Usted está sentado en su sillón favorito. Ya ha acercado las bebidas y botanas preparadas anticipadamente para disfrutar de un buen espectáculo.

Luchadores, boxeadores, o equipos de futbol que competirán buscando el triunfo ese día, aparecen en escena, e inician su actividad. Usted está contento frente al televisor. El suceso será memorable.

De repente, uno de los contrincantes comete una falta y el árbitro en el evento, dice no haberla visto, aunque ésta ha sido evidente para todos. Bueno, se dice usted, un error lo comete cualquiera.

A los pocos minutos, el árbitro señala una infracción que de ningún modo existe. Y es severo en su señalamiento. Penaliza al contrario, que es por cierto el mismo afectado con su decisión anterior. Usted se molesta. No es posible que en tan poco tiempo, se den dos fallas que afectan el curso del evento.

La indignación que usted muestra, se va incrementando minuto a minuto. Es evidente que el árbitro se ha convertido en el actor principal y está inclinando la balanza y el resultado, en favor de uno de los competidores.

La imparcialidad está fuera de cámaras y lo único apreciable, es la forma vergonzosa en que el árbitro favorece al equipo que tiene licencia para infringir toda regla en el juego.

Usted piensa que con seguridad, el participante que está siendo perjudicado con cada decisión arbitral, acudirá ante la autoridad del deporte, para inconformarse tanto con el rival, como con un árbitro que se ha puesto la camiseta de su oponente. Pero eso será mañana, pasado mañana, o más adelante. Hoy el juego va a definirse injustamente, porque no hay más autoridad en el terreno de juego, que esa caricatura que dice ser representación de la autoridad.

La tarde se echó a perder y usted termina viendo el resto del encuentro de mal humor. No se trató de la justa limpia y de calidad que esperaba.

El juez se vendió evidentemente y uno de los bandos compitió contra un equipo que traía un jugador de más.

Fue un espectáculo vergonzoso y reprobable.

Este episodio deportivo, puede trasladarse con facilidad al terreno político.

El mismo escenario en casa, donde se atestigua una contienda electoral que alcanzará su punto culminante el día de la votación. Pero antes de esta fecha, hay “asaltos”, “caídas”, o “periodos iniciales”, que dejan constancia de la calidad competitiva de los participantes, así como del papel que juega a cada momento el árbitro electoral.

Las elecciones que tendrán lugar en seis Estados del país, han avanzado mucho en el terreno de juego y es evidente que hay un contrincante muy débil, que intenta ganar de cualquier manera, aún pasando por encima de las reglas que garantizan el juego limpio.

Del otro lado, está el partido político más atacado por la autoridad electoral y sancionado por cualquier pequeña falta que se cometa en la ruta hacia el día de la votación.
Morena es una fuerza política vigorosa, con un amplio respaldo social. Podríamos decir sin temor a equivocarnos, que la fortaleza de los candidatos de Morena, es directamente proporcional al rechazo y repudio social que viven a diario los candidatos opositores.

Sin embargo, la actitud del árbitro es inequívocamente parcial y en favor de los jugadores que compiten defendiendo la camiseta de Claudio X González y de los grupos de poder, que este oscuro personaje representa.
Han aparecido videos donde pueden verse camionetas repletas de despensas, listas para ser repartidas entre los ciudadanos de distintas localidades, a cambio de copia de la credencial de elector, o de la promesa del voto en favor de candidatos de la coalición opositora.

Son faltas graves, sobre las cuales, el Instituto Nacional Electoral no se ha pronunciado.

Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, tan “habladores” y propensos a la declaración inmediata, cuando se trata de faltas que afectan los intereses del partido formado por el hoy presidente López Obrador, han guardado silencio cómplice hasta este momento.

Se encuentran atrincherados en su “cubil del lobo”, dentro de las oficinas del INE, igual que Zelensky y sus neonazis, en su bunker en Ucrania.

Son varios los videos que está haciendo públicos la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, en donde se escucha con claridad la voz de Alejandro Moreno, admitiendo haber cometido actos de corrupción, que incluyen el uso de recursos de procedencia ilícita en la campaña del 2021 y el Instituto Nacional Electoral, no ha dicho algo al respecto.

Ni una palabra.

Y la intención es clara. Los consejeros del INE, Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, representan al árbitro vendido del partido, que juega en favor de los intereses opositores.
A unos días de las votaciones del 5 de junio, no quieren manchar (¿más?), la imagen de los candidatos del PRI-PAN-PRD y menos la de los partidos políticos de la derecha, que están luchando por rescatar cualquier pequeño triunfo que milagrosamente les caiga.

El INE fue severo en demasía en las elecciones del 2021, con faltas menores que tenían que ver con los candidatos de Morena. A quienes competirían por ese partido en Guerrero y Michoacán, los bajó de la contienda por supuestas infracciones de dudosa existencia.

Hoy que es flagrante el “mapacheo” por parte de la coalición opositora, nada dicen.

Hoy que hay testimoniales del propio presidente del PRI, en donde habla de uso de recursos provenientes de fuentes no legales, tanto Lorenzo Córdova, como Ciro Murayama cierran la boca, para no afectar al amigo. Al cómplice. Al compañero de causa.

Es evidente la parcialidad del INE en esta elección, como lo ha sido también en el transcurso de elecciones pasadas.

Como buenos demagogos, Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, escupen a diario la palabra “democracia”, como justificación a sus actos indignos.
Ellos no son la democracia, ni la representan en manera alguna.

Son dos burócratas bien pagados, que bailan al son de quien los colocó en el cargo.
La democracia jamás ha habitado dentro de las paredes del INE.

La democracia es PUEBLO y está en la calle y en los domicilios de millones de mexicanos.

El INE corrupto está por irse, sino en lo que resta de este sexenio, en el que le sigue.

El gobierno de la Cuarta Transformación busca dar continuidad al proyecto de cambio y hay cuadro suficiente, dentro de Morena, para conseguirlo.

Una de las premisa para alcanzar la verdadera democracia, es desaparecer al INE, o transformarlo de raíz, arrancando toda la yerba parasitaria.
Este 5 de junio, a pesar del INE, triunfará la democracia una vez más.

Y si el silencio de los consejeros se mantiene para entonces, será buena idea proceder en contra de ellos, por encubrir delincuentes electorales y respaldar acciones de fraude electoral, en favor de la derecha corrupta.

No hay que perderlos de vista.
Tenemos al peor árbitro electoral del mundo.

Malthus Gamba