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Si bien los niveles de desigualdad en México han sido tradicionalmente altos cuando se les compara con los de otros países, a partir de la consolidación del neoliberalismo en México, durante el sexenio de Salinas de Gortari, se dispararon en forma escandalosa.

El índice Gini es un indicador por medio del cual se mide el factor de desigualdad en los países, que se expresa en una escala de 0 a 100, en la que cero indica que hay una igualdad total y 100 que la desigualdad es absoluta; es decir, mientras el número de este índice sea más alto se indica que la desigualdad es mayor.

Antes de 1988, fecha en que Salinas se robó la presidencia de la República, el índice Gini para México era de 48.5 puntos, lo cual es bastante alto cuando se compara con Eslovaquia, donde el indicador tiene el número más bajo del mundo con 20.9, o con Noruega, cuyo nivel es de 25.3.

Sin embargo para 1989, solamente un año después de haberse instalado Salinas en la presidencia, el índice Gini en México ya se ubicaba en 50.6 puntos, lo cual es escandaloso porque un movimiento de 2 puntos hacia arriba o hacia abajo del indicador es sumamente difícil de lograr y normalmente se toman varios años para que esto suceda.

Así, durante ese mismo sexenio el nivel de desigualdad llegó a 52.8 puntos y con Zedillo en 1996 alcanzó el nivel más alto que se ha registrado de la historia moderna de nuestro país, con 53.6, convirtiendo a estos dos priistas sátrapas en los padres de la desigualdad en México y explicando de alguna manera la razón por la que el PRI perdió las elecciones del 2000, aunque el cambio haya sido para peor en muchos otros sentidos.

A partir de estos dos sexenios, la migración hacia los Estados Unidos se disparó y en los 36 años que duró el neoliberalismo en el país, 15 millones de mexicanos se fueron a trabajar a ese país, lo que aumentó el flujo de remesas de dinero hacia México en forma muy relevante, siendo un factor fundamental para que el índice Gini disminuyera en 6 puntos a lo largo de los 22 años siguientes de cuando se ubicó en su nivel más alto, bajando a razón de casi un tercio de punto cada año. Con un ritmo de remesas creciente, para 2018 se ubicaba en 46.7 puntos.

A partir de la llegada del gobierno de la 4ª transformación se establecieron los programas de apoyo social entregados en forma directa, aumentó el empleo a través del desarrollo de los proyectos de infraestructura y el ritmo de envío de remesas se aceleró para alcanzar niveles nunca antes vistos.

Básicamente estos 3 factores incidieron directamente a que en sólo dos años de gobierno, el índice Gini disminuyera en más de un punto, pasando de 46.7 puntos en 2018 a 45.3 para 2020, a pesar de que durante todo ese último año la economía estuvo prácticamente cerrada y de que el país no contrajo deuda adicional para entregar apoyos a los ciudadanos, como lo hicieron en los Estados Unidos, donde el índice aumento una décima de punto, ubicándose en 41.5.

Falta ver lo que hemos logrado avanzar en este sentido durante 2021, porque los datos de este indicador no han sido actualizados todavía, sin embargo, ya en los primeros 2 años de este gobierno el avance en la disminución de la desigualdad se ha llevado a cabo a un ritmo mayor al doble de lo que avanzó durante los últimos 22 años.

Con esto estamos aplicando en la realidad el principio de la 4ª transformación, que establece darle la mano a los que se han quedado atrás para que caminemos juntos. En la medida que logremos seguir haciéndolo, esto nos permitirá comenzar a reconstruir el tejido social que se esmeraron en desintegrar los gobiernos criminales del pasado.

Como dijo alguna vez el Papa Juan Pablo II: “Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad”.

Por Erika