La derecha hizo su mejor esfuerzo para llevar a cabo su manifestación pública en una marcha que juntó alrededor de 50 mil personas en el Ángel de la Independencia, que en las siguientes dos horas se fue marchitando a lo largo de 5 cuadras, para convertirse en una grupo de tal vez unos 10 mil manifestantes llegando al Monumento de la Revolución, que terminó en una pequeña reunión de 700 asistentes al mitin donde algunos escucharon el discurso de Woldenberg, uno de los padres de la simulación electoral.

Sin dejar pasar la incongruencia que implicó para los paladines de la dependencia haber escogido para reunirse precisamente el monumento de la Independencia, en lugar de hacerlo por ejemplo en torno a algún símbolo de la corrupción como la Estela de Luz, que sí los representa, como era de esperarse su mayor manifestación no estuvo en las calles sino en la redes sociales, haciendo un gran escándalo para presumir en forma fanfarrona la reunión imaginaria de cientos de miles y hasta millones de personas, algo que sólo ellos vieron.

Sus representantes en los medios más luminosos, calcularon ríos de personas cuadriculando el área de las 5 cuadras por donde transitaron, como si todo hubiera estado ocupado permanentemente, aglomerando hasta 4 manifestantes por metro cuadrado, omitiendo árboles, camellones y mobiliario urbano, que les estorbaba para que los cálculos dieran como resultado hasta 600 mil asistentes. Aplicando la máxima de su gurú Pedro Aspe, en la que si el modelo no se ajusta a la realidad es peor para la realidad.

Las redes sociales se inudaron con cientos de miles de mensajes pagados, que junto con los de algunos entusiastas sinceros, la ocuparon durante los siguientes 2 días, hasta que los mismos ciudadanos hartos de tanta exageración, sugirieron que la izquierda organizara su propia marcha para el 27 de noviembre, para que la derecha comprobara nuevamente lo que significa manifestarse en las calles y no mandando mensajes desde su sillón favorito.

Para su desgracia el mismo presidente López Obrador les tomó la palabra; cambió la fecha de su 4º informe de gobierno para el domingo 27 y avisó que él mismo encabezaría la marcha, invitando a todo el pueblo para acompañarlo en defensa de la Reforma Electoral que propuso al Congreso.

Entonces a las luminarias de la derecha les dió un soponcio, reaccionando histéricos y llenos de odio en las redes sociales, acusando al presidente de revanchista y a sus simpatizantes de ardidos. Su marcha que seguía creciendo en su imaginario colectivo y para entonces ya llegaba a los 4 millones, quedó repentinamente olvidada para concentrarse en atacar a la marcha del pueblo.

Por desgracia para ellos, el adoctrinamiento recibido en 40 años de neoliberalismo los dejó llenos de odio, pero les regaló el clasismo y el racismo como válvula de escape catártico a través de la cual expresan su impotencia denostando al prójimo sin distinción, salvo por el color de piel y eso a veces.

Así su miedo a volver a ser exhibidos como minoría moralmente derrotada afloró de nuevo, porque saben que su mejor golpe fue esquivado; el impacto potencial de su máximo esfuerzo estratégico representado por una marcha que trataron de vender mejor de lo que la hicieron, se esfumará como todas las mentiras que han difundido en el pasado. Está muy claro que este 27 de noviembre el tigre va a rugir y va a rugir tan fuerte que ellos ya están temblando desde antes de que lo haga.

Como dijo el filósofo francés Alain: “El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo”.

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Por Erika