Fabrica de ignorantes

Por: Iñaky Levy

En días pasados tuve una charla cotidiana en el trabajo con 3 colegas, y no pudo faltar el tema político acerca del nuevo gobierno que encabeza AMLO. Entre la plática había cierto tono de sarcasmo, que llegó a tocar el límite de la crítica poco constructiva. La intuición calmó mis impulsos tendientes a polemizar, tomé lentamente aire y sin interrumpir, preferí continuar escuchando.

Los comentarios parecían estar llenos de empatía entre ellos, uno comenzó con decir que este gobierno estaba peor que los anteriores, que era un desastre. Otro asentía con la cabeza y lanzaba el siguiente dardo: Va a correr a muchos empleados del gobierno a diestra y siniestra, el antecedente ya se había visto en hacienda y en la policía federal, es más estaba a punto de contratar médicos cubanos para reemplazar a los mexicanos. Como si se tratase de una competencia, un último dardo fue lanzado, dispuesto a darle más cerca del blanco: No olvidemos que el presidente ya quitó el apoyo a las guarderías, va a militarizar al país, está quebrando PEMEX, está regalando “nuestro” dinero (de los impuestos) a los “ninis” y a campesinos que no hacen nada, en lugar de eso debería enseñarlos a trabajar, esto nos llevará a una recesión económica. Su conclusión: Es un presidente autoritario que no sabe gobernar.

Al verme callado preguntaron, y tú, ¿Qué opinas? Mi expresión lo dijo todo, sin embargo, mi respuesta se concretó a una sencilla pregunta: ¿Dónde vieron o leyeron todo eso?

Su reacción no se hizo esperar y todos entre atropellos, al querer dar su opinión al mismo tiempo soltaron: Lo escuché en la radio, ayer en el noticiero nocturno, lo han estado diciendo en “todos” los periódicos y hasta en las redes sociales. Sus respuestas parecían tenerlos satisfechos, pero yo aún inconforme, solté una pregunta más, ¿Qué noticiero, estación de radio o periódicos son los que comentan? Entre una serie de medios “informativos” estaban Televisa, Reforma, Excélsior, El financiero y hasta las calificadoras Fitch Ratings y Moody’s por el tema de PEMEX.

Mi semblante con asombro soltó la última pregunta: ¿Creen ustedes que todo eso es verdad? Y casi al unísono respondieron que sí, porque son medios “reconocidos” que no tendrían por qué mentir. La continuación de la charla es irrelevante, aunque pienso que sí metafóricamente hablando tuviera que comerme toda esa charla, con seguridad hubiera tenido una severa indigestión. Lo que veo relevante es que este patrón de comportamiento es muy frecuente.
Mi cuestionamiento final tuvo la intención de conocer lo que ellos consideraban como verdad. Sin entrar en aspectos profundamente filosóficos, hay dos conceptos que llaman mi atención alrededor de la verdad: La verdad real y la verdad formal.

La verdad real, es la coincidencia entre una afirmación y los hechos, mientras que una verdad formal puede ser creada por mí (basada en mis intereses, por ejemplo), me la creo y hago que la crean los demás.

La verdad formal, con regularidad es asumida por el imaginario colectivo como “la verdad”. La gente otorga su confianza a los diferentes medios de comunicación y es cuando suelen decir: Si lo dicen en radio, televisión o prensa, es porque es cierto. Dichos medios son conscientes de esta circunstancia y se aprovechan de ella para hacer que ignoremos los hechos (cuando conviene a sus intereses). Así nos convierten en ignorantes de la verdad real.
La mayoría de nosotros tenemos arraigado un prejuicio acerca del adjetivo ‘ignorante’ pues cuando alguien nos llama así, nuestra primera reacción es de enojo. No obstante, esta palabra en ocasiones describe a una persona que ignora algo, no lo conoce o no lo comprende.

