El Coco del PAN: el Comunismo, ¡Boo!

Por: Rafael Redondo
@redondo_rafa

Desde que tengo memoria, en México nunca había sido tan intensa la discusión sobre los asuntos públicos (política) como desde que asumió la Presidencia AMLO (¡Ay AMLO!).
Desde luego que la discusión siempre resulta muy saludable pero nuestra sociedad que por tanto tiempo estuvo aletargada, está evidenciando su desconocimiento en muchos temas (Salud -vaya que en salud se dan unas patinadas bárbaras -, Economía, Derecho, Ecología, Administración Pública, etc.) así que esta vez nos vamos a enfocar en un concepto muy temido pero totalmente desconocido: el Comunismo.

Para la derecha el Comunismo es como el Coco, les aterra y nadie lo conoce. El vocablo va y viene pero parece ser que nadie es consciente de su significado así que vayamos paso a paso.

Existen dos formas de intentar conseguir el bienestar de una comunidad:

A) Individual: los logros individuales se traducen en beneficio colectivo.
B) Comunitaria: los logros del colectivo se traducen en beneficio individual.

La filosofía comunista se ubica en el segundo tipo, inciso B. Existen referencias de pensadores y comunidades que podemos rastrear y que poseen una visión o prácticas con características comunistas. Platón en su diálogo “La República”, el pensamiento cristiano (los creyentes unidos ponen lo que tienen y cada miembro recibe lo que necesita) privilegia al colectivo pero bajo la premisa de una previa conversión espiritual individual que conducirá a una sociedad más justa.

El cristianismo protestante logró en sus inicios atraer la simpatía de campesinos pobres y proponía una sociedad menos clasista basado en las enseñanzas bíblicas.
En el s. XVI Santo Tomás Moro en su texto “La Utopía”, ideó una sociedad basada en la propiedad común y valores cristianos.

En la ilustración, Jean Jaques Rousseau, Maximilien Robespierre, François Babeuf (quizá el más radical con su Conspiración de los Iguales).
Robert Owen en Inglaterra (padre del laborismo inglés).

En América las civilizaciones originales con una visión completamente distinta a la europea, iban mucho más lejos: anteponían el orden cósmico como condición para lograr el bienestar; es decir, el ser humano está obligado a acoplarse a la armonía cósmica. Esto incluye no sólo a la comunidad humana sino a la gran comunidad de entes que habitan el universo entero; por eso en la visión de los mexicas quienes hábilmente lograron recopilar la sabiduría de sus predecesores Olmecas, Toltecas y Mayas para construir su civilización, el Individualismo no existe y el respeto al medio ambiente es muy estricto. Un hombre o una mujer existen sólo en la fusión de ambos. Hombre o mujer están en armonía con el entorno sólo cuando se unen a su contrario y así, ponen en marcha el movimiento que le dará un lugar en el inmenso e infinito girar del cosmos. El orden cósmico fue interpretado por los pueblos precolombinos utilizando la observación de los ciclos de la naturaleza y de los atros para luego construir rigurosos cálculos matemáticos que deberán respetarse porque de lo contrario, sobreviene el colapso de la comunidad pues entrarán en oposición a las leyes naturales.

Marx y Engels dan vida en el papel un pensamiento comunista propiamente dicho. En su texto “El Manifiesto Comunista” plantean en síntesis, eliminar las clases sociales, la plusvalía del trabajo está en función del tiempo que invierte el trabajador en concluir un producto y no en la especulación del mercado Capitalista y sustituir la propiedad privada poniéndola en manos de una asociación enorme: el Estado.

Este mundo onírico en la teoría tiene enormes vacíos que impiden llevarlo a la práctica; por ejemplo, si eres sólo obrero, ¿de dónde vas a sacar las habilidades para organizar, dirigir y hacer funcionar a un ente tan complejo como el Estado? Además, si la propuesta es eliminar las clases sociales con este dilema proletariado-burocracia ya existen de entrada, dos clases sociales. El manifiesto es tan romántico que resulta una utopía.

De la utopía a la distopía:

Cuando este mundo idílico se llevó a la práctica, la utopía se convirtió en su antítesis: una distopía.

Abro un paréntesis para introducir un concepto que resulta indispensable para comprender por qué el Comunismo terminó convertido en el Coco:

Fundamentalismo: seguir una doctrina (religiosa o política) a pie juntillas sin margen para cualquier cambio. Por sus características de dogmática e inamovible, tiende a la imposición intransigente: autoritarismo, dictadura.

