Muchos de nosotros sabemos que los mexicanos estamos pagando una deuda exorbitante adquirida con los bancos por el gobierno de Zedillo, que asciende a 1 billón de pesos y que cada año se destinan 43 mil millones de pesos para ir pagando esta cantidad con sus respectivos intereses. También sabemos que esto va a seguir sucediendo hasta el año 2070. Pero ¿Cómo llegamos a esto?

En 1982 López Portillo nacionalizó la banca privada, después de acusar a los banqueros de haber sido responsables de la crisis financiera que vivió el país al final de su sexenio. Esta situación fue manejada por el gobierno hasta 1989, cuando Salinas de Gortari decidió revendérsela a la iniciativa privada, invitando a sus amigos para comprarla, muchos de ellos nunca habían manejado un banco. Así, en durante esos años , este expresidente vendió bancos en una centésima parte del valor real de sus activos; es decir, en un precio de súper remate.

Estos nuevos banqueros se dedicaron a otorgar créditos a diestra y siniestra, sin tomar en cuenta que mucha de la gente no tenía la capacidad de pagarlos. El gran atraco fue prestarse grandes cantidades de dinero entre ellos sin garantías, para financiar a sus amigos y ordeñar a los bancos a través de empresas fantasma. En solo 5 años se las arreglaron para quebrar los bancos que terminaron con millones de contratos de créditos vencidos incobrables, de los que la cantidad mayor la debía un grupo de amigos que decidieron simplemente no pagar.

El dinero que prestan los bancos no es dinero de ellos, sino de los ahorradores que lo depositan en estas instituciones. Así, cuando la gente a la que le prestan no les paga, los bancos no pueden devolverle su dinero a los ahorradores; éstas instituciones financieras quiebran y la gente pierde sus ahorros. En 1995 la mitad del dinero que habían prestado los bancos estaba en cartera vencida gracias a la voracidad de los nuevos banqueros.

Para resolver el problema, en vez de volver a expropiar los bancos, Zedillo decidió crear el Fondo de Protección al Ahorro Bancario o FOBAPROA, para dejarles los bancos a los banqueros y comprarles los créditos que los deudores no habían pagado. Algunos bancos estaban ya tan mal que tuvo que intervenirlos y en lugar de manejarlos decidió venderlos; esta vez se los vendió a los bancos extranjeros.

Así, el gobierno se puso a comprar cartera vencida otorgando a cambio bonos gubernamentales de deuda; es decir, les iba a ir pagando a crédito las carteras que nadie pagó y una vez que se las entregaron se puso a venderlas. Sin embargo cuando los bancos le entregaron las carteras al gobierno a cambio de los bonos de deuda, Zedillo decidió revendérselas a los mismos bancos a los que se las había comprado a cambio de los bonos y lo hizo a una 4ª parte del precio por el que se las había comprado.

Para entenderle bien a esto, imagínense que yo les compro su coche en 100 mil pesos a crédito, para pagárselos a 10 años con un interés anual de 5%. Es decir, al final de los 10 años yo les voy a pagar los 100 mil pesos más otros 50 mil de intereses. Pero además apenas hicimos el arreglo de compra y cuando todavía no se los he pagado, se los revendo a ustedes mismos en 25 mil pesos. Ustedes me pagan solo la cuarta parte , se quedan con el coche, lo disfrutan 10 años y encima cobran 150 mil pesos por ello. Ese fue el negocio que hizo Zedillo con los bancos y en el que nos embarcó a todos.

Hoy todos estamos pagando cada año estas carteras que los bancos ya cobraron. Les dimos bonos por 1 billón de pesos, les hemos pagado otro billón en intereses y todavía les debemos un billón que vamos a terminar pagándoles hasta el año 2070. Después de habernos hecho este favor, Zedillo se fue a trabajar para uno de estos bancos.

Para colmo de males, después de este robo despiadado, tuvimos que soportar cosas peores como los gobiernos de Fox, Calderón y Peña al frente del gobierno. Ahora sus herederos políticos nos quieran convencer de lo mucho que nos conviene regresarlos al poder.

Como dijo el filósofo danés Soren Kierkegaard: “Existen dos maneras de ser engañados. Una es creer lo que no es verdad, la otra es negarse a aceptar lo que sí es verdad”.

Por Erika