Por: Rafael redondo
@redondo_rafa

Con el asunto de la supuesta casa en Houston del hijo del Presidente, el racismo más recalcitrante del mexicano no tardó en hacerse presente en memes y comentarios, acusándolo de naco, prieto, gordo, feo. Cuando revisé las fotos de muchos de quienes se mofaron de estas características que, según ellos tiene el hijo del Presidente, resulta que, entre sus insultos y su propia imagen, no había diferencia.

De acuerdo a sus propias palabras y subrayo, de acuerdo a sus propias palabras todos cabían perfecto en la descripción de prieto o gordo; pero, no se dan cuenta, parecen no tener conciencia de su propia imagen real; no la que está debajo de cirugías de nariz, tintes o filtros.
Tuve la impresión de que su actitud obedece a un TDC, Trastorno Dismórfico Corporal o Dismorfofobia (pensamiento obsesivo centrado en algún defecto físico real o imaginario), lo que nos hablaría de que nuestro racismo es un asunto realmente serio: las personas no tienen claro su origen étnico y creen o se esfuerzan por engañarse con poseer un aspecto físico completamente irreal.

Además, la etnia no es un asunto relevante para transitar por la vida.

El racismo mexicano es de los peores que existen. El racismo en Estados Unidos, por ejemplo, es externo: los blancos repudian a los afroamericanos, los latinos no quieren mucho a los chinos, los afroamericanos no toleran mucho a los blancos; es decir, es un racismo hacia ellos, los otros. En México, el racismo es hacia uno mismo. Este sentimiento, termina provocando el odio personal cuando estas personas se miran al espejo y culmina en la evasión, en creer que se posee un físico irreal, producto de la imaginación.

Los tintes de pelo, el maquillaje exagerado, los filtros para aclarar la piel en las fotos, las cirugías plásticas y sobre todo, burlarse de tus propias características cuando las descubres en otra persona, son evidencia clara del repudio que muchos mexicanos experimentan hacia sí mismos.

Todos se regocijaban burlándose de la imagen para ellos desagradable del hijo del Presidente, pero la gran mayoría era un clon de esas fotos que utilizaban para denostar a una persona. Al final, se estaban mofando o mostrando repudio hacia ellos mismos.

México ocupa el segundo lugar en el mundo en índices de obesidad, y más del 80% de los mexicanos somos de piel morena; pero cualquiera que leyera los comentarios en los que se burlaban del hijo del Presidente y no entendiera la lógica del mexicano, creería que el país está habitado solamente por los hermanos gemelos de Marilyn Monroe y Brad Pitt.

Respóndete a ti mismo las siguientes preguntas y trata de ser lo más honesto posible contigo mismo:

¿Quién tiene la piel más clara te parece más bello?

Si eres de piel morena, es porque tus padres son morenos: ¿qué sientes hacia tus padres?

¿Vale más una Marilyn Monroe en “Una Eva y Dos Adanes” que una Dolores del Río en “María Candelaria”?

Resulta curioso que, en visitas por Europa, me encuentro con personas que desean tener piel morena y les atraen las personas con rasgos indígenas, mismos rasgos que el mexicano promedio desprecia. Un mexicano de piel clara en Europa, es una persona “del montón”.

Las razones de este auto rechazo, debido a la etnia, puede tener varias causas: los vencidos en la Conquista fueron los morenos, una estratificación por castas durante la Colonia que evidentemente no hemos superado. El reforzamiento continuo y reiterado durante décadas por parte de medios de comunicación y la publicidad, de que el blanco es más bello más listo y adinerado. La ausencia de esfuerzos de ciertos sectores de la sociedad por darle valor a los pueblos originales de América, devolviéndoles la categoría que sí merecen. La falta de esfuerzos por parte de académicos o de las iglesias, por ejemplo, para desmontar la idea de que el dinero es el valor máximo que puede tener un ser humano: el mexicano promedio tiene asociado el dinero, el poder económico con la piel blanca.

Aunque muchos siguen negando que el racismo en México existe (lo escuchamos de algunos pensadores que no acaban de integrarse a la actualidad) lo real, es que vivimos un racismo intenso y se hace cada vez más evidente su presencia. Pero no sólo eso, poco a poco nos damos cuenta de que su fuerza es mucho más intensa y por supuesto, es más dañino o patológico de lo que pensamos o por lo menos, de lo que personalmente creí.

Lo cierto es que mientras tú, que cuando te ves al espejo, ves a una ficticia Marilyn Monroe y no a tu María Candelaria real, estás perpetuando un sufrimiento innecesario. Nadie puede lograr momentos de plenitud sintiendo repudio hacia sí mismo.

Por Columnas

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