Cada vez que un comunicador o medio de comunicación hace que ignoremos los hechos se convierten en Fabricas de Ignorantes, pues su opinión influye en las personas que confían en ellos. Lo que algunos ignoramos es que realmente han creado una “verdad” y la difunden a través de medios formales a los que hemos brindado confianza.
¿Qué pasaría si no delegamos esa confianza? Tendríamos que contrastar las noticias para corroborar su veracidad basada en los hechos, lo cual requiere esfuerzo adicional y un tiempo extra que quizá no tenemos y quien lo tiene prefiere no esforzarse en ello por cierta naturaleza humana. El neurocientífico Estanislao Bachrach indica que nuestro cerebro busca caminos fáciles para evitar desgaste de energía y cuando una tarea requiere mayor esfuerzo prefiere atajos. Por lo anterior, es más sencillo otorgarles confianza a ciertos medios y que ellos digieran la nota por nosotros, lo que hace que nuestra verdad esté basada en sus dichos.

Un ejemplo claro, es el poder que televisa ejerció por muchos años, cuando sus noticieros tenían línea del gobierno. Ellos manipulaban la opinión pública y cambiaban a su antojo la percepción de una persona o un hecho. Por nombrar algunos: El movimiento del 68, la elección de 1988 de Salinas de Gortari ampliamente cuestionada con la famosa “caída del sistema”, el caso Colosio en 1994, el FOBAPROA en 1998, el tele-montaje en el caso de Florence Cassez en 2005, así como la lluvia de spots en las elecciones de 2006 con la famosa guerra sucia de Calderón y en 2012 presentando a Peña Nieto como la telenovela que viviríamos en México. Entre otros tantos eventos, estos en especial desviaron la “realidad” de muchos mexicanos y con ello la dirección de nuestro país.

Televisa

Estas verdades formales, fueron creadas a base de intereses cupulares, se difundieron masivamente por medios de comunicación convencionales y generaron una ignorancia colectiva de los hechos. Pero ¿Por qué prefieren tener gente ignorante? La respuesta fue expresada perfectamente por el expresidente de Uruguay, Pepe Mujica, y envuelve todos sus temores: “Un pueblo educado tiene mejores opciones de vida y es muy fácil que lo engañen los corruptos y mentirosos”. Para calmar sus miedos, decidieron ocultar verdades reales, así el pueblo sería fácil de engañar y el pastel (o país) lo repartirían entre unos cuantos.

Todo lo anterior, centrado en las verdades reales y formales tienen una prima hermana contemporánea denominada posverdad, adjetivo que el diccionario de Oxford vio como la palabra del año en 2016 y que se refiere a las “circunstancias donde los hechos objetivos, influyen menos en la opinión pública que las emociones y las creencias personales”. En el análisis de Oxford, esta circunstancia cambió el rumbo del llamado Brexit y los resultados de la elección en E.U en ese año.
Las Fábricas de Ignorantes, actualmente llamadas ‘medios chayoteros’, han reforzado sus productos a base de verdades formales y posverdades. La mala noticia para ellos es que nosotros tenemos otro poder aún mayor: Quitarles los insumos para dejarlos sin producción, con la facilidad que hoy tenemos para conocer más e ignorar menos, gracias a las benditas redes sociales.

Todo este análisis me hizo recordar la frase del personaje que caracteriza a José Córdoba Montoya en la película Colosio y que resume a la perfección el caso: “La gente creerá lo que tenga que creerse”.
Y tú: ¿Creerás todo lo que tengas que creerte?

AQUÍ ENTRE NOS…
Con todo lo anterior no me queda más que hacer una afirmación: También yo SOY UN IGNORANTE, con toda humildad puedo decir que NO SOY SABELOTODO. En adelante, los temas donde desconozca los hechos trataré de no polemizar aceptando con sencillez mi ignorancia en la temática. Aceptaré que no sé y no tendrá ciencia, pero si tendrá plena conciencia.

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