La debilidad del imperio

La fecha del 11 de septiembre presenta una elocuencia emblemática en dos procesos que marcaron el arranque de estrategias de corte colonialista y alto impacto para las poblaciones de América Latina y del Medio Oriente.

Después de una larga historia de política injerencista en ambos subcontinentes, que en México entre otras cosas, nos costó la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio en épocas de Santana, además de un golpe de estado y el asesinato del presidente Madero, esta fecha reviste una enorme relevancia para la historia moderna, que comienza con la instauración del neoliberalismo salvaje en el Chile de 1973 y la devastación de la cuna de la civilización representada por Bagdad después del 2001.

El golpe de estado y el asesinato del presidente Salvador Allende acaecidos en 11 de septiembre de 1973 dieron paso a una dictadura militar, a partir de la cual se impuso el modelo neoliberal, primero en ese país y después en otros de Latinoamérica, siguiendo el mismo modelo de colocar militares a la cabeza de los países, de perseguir, torturar, desparecer y asesinar a intelectuales, periodistas, artistas y políticos de oposición.

Esto llevó al saqueo profundo y sistemático de las riquezas de la región por parte de las élites internacionales, a la explotación de la fuerza de trabajo de los países de la región, así como a la corrupción desenfrenada practicada por las pomposas y ridículas oligarquías pulqueras que los representaron a nivel local.

En México no hubo necesidad de instalar militares en el poder, porque contaron con un ejército de títeres tecnócratas, descerebrados y muertos de hambre, entrenados por ellos en las universidades extranjeras, para que les hicieran el trabajo sucio a cambio de unas monedas.

El ataque sufrido a las torres gemelas de Nueva York y al Pentágono de Washington el 11 de septiembre de 2001, que costó más de 3 mil vidas en territorio estadounidense y de cuya autoría intelectual todavía existen serias y bien fundamentadas dudas, desencadenó una campaña permanente de persecución sobre los países del medio oriente, comenzando con Iraq en una guerra que a falta de otras excusas, fue justificada con la supuesta existencia de armas químicas de destrucción masiva que nuca pudieron encontrar los ejércitos invasores, pero que le costó la absoluta devastación a ese país y la inestabilidad que vive hasta la fecha.

Lo que sí sucedió es que como parte de la llamada reconstrucción, los estadounidenses se quedaron con el control de las riquezas petroleras de Iraq y con el producto del saqueo perpetrado por las empresas estadounidenses como Haliburton, propiedad del entonces vicepresidente de los Estados Unidos.

Todo esto, sin contar con el desastre político, económico y social que ha derivado para los demás países de esa región, como Siria, Afganistán y muchos otros, que han tenido que vivir las consecuencias de una estrategia demencial de intento de colonización en la peor de las maneras.

Hoy los 2 ciclos que comenzaron en esos dos 11s de septiembre han llegado a su fin. Uno lo hizo con el retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán, derrotados y con la cola entre las patas.

El otro terminó con la llegada de los gobiernos progresistas en Latinoamérica que colocaron a Lula en Brasil, a Mújica en Uruguay, a Fernandez en Argentina, al Congreso Constituyente en Chile, a Luis Arce en Bolivia, a López Obrador en México y a Pedro Castillo en Perú, dándole una nueva cara a la región que busca privilegiar el bienestar de la mayoría, terminar con el saqueo y con la corrupción.

Todo esto sucede en el momento en que los Estados Unidos están más preocupados por enderezar su estructura interna de producción, que dejaron abandonada los neoliberales mientras facilitaban que los chinos los engulleran alegremente, al tiempo que su estrategia imperialista se les sale de control haciendo evidente la debilidad de su influencia coercitiva en el planeta.

Como dijo el escritor suizo de origen alemán Herman Hesse: “Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia”.