El gran atraco de los órganos autónomos

Por Miguel Ángel Lizama
@Migueliz8

Pocos atienden a un hecho relevante del saqueo efectuado por los voraces gobiernos del PRI y del PAN durante 36 años. El afán privatizador de la tecnocracia neoliberal creó “ÓRGANOS AUTÓNOMOS” para cada uno de los cuales se hizo una LEY específica y se le dotó de PATRIMONIO PROPIO. Sólo que ese “patrimonio propio” era PROPIEDAD DE LA NACIÓN (ni siquiera del Gobierno), que fue desincorporado para que cada Ley tuviera “materia” y el órgano autónomo contara con “su patrimonio”. El juramento de “mirar en todo por el bienestar y la prosperidad de la Unión” se arrumbó por inservible.

De ese modo, a la Comisión Reguladora de Energía (CRE), junto con su LEY creadora, se le entregó el producto refinado del petróleo y la electricidad, mientras que a la Comisión de Hidrocarburos (CNH) se le dio como patrimonio el petróleo y sus yacimientos previos y futuros. Al tener su “patrimonio propio” los órganos autónomos ejercieron la propiedad y pudieron disponer de ella a su arbitrio, estableciendo concesiones, tarifas, condiciones, y actuando como una especie de reguladores del “mercado” respectivo. Cada uno armó su enorme y costoso aparato burocrático, con grandes sueldos, oficinas lujosas, canonjías de todo tipo… por hacer NADA. La Nación Mexicana, propietaria original de los recursos de todo el territorio en aire, mar, suelo y subsuelo, sencillamente fue despojada “por mandato de Ley”, para corporizar los Órganos Autónomos, en otro abuso artero del PRI y el PAN contra el pueblo de México.

Lo mismo sucedió con el Instituto Federal de Telecomunicaciones, que con su LEY obtuvo el dominio del espectro radioeléctrico y de las telecomunicaciones que lo utilizan mediante concesión gratuita u onerosa, según considere en votación colegiada el IFETEL, que actúa como árbitro del uso que los concesionarios le dan al patrimonio concedido, para tranquilidad de “los mercados”. Donde antes el pueblo de México ejercía su soberanía por conducto del gobierno y sus dependencias, se trasladó a un Órgano Autónomo como patrimonio propio, aunque compartido con “los mercados”, cuyo personal y operadores se adueñaron de todo su entramado funcional y administrativo.

Por eso resultó absurdo que el Presidente elegido por más de 30 millones de mexicanos, tuviera que pedir AUTORIZACIÓN a un órgano autónomo impuesto por el PRIAN, para usar los tendidos de fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad pagados con Presupuesto Público, a fin de llevar conectividad a todo el país. Vivo ejemplo de “patos tirándole a las escopetas”.

Se plantean estos ejemplos de atracos del PRI y el PAN, no sólo por ser los más representativos, sino por la importancia que tienen en el desarrollo del país y su repercusión económica interna y externa.

Esto quedó de manifiesto con los problemas enfrentados por el nuevo gobierno de mayoría democrática de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR al no poder rescatar a Pemex y CFE para los mexicanos, sin enfrentarse con la CRE y la CNH que reclamaron “su propiedad”, y debió confrontarse con los residuos del PRI y del PAN en el Congreso que vociferaron airados “el atropello dictatorial” a los “órganos autónomos e independientes”.

Prudente, pero decidido, AMLO se atuvo a la Ley y aprovechó su indiscutible peso político con enorme apoyo popular, para combatir simultáneamente el huachicoleo que sangraba los ductos de Pemex, la ausencia de refinación petrolera que servía de pretexto para la importación de gasolinas a precios gravosos y el declive en la producción de pozos concesionados a empresas extranjeras que no invertían un solo dólar (pese a compromisos contractuales que la CNH nunca exigió cumplir), aunque retenían “la concesión” para que PEMEX no los explotara. El PRIAN le quitó a Pemex los yacimiento y pozos de prospección y explotación que el General Lázaro Cárdenas del Río pusiera a su cuidado, para dárselos a la CNH como “patrimonio propio” y que ésta los entregara a empresas extranjeras que ofrecieron grandes inversiones sin realizarlas, según les hizo ver AMLO como razón para hacer lo que ellos no hacían y la CNH no reclamaba.

Otro caso emblema del atraco neoliberal está en el IFETEL, nacido como COFETEL. Salinas de Gortari “privatizó” Teléfonos de México, regalando la enorme inversión de años de Presupuesto Público en infraestructura y recursos materiales que se deterioraban por falta de mantenimiento y los recortes que Salinas aplicó desde que era Secretario de Programación y Presupuesto de Miguel de la Madrid. El precio de la privatización, fijado arbitrariamente (aunque se adujo una “debida evaluación” que nadie conoció), fue pagado con créditos extranjeros obtenidos con la garantía de los certificados que el gobierno entregó antes de recibir el pago. El crédito sindicado obtenido se cubriría con el cobro del servicio ya en marcha, que los prestamistas comprobaron que el Sistema Telefónico del país era excelente garantía. O sea, el público usuario de Teléfonos de México pagó la privatización y el enriquecimiento a nivel de jeque árabe del favorecido con la privatización. TODO PARECIÓ ARREGLADO DESDE EL PRINCIPIO.

Para no inquietar a socios políticos convertidos en cómplices, Salinas de Gortari hizo que el Título de Concesión de Telmex prohibiera su incursión en la teleradiodifusión, para no competir con la hoy Televisa, entonces Telesistema Mexicano y XEW, ni con IMEVISIÓN, privatizada como Televisión Azteca. Las veces que el concesionario telefónico, convertido en uno de los hombres más ricos del mundo, ha intentado entrar a competir en televisión, los bien cebados Consejeros del IFETEL alegan su preponderancia en el mercado para negarle el intento. No importa que Televisa haya mostrado claramente su dominio en televisión abierta y de paga, en un cuasi monopolio protegido por la entidad supuestamente reguladora, que en su defensa alega la existencia de TVAzteca y la reciente concesión dada a los acaparadores Vázquez Raña de un canal subutilizado para no competir con Televisa.

Sin embargo, todo el poder y predominio de IFETEL no pudo proteger a su “regulado” consentido del embate del público y las redes sociales, que con el simple ejercicio de preferencia, desplomaron los ratings, títulos accionarios y credibilidad de la televisora.

La gente, con su control remoto, logró lo que todos los millones e influencias políticas del concesionario telefónico favorito no lograron: Someter la preponderancia de Televisa y el favoritismo del Órgano Autónomo, supuestamente regulador.

Hoy Televisa se debate entre caídas en plomada de sus acciones en la Bolsa de Nueva York, acusaciones penales en Estados Unidos por corruptelas para obtener licencias exclusivas de campeonatos de fútbol, usando el sistema bancario estadounidense, y la pérdida de audiencias que prefieren el “streaming” y canales alternativos sin los vicios que durante años tuvieron sometido el pueblo de México. Karma cumplido.

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