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Por: Rafael Redondo
@redondo_rafa

No sé ustedes, pero yo, quedé confundido con las reacciones ambivalentes por parte de Estados Unidos en medio del contexto de las sanciones contra Rusia; por un lado, se lanzan a la cruzada contra el dictador Putin, pero, por otro, Estados Unidos va a postrarse ante otro personaje, a quien se han cansado de llamar dictador: Nicolás Maduro.

Utilicé la palabra “confundido”, para dar un poco de ironía a la cita anterior; en realidad, no me sorprende en lo absoluto.

Estados Unidos, surge como nación y luego se posiciona como potencia imperialista, apoyado en invasiones disfrazadas de justicia, pero justicia divina (si, divina): construyen enemigos, crean una propaganda para convertir a los personajes en el demonio en persona, y toman lo que quieren.

Esta lógica, responde a la lógica fundacional de los Estados Unidos, herencia anglosajona y protestante, de que, es la Providencia, la que los destinó a apropiarse de territorios: el Destino Manifiesto, que dio la fuerza necesaria a los primeros colonos para sobrevivir a una situación extrema en la apropiación de territorios. Voy a utilizar una cita para explicarme mejor sobre el significado del Destino Manifiesto. Traducido en las famosas palabras del columnista John L. O’Sullivan, es “el derecho de su destino manifiesto, de poseer todo el continente que les ha dado la Providencia, para desarrollar su cometido de libertad y autogobierno” (cita de 1845). Sí, es, desde su óptica, una especie de don divino.

Esta idea, llevó a los Estados Unidos a anexarse primero Texas, iniciando una guerra-invasión contra México. Mediante el tratado de Guadalupe Hidalgo del 2 de febrero de1848, México pierde el territorio que hoy es, California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Colorado y partes de Arizona, Wyoming, Kansas y Oklahoma, por una guerra iniciada en 1846, por el presidente estadounidense James K. Polk.

El motivo: colonos estadounidenses se habían apropiado de tierras en Texas, y cuando los oriundos se defendieron, los colonos estadounidenses se inventaron una agresión por parte de México. El suceso terminó con dicha pérdida del territorio. El motivo real, fue que los colonos literalmente se apropiaron de un territorio ajeno.

En 1912, el Presidente Taft, declara: “No está distante el día en que 3 estrellas y 3 franjas, en 3 puntos equidistantes, delimiten nuestro territorio. Una, en el Polo Norte, otra, en el Canal de Panamá y la tercera, en el Polo Sur. El hemisferio completo, de hecho, será nuestro, en virtud de nuestra superioridad racial, como es ya nuestro, moralmente”.

Taft, impulsó la expansión comercial en todo el continente, cambiando balas por dólares, bajo la premisa de que los intereses comerciales estadounidenses, estaban por encima de los intereses de las naciones.

Estamos hablando de una cultura, basada en el “utilitarismo económico”, anteponiendo el “progreso” (desde un punto de vista bastante burdo, claro), a cualquier otro valor humano.

La lista de intervenciones militares estadounidenses en Latinoamérica, es muy larga: comenzó en México; luego Nicaragua, Puerto Rico, Cuba (Enmienda Platt, en la que Estados Unidos, se autoriza a sí mismo, intervenir en asuntos cubanos cada vez que creyera conveniente), Panamá, Haití, República Dominicana, Honduras, Brasil, Guatemala, Bolivia, Chile, El Salvador, Granada, Ecuador, Paraguay, golpe de Estado en Venezuela en 2002, sabotaje posterior al Gobierno de Nicolás Maduro, un intento de magnicidio contra Maduro en 2018 y el posterior desconocimiento del Gobierno de Maduro en 2019. Varias naciones, incluido México, no sufrieron sólo una invasión, sino varias intervenciones militares. “Rápido y Furioso”, fue por lo menos, una injerencia en asuntos de una nación independiente.

Los medios para lograr el cometido, van desde las balas, el dólar, el supuesto terrorismo o las supuestas dictaduras. Cuando Estados Unidos decide que un país está padeciendo una dictadura, inicia la campaña para demonizar al susodicho, aparece la propaganda mediática maniquea de “los buenos contra los malos”, al puro estilo Marvel, y convence al mundo de que hay un peligro que debe ser eliminado.

Hoy, Putin es el susodicho y tuvo que regresar a Maduro al reino de los demócratas por cuestiones prácticas. Maduro, al que antes, no hace mucho, dijo, no reconocer como presidente de Venezuela.

Mientras tanto, todos los medios occidentales nos muestran en ridículo melodrama, los pesares de una pobre Ucrania subyugada por el invasor ruso; pero, un conflicto siempre es una calle de doble sentido y jamás, se nos muestra la versión de Rusia. Así, no es la información. Así es la propaganda.

¿Quién decide quién es un dictador?, ¿quién es más dictador, Maduro o Putin? Realmente asumir varios periodos presidenciales, ¿es una dictadura y por tanto una afrenta a la humanidad? ¿No deben tomarse en cuenta en cada caso motivos de índole cultural local? Sabemos que todo aquello que la cultura occidental no entiende, lo elimina. ¿Dónde queda en el discurso de “las dictaduras” Angela Merkel? ¿No fue Rusia quien dio forma y presencia a muchas naciones de Europa del Este, evitando así, serios conflictos nacionalistas?

El expansionismo estadounidense está poniendo al mundo en riesgo en este momento, así que ya es tiempo de ser un poco más críticos respecto a este discurso trillado de, “hay que derrocar al dictador”, y no caer tan fácil en el “todos somos Ucrania”, porque los costos pueden ser incalculables. Detrás de este asunto de Ucrania, está la filosofía que fundó un país, los Estados Unidos.

Ya en el contexto interno de México, resulta bastante ridículo que la derecha mexicana, se sume inmediatamente a esta campaña propagandística de los Estados Unidos. Quiero pensar, que conocen un poco la historia de México, no somos ajenos a esta manera de reaccionar de nuestros vecinos del norte; sin embargo, personajes como Calderón, Anaya y la banda de Los Whitexicans (o que creen que son blancos) que ya todos conocemos, de inmediato se suman a esta avalancha de ataques en contra de Rusia, sin el más mínimo punto de vista crítico. El caso más patético es el del supuesto pacifista y defensor de los Derechos Humanos, Emilio Álvarez de Icaza, cabildeando con Ucrania para que México los provea de armas, comprando un conflicto ajeno y metiendo al país, por tradición pacifista, en un conflicto que no necesitamos.

Así de fácil, como gorda en tobogán, se compran el cuento de la “pobre Ucrania” con el objetivo, claro, de golpear a López Obrador, aunque, como siempre, el golpe se les regresa por su nula capacidad de hacer política.

La oposición, siendo políticos, deberían no sólo saber Historia, sino también, mostrar una perspectiva un poco menos tendenciosa sobre este asunto de Ucrania o por lo menos, dedicar su tiempo en bajarle a su ira contra el Presidente, y bucear un poco en documentos que fortalezcan un poco su retórica, de lo contrario, seguirán destinados al fracaso.

Por Columnas

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