Gracias a Zedillo, Fox, Calderón y Peña, el 70% del oro que se extrae en México se encuentra en manos de empresas extranjeras, que incluyen 8 de las 10 minas de oro más importantes del país.

Con más de 70 mil kilogramos de oro anuales, que representan 64 mil millones de pesos, México es el noveno productor a escala mundial, debajo de China, Australia, Rusia, Estados Unidos, Canadá, Indonesia, Perú y Ghana.

Del total que produce México, cerca de 60 mil kilogramos salen de sus 10 minas de oro más grandes, 6 son explotadas por empresas canadienses, otras dos por mineras estadounidenses y solamente dos son controladas por Fresnillo que es una minera mexicana.

Las empresas canadienses dominan el mercado, pues de sus seis minas extraen anualmente el 60% del total del oro mexicano; las 2 minas mexicanas sacan el 30% y las estadunidenses el 10% por ciento del total.

Hasta este sexenio las mineras canadienses se han puesto bajo la lupa del gobierno. En varias ocasiones el presidente López Obrador las ha acusado de no pagar los impuestos establecidos, de adueñarse de tierras y de pagar menos a sus trabajadores en México respecto de su país de origen.

Como si eso fuera poco, la compañía First Majestic, una de las mineras canadienses que tiene en su poder una de las minas de oro más redituables del país, informó que comenzará un arbitraje internacional contra México, porque no quiere pagar 500 millones de dólares de impuestos atrasados que le requiere el SAT, como si el pago de impuestos fuera materia de litigio internacional.

El 75% de las concesiones mineras que se otorgaron en los gobiernos vende patrias de los neoliberales corruptos fueron a mineras extranjeras, la mayoría a canadienses. En este gobierno no se ha otorgado ni una sola concesión.

El reparto descarado de la piñata minera dio como resultado que hoy operen 238 mineras con capital extranjero en territorio nacional; 153 de Canadá, 32 de Estados Unidos, 14 de China y 9 de Australia.

La paradoja del oro mexicano es que no se explota en beneficio de los mexicanos, pero no solo eso; las mineras extranjeras no se comportan en México como lo hacen en sus países. Aquí optan por no pagar los impuestos que les corresponden o reciben devoluciones de impuestos multimillonarias. Solo el año pasado el SAT devolvió más de 10 mil millones de pesos en impuestos a estas empresas.

Como si esto fuera poco, no se preocupan por cuidar el medio ambiente, destruyen a las comunidades donde se instalan, contaminan los ríos y pagan mal a sus empleados.

Además, aunque un proyecto minero tiene un tiempo promedio de vida de 20 años, las concesiones que les otorgaron los gobiernos vende patrias son vigentes durante 50 años y se pueden extender a 100. Esto bloquea las tierras que se les concesionaron sin que puedan usarse para nada más durante un siglo, sin contar con que estos rapaces terminan hasta vendiéndolas.

En esta situación se encuentra el 60% del territorio nacional. Los vende patrias le entregaron a las mineras una proporción igual del país a la que nos robaron los gringos en época de Santa Ana. Esto no solamente es razón suficiente para modificar la ley minera y cancelar la mayoría de las concesiones, sino para aplicarles el artículo 123 del Código Penal federal a los gobernantes anteriores por traición a la patria.

Como dijo la política argentina Eva Perón: “Con las cenizas de los traidores construiremos la Patria de los humildes”.

Por Erika