El surrealismo opositor

Por Rafael Redondo
@redondo_rafa

El pasado fin de semana conversé con una amiga alemana que ha vivido en México durante diez años y me compartió su sorpresa ante lo risible de las expresiones opositoras al actual gobierno. Debatimos acerca del mítico “surrealismo mexicano” al que yo asocio con la capacidad del mexicano para satirizar frente a la propia desgracia; pero, ¿el espectáculo que está dando la oposición tiene alguna relación con ese “surrealismo mexicano”? Hagamos un repaso de los casos más emblemáticos y quiero advertir que por motivos de espacio voy a tomarme la licencia literaria de pecar de reduccionista al utilizar algunos conceptos que requerirían de profundización.

LOS ABAJOFIRMANTES
La aparición de un desplegado donde 650 personas asumidas como intelectuales, entre ellas dos o tres muertitos y otros que no firmaron pero igual aparecieron donde están, para variar los mismos habitantes del Olimpo de siempre quejándose de la ausencia de libertad de expresión. El desplegado apareció en todos los medios incluida la Mañanera. Es decir, no hay libertad de expresión pero el desplegado aparece hasta en la sopa. Uno de los “abajofirmantes” le dice pendejo al presidente, otro quiere quemar gente en el Zócalo y siguen hablando en los medios, ¿cómo es entonces la ausencia de libertad de expresión?

LOS HACEDORES CULTURALES
Y sigue el show. Se supo siempre que era interés de este gobierno eliminar los fideicomisos públicos, el proceso se aceleró por la pandemia, señores si no hay salud no hay nada. Y entonces levantan la voz los aludidos o que se asumieron como aludidos con presencia mediática (me pregunté de inmediato si Laura Zapata cabe en este cajón de hacedores culturales).
Me surgió una pregunta, ¿un artista de verdad produce gracias al dinero y solo debido al dinero?
Le damos demasiado valor al dinero, pensé y ahora me extiendo sobre el tópico. Luego vino la sorpresa, ¡qué concepto tienen de cultura los que se ufanan de ser “hacedores de cultura”.

Cultura (pecaré de reduccionista) es el resultado de la transformación que una persona o grupo hace de su entorno con propósitos de supervivencia. Todos hacemos, producimos cultura para beneficiarnos del entorno. Aprendemos lecciones, construimos conocimiento y transformamos.

Por otro lado, arte es la manifestación más sofisticada de esa transformación. Cultura la logramos todos, arte sólo unos cuantos. Pensemos en dos artistas mexicanos, como artistas sus obras no germinaron sobre un colchón de dinero, surgió en otro lado. Sor Juana Inés de la Cruz creó una obra monumental pese a tener su realidad en contra. Juan Rulfo, en una sola novela pequeña logró construir un universo extraordinario, intenso, profundo, bello. Sus obras habrían visto la luz de una manera u otra porque ambos poseen una habilidad especial, el impulso creador. No fue debido al dinero.

Pasemos ahora al cine por ser un caso especial y porque muchos de los que se sintieron ofendidos pertenecen a este gremio. El cine es arte y/o entretenimiento, espectáculo. Pocos trabajos abarcan las dos facetas (se me ocurre Macario y Viridiana). Estamos de acuerdo que hacer cine es caro pero el entretenimiento no es arte es industria, requiere de creativos no necesariamente de artistas. Creatividad no necesariamente es arte no se confundan.

La industria del cine en México está en la lona (refiriéndome a la industria, ojo no al cine como expresión artística) pero se debe justo a la confusión de conceptos de quiénes ejercen el oficio; el creativo del cine necesita un plan de negocio donde identifique a su mercado potencial para construir y fortalecer una industria pero una industria no tendría por qué estar formada en la ventanilla de apoyos al arte porque los propósitos son distintos o ¿el productor de una telenovela debería estar formado pidiendo apoyos gubernamentales?; además acuérdense que muchos de ustedes no quieren saber nada relacionado con Comunismo.

Vamos por partes, Comunismo (peco de reduccionista) en economía es un sistema donde el Estado controla los medios de producción. Lo contrario es Liberalismo económico, aquí el Estado está fuera de la economía. Y viene el absurdo no sólo de creativos y algunos actores, de mucha gente. Vociferan contra la participación del Estado en economía y detestan los apoyos a jóvenes pero cuando en su imaginación desaparecerán los apoyos a creadores que técnicamente es participación del Estado entonces enloquecen de irá. Por fin, ¿somos o no somos?

