarias. El Poder Judicial está separando del cargo a jueces involucrados con la delincuencia. Se crea la Guardia Nacional. Se depuran policías estatales y municipales. Los programas sociales atienden a los jóvenes que antes no tenían oportunidades y eran víctimas de la criminalidad, de varias maneras.
Se atienden las causas, sin disparar más balas.
Ese trabajo requiere tiempo para dar frutos. Es el camino adecuado.
Pero los conservadores hoy piden resultados inmediatos, aún sabiendo que eso es imposible. Pretenden engañar al pueblo para recuperar el poder.

Tendremos oportunidad de ver como en Bolivia, Francia, Chile, Ecuador y otras naciones como Palestina, donde la violencia sionista es brutal, también llevará tiempo recuperar la paz de los días pasados.
Destruir, no ocupa mucho tiempo. Reconstruir una nación lastimada, es lo complicado.
Los conservadores son especialistas en lo primero. Destruyen todo a su paso, en su natural ambición de poder y riqueza.
Después, debe llegar el pueblo a levantar desde sus cimientos, el edificio que la derecha deja en ruinas.
Eso no se hace de la noche a la mañana. Aunque los conservadores griten que sí es posible.
Recordemos que la naturaleza de los reaccionarios, los inclina a mentir permanentemente.
No dejemos que nos engañen.

Malthus Gamba