Elecciones, democracia, el ser humano y su responsabilidad ante sí mismo

Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

Este domingo, por fin terminaron las campañas electorales; por fin para este momento ya tendremos una idea de qué partido gobernara qué estados y, muy importante, cómo será la composición de la Cámara de Diputados, a fin de que el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, termine cómodamente su mandato, o que los últimos tres años de su mandato, se le compliquen desde el Legislativo. Sin embargo, y aprovechando la coyuntura, vale la pena reflexionar sobre el papel de la democracia en la sociedad y las distintas aristas que tiene nuestro sistema político.
Es bien sabido que la palabra democracia deviene de la Grecia antigua donde podemos entender este modelo de organización social como “el poder del pueblo”; paradójicamente, en los tiempos de los grandes filósofos y la polis griega, no cualquiera tenía el derecho de votar para elegir a sus gobernantes.

A lo largo de los Siglos, mujeres, trabajadores, las clases bajas, todo ciudadano en la edad pertinente según las leyes de cada país, ganó su derecho al sufragio; sin embargo, y más allá de pensar sólo en el voto de las que alguna vez fueron minorías, gran parte de la estructura política que, por ejemplo, replicamos en México, deviene de la Revolución Francesa, que en sus postrimerías recuperó dos importantes corrientes de pensamiento surgidas en el Renacimiento: el Humanismo y la Modernidad, los cuáles ahora habrían de aplicarse al ejercicio de la administración pública.

Y es que luego de haber transformado su forma de gobierno, Francia requería de nuevas propuestas en la organización comunitaria, motivo por el cuál también surge el Positivismo del Siglo XIX, que aplicaba el método científico a los estudios sociales para, de alguna forma, entender qué era lo mejor en aras de evolucionar como grupos, países o naciones.
La suma de estos tres factores trajo consigo la idea de que el ser humano debería ser el salvador del propio ser humano; con la caída de la Monarquía en Francia, los positivistas, los filósofos alemanes, las corrientes de pensamiento anarquistas y comunistas, teorizaron sobre la responsabilidad que tendrían las personas en el poder ahora que ya no había un decreto divino para elegir a los gobernantes.

“Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿Quién limpiará esta sangre de nosotros?”, dice Friedrich Nietzsche en “Así habló Zaratustra”, y aunque podemos darle montón de interpretaciones a la frase, como en general a la filosofía, una de ellas es que el ser humano ha desaparecido a Dios para tomar las responsabilidades que antes le eran otorgadas: un ser humano más responsable de su devenir, más a la manera del protestantismo.

¿Y qué hizo el ser humano con la responsabilidad de gobernar a sus iguales? Precisamente, la corriente posmoderna del Siglo XX, nacida con la Escuela Crítica de Frankfurt, fundamenta que se generaron guerras, hambrunas masivas, violencia, dominio por la fuerza sobre territorios más allá de las fronteras que delimitaban a las naciones; en las Conferencias de Berlín (1884-1885), las potencias europeas plantearon la repartición de África, como si les perteneciera su gente y su tierra; con el tratado de Sykes-Picot, Francia y Gran Bretaña marcaron la división de Medio Oriente, violentando sus creencias y sus formas de organización, y qué decir de Adolfo Hitler y el nazismo en Alemania, una de las etapas más pobres en cuanto a humanidad se refiere.
Así el sufrimiento de los palestinos, de los kurdos, de los mapuches, de un montón de grupos indígenas nos demostraron, según la posmodernidad, que el ser humano no es capaz de hacerse cargo del mismo ser humano.

Esta reflexión parece pertinente luego de que millones de mexicanos salimos a votar, con la esperanza de que, esos que aspiran a ser servidores públicos, entiendan la responsabilidad que andan pidiendo, se les otorgue; el ex presidente uruguayo, José Mujica, dijo muchas veces que quien quiera hacerse rico, puede poner una empresa, porque el gobierno es para servir a la sociedad, no para enriquecerse. Con pena vemos nuestra historia repleta de personajes como Emilio Lozoya, Carlos Salinas de Gortari, Javier y César Duarte, Rosario Robles, y demás nombres impresentables cuyo digno papel como administradores de la sociedad prefirieron cambiar por unos cuántos pesos, y uno quiere pensar que tanta gente votando es porque hay esperanza de que cambien las cosas.

Columnas

Columnistas invitados en Sin Línea