En realidad la desaparición de fideicomisos no desaparece los fondos.
Gráficamente:

TRAYECTORIA DEL DINERO HOY:

SHCP-FONDO–INSTITUCIÓN FINANCIERA–DIRECTIVOS DE DEPENDENCIAS–BENEFICIARIO

TRAYECTORIA DEL DINERO SIN FIDEICOMISOS:

SHCP-FONDO–BENEFICIARIO

¿Desaparecen los fondos? No, ¿están evidenciando sus carencias? Desde luego. ¿Se puede auditar a cada uno de esos fideicomisos? Sí pero, extraño que muchos de estos actores sobre todo (por cierto, los mismos que aparecen siempre en las películas y que crearon un círculo cerrado donde nadie más irrumpe sólo una élite) hoy se percaten de que era necesaria una auditoria, ¿por qué no lo solicitaron antes?

FRENAAA LA ESTRELLA DEL ESPECTÁCULO

El colmo del espectáculo opositor, entre Dada y Teatro del Absurdo. Este grupo de gente que se reúne alrededor de un personaje siniestro no sólo hace el ridículo, esconde un discurso incluso bastante oscuro e incluso blasfemo.

Revisemos algunas de sus expresiones: “Muera el Comunismo” cuando no existe ni siquiera una expropiación (ya mencioné Comunismo antes) y los empresarios más importantes del país están trabajando con el Gobierno Federal, ¿de dónde sale el fantasma comunista? Ridículo. “No quiero que me gobierne mi sirvienta” ya suben de tono las cosas, este lema es un tesoro del racismo y el clasismo en México. Ofensivo, discriminatorio y lo dicen sin siquiera mostrar un poco de pudor.

“Que se muera López”, se ufanan de católicos pero ¿Qué no un mandamiento es No matarás?, ¿en la misa se enseña a desear la muerte a las personas?, ¿Qué religión practican estas personas? Hacen gala de un lenguaje robusto: kk’s, fin. “Viva Cristo Rey” lema de la persecución religiosa en los años veinte del siglo pasado, pero, ¿Cómo es la persecución religiosa contemporánea? ¡Ah, es que no existe! “Que no regalen dinero a los huevones” y aquí la blasfemia.

El centro del Evangelio Católico es practicar la empatía hacia el prójimo sobre todo el más vulnerable, ¿no era eso lo que hacía Cristo?, ¿no lo acaba de poner el Papa por escrito en su encíclica Fratelli tutti?, ¿no la frase célebre de la Madre Teresa es “dar hasta que duela?, ¿a qué van a misa los domingos?

“Estamos viviendo una dictadura” ¿alguna de estas personas escucharía el significado de Francisco Franco?, ¿Cómo se vive una dictadura con más del 60% de aprobación? “Estamos salvando a México” y hasta lloran. ¿Cómo salvas a un país que sólo habita en tu cabeza?, ¿se salva a un país pasando sobre la decisión de la mayoría aniquilando la democracia por los berrinchitos de unos cuantos? Gracias, yo paso.

Refunfuñan por los muertos por la pandemia, exigen ya una economía rebosante y además quieren hacer arte, ¿de verdad esta gente no dimensiona el impacto de la crisis covid en el planeta?, ¿cuántos muertos son razonables ustedes expertos en el ridículo? No señores, Disneylandia no existe en esta dimensión.

En realidad detrás de esta oposición no hay razón sólo ira (Pecado Capital por cierto). Ira por el racismo y clasismo que por fin tiene rostro, una ultraderecha que cosecha lo que sembró por permitir que la política se convirtiera en una industria rentable, que pasó por alto el hecho de que las élites siempre son numéricamente inferiores, por permitir que la pobreza se tragara a buena parte de la población y hoy la bomba les estalló en la cara; por vivir felices como esclavos del Miss Clayrol repudiando y colmando la paciencia a quienes son en realidad mayoría en el país un país que ni conocen y peor, olvidaron educarse para poder construir y sustentar un discurso opositor. Se confiaron y hoy pagan las consecuencias. Este espectáculo no es surrealista, se parece más a un vodevil barato, cómo película de ‘ficheras’.

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