Hay de grito a grito…

Hay de Grito a Grito
Por Miguel Ángel Lizama
@Migueliz8

Lo que son los contrastes.
El 15 y 16 de septiembre siempre fueron, casi desde la primera vez, UN FESTEJO POPULAR, enteramente de la ciudadanía. Mamás y papás llevaban a toda su prole, muchas veces acompañados de abuelitos, tíos, compadres y comadres. En la plaza o jardín principal de los pueblos y ciudades todos se reunían para celebrar el aniversario de la Independencia. Se compraban sombreros, banderitas y cornetas, o buñuelos bañados con miel de piloncillo, tamales de chile, dulce o manteca acompañados de champurrado, o algodones de azúcar para los niños. O las golosinas que cada región del país imponía según sus propias costumbres.

En el Zócalo del Distrito Federal, corazón del país, la noche del 15-16 se esperaba con expectación que empezaran a sonar las campanas de Catedral, mientras en la contraesquina, en el balcón central del Palacio Nacional, el Presidente salía a ondear la hermosa bandera tricolor y vitorear a los Héroes que nos dieron Patria, antes de que se soltaran los cohetes y fuegos artificiales preparados por ingeniosos artesanos de Tultepec. Era una euforia que se sentía y disfrutaba hasta muy noche, pero debía interrumpirse para ir a descansar y prepararse para el desfile del día siguiente. Había que llegar temprano para alcanzar buen lugar y ver la marcialidad de soldados y marinos, mientras volaban aviones de la Fuerza Aérea. En el desfile, los más aplaudidos siempre fueron los Bomberos, a quienes la gente premiaba por su entrega y valor en los momentos más peligrosos. SE SENTÍA EL ORGULLO DE SER MEXICANO. Era bien bonito y se veía en la espontaneidad y las caras de la gente.

Así fue hasta la llegada del PRIAN y su neoliberalismo. A partir del primer Grito que dio Miguel de la Madrid Hurtado, el festejo empezó a deslucirse y perder asistencia popular. Entonces empezó a recurrirse a burócratas obligados a asistir, para que las tomas de televisión no se vieran tan pobres y raquíticas. Se les trataba como extras de una producción televisiva, que era lo que en realidad le interesaba al gobierno. La simple apariencia.

La gente ya tenía bastante con padecer los Pactos Económicos preparados por Carlos Salinas de Gortari como Secretario de Programación y Presupuesto, que apretaban el cinturón a la gente, para que los tecnócratas tuvieran buenos números en sus proyecciones macroeconómicas. La gente se ausentaba del Grito, mientras en Palacio Nacional se debía respetar la tradición y se llevaba a cabo una magnífica Recepción al cuerpo diplomático acreditado en el país, con invitados muy selectos de la oligarquía que empezaba el festín de riquezas a costillas del Pueblo Mexicano.

Hasta el arribo de Vicente Fox al poder, la asistencia menguante al Grito se pensó que podría revertirse, pero la desilusión con la apatía y frivolidad que exhibió el PANista desde su primer día, se consideró indigno de tal festejo patrio. En Guanajuato se había encendido la chispa de Independencia, pero este guanajuatense servil se mostraba lacayuno y entregado a los intereses extranjeros. ¡Fue una horrible decepción! A todos nos engañó. Por eso cada año los burócratas debían asistir para llenar el Zócalo y las plazas principales de todo el país, pues la orden era pasar lista de asistencia que debía entregarse a Recursos Humanos para los descuentos por faltar. La televisión hacía tomas cada vez más focalizadas, para que no se vieran las caras de aburrimiento o los claros en las tomas abiertas, por la falta de gente.

Peor fue cuando Calderón llegó al poder y el Estado Mayor Presidencial cerraba calles enteras y hasta colonias cercanas al Zócalo, donde se reprimía y condicionaba el tránsito, hasta para los vecinos, en abierta violación a la libertad de tránsito de la Constitución. Había temor general, pues el país se cubría cada vez más con sangre y cuerpos que Calderón siempre atribuía a “ajustes de cuentas entre cárteles” o a “bajas civiles inevitables” cuando se descubría que no se trataba de delincuentes. ¡Qué ganas de festejar o vitorear a otro chacal como Victoriano Huerta, igual de usurpador y beodo como Calderón!

Con Peña Nieto no varió nada el panorama, pese al derroche en spots de televisión y radio, y los ríos de tinta en periódicos y revistas para ensalzar “la firme conducción de la nave nacional hacia la Prosperidad y el Desarrollo”, que sólo aplaudían empresarios beneficiados y calificadoras de inversiones. El país se deshacía o remataba, mientras Peña Nieto festejaba su festín. Pero la gente no compartía lo mismo. Era un abierto contraste.

Y así llegó el Día del Grito de 2018, el último que le correspondió a Peña Nieto. Había euforia por el triunfo de AMLO el 2 de julio y se percibió en la mayor atención que captó la ceremonia que el nuevo Presidente encabezó en la Cuna de la Independencia. Mucha gente vio en ello un augurio del nuevo tiempo por venir. Y no se equivocó. Desde el primer día que formalmente tuvo el poder, López Obrador se concentró en procurar BIENESTAR para el pueblo, tomándolo como Objetivo y razón de su mandato. El estandarte que ondeó fue FIN A LA CORRUPCIÓN Y ALTO A LA IMPUNIDAD.

Las fuerzas realistas, como a Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos, comenzaron a combatirlo con todo el arsenal de tinta y mentiras que tienen a su alcance. PERO AMLO, COMO HIDALGO, TIENE PUEBLO TRAS ÉL. Ha transcurrido casi un año de su ascenso y la gente sigue entusiasmada y esperanzada, porque COMPRUEBA QUE CUMPLE, a pesar de los diarios ataques de los Expulsados del Paraíso Presupuestal.

ESTE GRITO VUELVE A SER COMO ANTES.

SE PERCIBE EMOCIÓN, EXPECTATIVA DE UN MEJOR PORVENIR.

¡VIVA MÉXICO! ¡VIVA MÉXICO! ¡VIVA MÉXICO!

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