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Escrito por: @LaSeñora

¿Alguna vez pensaron que aquel sueño de ver el fin del PRI se podría convertir en realidad? Aún no sucede el adiós definitivo, pero sin duda el partido político que trascendió durante décadas y generaciones en la política mexicana está al borde de la desaparición por decisión propia. ¡Y qué bueno, qué justo!

Seamos claros, el PRI es un de las instituciones en México que se asemeja más a las cucarachas. Las cucarachas son una de las especies más adaptables a cualquier clima, condición de vida y contexto. El Revolucionario Institucional se había caracterizado por aclimatarse a cualquier rasgo y sesgo político tanto nacional como internacional.

Sin embargo, aquella frase cliché, pero regularmente real que dice: “no hay mal que dure 100 años”, vuelve a estar más que vigente. El proceso darwiniano de adaptación del PRI se acabó definitivamente en el momento en el que decidieron unirse oficialmente a la coalición Frankenstein del junior de edad avanzada, Claudio “Equis Wey” González.

Optaron por oponerse, junto con el PAN, a todo lo que propusiera Andrés Manuel López Obrador, el presidente de México más querido, respetado y respaldado de la historia moderna de nuestro país. Según datos actualizados de Morning Consult, ya está en 70% de aprobación, a 6 puntos de Narendra Modi, Primer Ministro de la India. ¡Ya casi lo alcanza y muy probablemente lo supere!

La verdad es que Alejandro Moreno, mejor conocido como “Alito”, es una de las mejores cosas que le han pasado a quiénes gustamos de la buena política nacional. En cosa de 3 años prácticamente ha desaparecido del mapa al PRI. Ha perdido un sinnúmero de elecciones y gubernaturas, no se diga diputaciones locales, alcaldías, regidurías y hasta jefaturas de manzana. ¡No te vayas nunca, Alito!

Hoy en día, al estilo de los Thundercats, las viejas piezas del priismo, dígase Roque Villanueva, Porfirio Muñoz Ledo, Manlio Fabio Beltrones, Roberto Madrazo Pintado, Dulce María Dino-Sauri Riancho al ver tal descomposición de la Mátrix tricolor han resucitado al coro de: “¡Antiguos espíritus del mal transformen este PRI decadente en Mumm-Ra!”. Siendo ellas, ellos y elles quiénes encabezan la nueva transformación priista.

Se armó un cónclave en la sede nacional del PRI en Buenavista, de la que me dicen, me comentan, me chismean (me encanta el chismecito) que salieron chispas y es que los antiguos espíritus del mal enumeraron una a una las fallas y derrotas del ali-caído Alejandro Moreno. Pero oh, sorpresa, el inefable Alito ya se había blindado en una sesión privada en la que legalmente y ante los estatutos del partido fue elegido por cuatro años más como Presidente Nacional del PRI.

Alito no renunció; al mismo tiempo la Fiscalía de Campeche le inspeccionaba las inyecciones de botox, los chones, las camisetas Versace y los fajos de billetes en una de las casonas de Moreno ubicada en Lomas de Castillo en aquel estado del sur de México.

Ante dicha revisión confirmada por el Fiscal de Campeche, Alito dijo lo suyo: “¡soy perseguido político de la 4T!”. Lo mismo han dicho cucarachas (por adaptables, no se ofendan) de diverso calado: Rosario Robles Berlanga, Ricardo Anaya Cortés, Sandra Cuevas, Emilio Lozoya, entre tantos otros crustáceos cascarudos del viejo régimen que roban y no quieren que se les diga nada y que se les trate de señoras y señores respetables.

El contexto priista se encuentra en constante sismo. La caída inminente de Alito no va a evitar la cantada desaparición del PRI. Posteriormente vendrá una batalla interna en la que Roberto Madrazo, cercano a Claudio Equis González, compadrito de Carlos Alazraki y dueño del medio de comunicación LatinUs, pretende hacerse del tricolor como nuevo juguete para sus aspiraciones personales.

Por otra parte, ha trascendido que el expresidente, Enrique Peña Nieto, ya opera desde España en la elección del Estado de México 2023. Peña Nieto no quiere confrontar al presidente, López Obrador. Su entorno y él mismo saben que hoy en día oponerse al Presidente significan la desaparición política de quiénes lo hagan.

Ante eso, Miguel Ángel Osorio Chong, exsecretario de Gobernación, ha declarado no estar de acuerdo con la llamada “moratoria legislativa” declarada por la coalición Va por México.

Tal cómo lo ha contado el presidente AMLO. Claudio Equis González, fue en el sexenio de Enrique Peña Nieto, uno de los grandes traidores una vez que con la investigación de Mexicanos Contra la Corrupción, sepultaron a EPN con la investigación de la Estafa Maestra. ¡Sí! Claudio se siente tanto, que recibió dinero a carretadas de fideicomisos, le perdonaron impuestos y al mismo tiempo se dio el “lujo” de apuñalar a EPN con dicha investigación de corrupción.

Posteriormente, en mayo del 2018, Claudio junior, Claudio senior y otros empresaurios, acudieron a Los Pinos a exigirle a Peña Nieto hacer un fraude electoral en contra de Andrés Manuel López Obrador y al mismo tiempo declarar candidato único con Ricardo Anaya a la cabeza. Peña Nieto, se negó. Del amor al odio es la larga historia de EPN y Claudio Equis González. ¡Cómo para un libro Vaquero!

Dicha rivalidad es la primera gran afrenta que traerá la elección del Estado de México en 2023.

Los Post-it de la Señorona (o sea, yo):

1. Si en el 2023 Morena mantienen la unidad, el 2024 será una aplanadora. Ahora bien, lamentablemente los principales rivales están dentro del partido y su grupo político empieza con “Ricardo” y acaba con “Monreal”. No perdurará dicho proyecto de fractura desde adentro. Al Senador enojado con el Presidente López Obrador y con Morena, lo abandonarán la mayoría de los suyos.

2. En Tamaulipas los ánimos políticos están encendidos. La protección de diversos poderes hacia Francisco Cabeza de Vaca es un asunto insostenible ante la llegada de Américo Villarreal a la gubernatura del estado. Muchos intereses protegen a Cabeza de Vaca, ¿por qué? Solo hay que acentuar: si cae Cabeza de Vaca; cae el calderonismo. ¿De dónde proviene el dinero con el que protegen con tanto afán al aún gobernador de Tamaulipas?

¡Hasta la próxima, amigues!

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Por Columnas

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