La Revolución Bolchevique (posterior Stalinismo) en Rusia y la Revolución Cultural de Mao en China fueron dos formas de llevar a la práctica la filosofía comunista pero, como la misma filosofía tiene conciencia de que llegar a ese nivel de “perfección comunista” es muy complicado, se estableció como su antesala al Socialismo. Es importante contextualizar que ambas sociedades tanto la rusa como la china, vivían en ese momento una especie de Feudalismo tardío y traían a cuestas una población enorme y sumida en la miseria.
Para imponer el Socialismo echaron mano de la Dictadura. Es decir, hacer seguir una doctrina al pie de la letra que ya dijimos se llama Fundamentalismo. O sea, lo que muchos de ustedes siguen llamando Comunismo en realidad es un Fundamentalismo: Un Fundamentalismo que olvidó el propósito Comunista porque era imposible, que olvidó también al Socialismo y se decantó en un Fundamentalismo de culto a la personalidad: Stalin en la Unión Soviética, Mao en China y Kim Il Sung en Corea del Norte.

Una imposición repleta de violencia, corrupción, expansión territorial militar al más puro estilo de los grandes imperios, abusos y autoritarismo. Así, el sueño de una sociedad igualitaria terminó convertida en un Fundamentalismo agresivo donde poco a poco la doctrina socialista pasó a segundo término, lo importante fue la ambición, el uso de la fuerza, el control y el poder. Dictadura y Fundamentalismo son como “Bonnie and Clyde” o como “Viruta y Capulina”. El resto del trabajo para construir la mala fama hacia esta filosofía lo hicieron los Estados Unidos que para lograr su expansión económica, militar e ideológica crearon el mito terrorífico de “la amenaza roja” y así dar credibilidad a la Guerra Fría a mitad del siglo pasado y en nuestros días, para sostener la feroz competencia comercial con China. Para defender su postura invocan a un fantasma que por anacrónico ya resulta ridículo.

Sin embargo, la derecha y la ultraderecha del PAN no deberían asustarse con los Fundamentalismos porque los conocen muy bien: la dictadura franquista en España creció sobre un Fundamentalismo católico de los más rancios y bañó de sangre y muerte al país. La Santa Inquisición producto del catolicismo duro y supersticioso que emergió de la Contrarreforma Religiosa era un Fundamentalismo. El Nazismo alemán fue un Fundamentalismo, el Talibán es un Fundamentalismo religioso. Todos, pertenecen a ideologías de ultraderecha.

Es extraño que entre los panistas otro planteamiento que va y viene y que tal parece, tampoco logran comprender es el de “lo cristiano”. Una ideología como la suya que antepone el éxito del individuo sobre el colectivo, que cree en el ciudadano héroe que en su soledad lo puede lograr todo, cuyo trabajo espiritual está enfocado en la salvación individual (salvación del alma) que poco beneficia al colectivo como el genuino cristianismo lo planteó en sus orígenes. Una mentalidad con gusto especial por acumular bienes (si la verdadera vida está del “otro lado”, ¿por qué dejarse seducir por las vanidades de este mundo?) no importa si en su consecución el honor y la dignidad quedan pisoteadas. El desastre ecológico que atravesamos lo debemos a esta mentalidad que con tal de acumularlo todo (desde bienes hasta conocimiento o información) pasan sobre humanos y naturaleza sin ningún escrúpulo y peor aún, les fascina la mano dura. La única salida que proponen a lo que consideran como incorrecto es la penalización, la multa, el castigo, la represión, la cárcel o la violencia militar calderonista. Consideran que los grupos sociales son un conjunto de individuos inferiores sin voluntad ni razón y que para organizarlos es necesario meterlos en corrales bajo amenaza de golpes si se fugan del “huacal”. Desde esta perspectiva individualista en exceso, ¿dónde está la relación con “lo cristiano”? Su postura y la visión cristiana son mutuamente excluyentes, el agua y el aceite.

El PAN no debería temer al Coco del Comunismo pues el Comunismo al igual que el Coco, no existe. Lo que sí existe es el Fundamentalismo y ya quedó claro que su posición ideológica es de derecha y ultraderecha fundamentalista así que al hablar del Comunismo ficticio, bien podrían echar sus barbas a remojar

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