Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

Cuando en la campaña de 2018, el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, mantuvo la propuesta que exponía desde 2006 sobre rehabilitar y construir refinerías en el país para lograr soberanía energética, muchos opositores, por ejemplo Ricardo Anaya, le criticaron por no mirar al futuro de las energías limpias.
En el contexto de la emergencia sanitaria por el Covid-19 en 2020, el precio del petróleo caía hasta números negativos, debido a la baja de la economía y a una guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita; se decía que empresas canadienses incluso ofrecían pagos por llevarte su petróleo debido a que ya registraba históricos números en negativo.
En aquel momento, claro que los defensores de las energías limpias, que huelga decir, se encuentran en pañales y aún resultan inaccesibles para gran parte de la población, levantaban sus voces triunfantes sobre los proyectos estatales por reanimar en mercado interno del petróleo.

Pero qué pasó en 2022. Rusia, el tercer productor de petróleo del mundo, decidió lanzarse contra Ucrania y desató una crisis política que no ha decantado en una guerra internacional, precisamente por las garantías que dan las interconexiones económicas. ¿Cómo Europa atacaría al país que genera la mitad del crudo que compra?
Para Estados Unidos, el petróleo ruso sólo representó, en 2020, el 3 por ciento de su importación; sin embargo, esto no influyó para que el país norteamericano diera uno de los pasos más vergonzosos y humillantes de su historia moderna: pedirle crudo a Venezuela.

Desde los tiempos de Hugo Chávez, la nación bolivariana ha sido el chivo expiatorio de América Latina para criticar a la izquierda, al socialismo, al progresismo, entre otros tantos conceptos; se les ha tachado de populistas y voladores de Derechos Humanos, pero a la primera vuelta de tuerca en el mundo, el país de “la paz”, “la libertad” y “la democracia”, dobla las manos demostrando que sus convicciones se le vienen abajo muy rápido.

Cuba ha soportado un embargo económico desde 1959, cuando el primero de enero, ingresó a La Habana el primer contingente de revolucionarios que derrocaron a Fulgencio Batista. Venezuela, desde 1999 también ha sufrido las consecuencias de un gobierno opositor al imperialismo estadounidense; tantos países en el concierto internacional que se resisten a los países potencia, y Estados Unidos, no aguantó ni medio el defender sus principios e ideales.

¿Nos habla de un país pragmático?, sí; ¿nos habla de un país hipócrita?, también. Este movimiento de la Casa Blanca es penoso para los que siempre han apoyado el asedio de Estados Unidos al país que, como primer medida para considerar las exportaciones de petróleo a EU, pide el reconocimiento de Nicolás Maduro como presidente constitucional, terminando con el circo que significó el caso Juan Guaidó.

Pero, por otro lado, volvemos a la hipocresía de los defensores a ultranza de las energías limpias. Por supuesto que estas nuevas formas de generar electricidad, movilidad, y muchas otras necesidades libres de contaminantes, son urgentes para el planeta, pero la realidad nos demuestra que aún no se puede hacer la transición a nivel masiva, y el hecho de que el petróleo esté al alza, así como ver a Estados Unidos a expensas de Venezuela, son ejemplos de ello.

Ya lo habíamos visto en septiembre de 2021, cuando en Reino Unido una huelga de repartidores causó una crisis de gasolinas que provocó filas y filas de automóviles urgidos por el combustible. ¿Dónde estaban entonces los autos eléctricos? En las concesionarias, esperando a un millonario que pueda pagar sus altos precios.
Por lo menos, a nivel masivo, todavía en los próximos 50 o 100 años se requerirán los hidrocarburos provenientes del petróleo, por lo que, volviendo al punto, proyectos como la refinería de Dos Bocas o la compra de Deer Park, no suenan tan mal, menos aún en el escenario internacional actual.

Por Columnas

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