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Se trata de un video de pocos segundos, difundido en redes sociales. Ahí aparece el canciller Marcelo Ebrard, en compañía de un personaje ligado al medio artístico y conocido como “El Burro” Van Rankin.

Se anuncia una entrevista concedida por Ebrard a dicho personaje, la cual saldrá pronto en el espacio que maneja Van Rankin.
Hay una broma de por medio, donde Marcelo pregunta al actor la razón por la que le dicen “El Burro”, a lo que Van Rankin revira preguntando a su vez, la razón de que al canciller lo nombren “El Gallo”. Es todo.

De inmediato, aparecen en redes sociales críticas a Ebrard, por ese video y sobre todo, por haber concedido una entrevista a un personaje de la “farándula”, ligado a Televisa y a gente identificada con la ultra derecha mexicana, como Esteban Arce.

La crítica sube de nivel y se pone en duda la lealtad de Ebrard a la causa de la Cuarta Transformación, al presidente y al pueblo de México.

Es una ola pequeña en redes sociales, pero que deja ver el tamaño de la tormenta que se avecina, para los próximos dos años.

La situación vivida por Marcelo Ebrard, se va a repetir en el futuro, no solo con él, sino con el resto de los precandidatos de Morena, que compiten por ser los representantes del partido en 2024, en la búsqueda de la presidencia de la república.

“Pureza política” es lo que les están pidiendo algunos.

Claudia Sheinbaum concedió hace poco una entrevista al diario español “El País”, de reconocida inclinación conservadora. Hubo críticas por lo mismo, aunque en menor medida. Después, conversó con Alberto Peláez, el periodista ibérico que se ha presentado en las conferencias matutinas del presidente López Obrador, para defender los intereses de empresas españolas como Iberdrola. Tampoco fue tanto el ruido que generó la entrevista.

A Adán Augusto le hacen estallar un petardo con dedicatoria, por haber expresado la frase: “¿Usted no cree en mí?, pues yo tampoco creo en usted” sacada totalmente de contexto.
Las redes sociales, que en muchos aspectos han demostrado madurez y son vanguardia en lo que se denomina “Cambio de Conciencia”, adoptan posturas extremas en ocasiones.
Y esta conducta obedece según lo veo, a manipulación organizada, impulsada por determinados intereses, para dirigir el debate en redes.

Vamos a recordar hechos claros del pasado reciente.

El presidente López Obrador ha señalado en más de una ocasión, que el alcance de las “benditas redes sociales” es limitado. Las redes han sido y son escudo para gobierno de la Cuarta Transformación. Pero no cubren la totalidad del territorio nacional.

El 30% de la población del país, recibe su información diaria de las distintas plataformas que operan en redes. El grueso de la población, es decir, el 70% que no dispone de servicio de Internet, es dependiente de la Televisión y la radio, enteramente. Ahí se informa de manera permanente.

Las plataformas en redes sociales, tanto en Twitter, Facebook, Youtube y blogs informativos, crecen en número de seguidores. Eso es evidente. Pero su cobertura en territorio sigue siendo la misma. No avanzan un metro más.

Mientras el servicio de Internet no amplíe su cobertura en el país, el 70% del pueblo de México seguirá siendo dependiente de la radio y la televisión.

Si alguien tiene interés en ser conocido a nivel nacional, forzosamente deberá aparecer en los espacios más visitados en estos medios masivos de comunicación.
Y un político, quien quiera que éste sea, en tiempos electorales, es lo que requiere para dar a conocer su propuesta de gobierno.

Llegar al mayor número de mexicanos para darse a conocer, es vital para conseguir el respaldo social que garantice el triunfo electoral.

Claudia, Marcelo y Adán Augusto, ya están en eso. Aparecen en todos los espacios que se abren a su paso. Aceptan invitaciones provechosas y desestiman aquellas que no representan ventaja alguna, o aquellas otras a las que miran con desconfianza, por la forma en que les llegan.

Lo que sucedió ayer con Marcelo Ebrard, se va a repetir pronto con el resto de los candidatos. A algunos no les va a parecer que concedan entrevistas a personajes ligados al conservadurismo. Para ellos eso se mira como un acto de “impureza”.

No deberían aparecer junto a López Dóriga, la gente de Tercer Grado, periodistas de El Financiero y Milenio. Son enemigos declarados de la Cuarta Transformación y es imperdonable la interacción con ellos. No deberían dar entrevistas a comediantes.

Esa perspectiva miope, donde el comunicador asume el papel principal, olvidando que el mensaje político del precandidato es lo importante, tiene sus fieles seguidores.
Aparecer junto a un comediante como Van Rankin, “ensucia” la imagen de Ebrard. Lo muestra próximo a los grupos reaccionarios que son dueños de la radio y la televisión. No importa si cientos o miles de mexicanos, gustan de ver ese programa y atienden lo que aparece en el mismo.

El “medio” deja de ser la “vía” y se convierte en el fin. El mensaje, pasa a ser una acción secundaria y pierde importancia para quienes piensan así.
Vamos a ver a Claudia, Marcelo y a Adán, acudir a cantidad de espacios de comunicación en los siguientes dos años. Es lo que hace un político para promover su imagen y publicitar su oferta de gobierno.
Y nada de eso los va a “ensuciar”, a “devaluar”, ni a desacreditar.

En el pasado, el hoy presidente López Obrador concedió entrevistas a Tercer Grado, a Aristegui, El Financiero, Milenio, Adela Micha, Jacobo Zabludowski en los tiempos de la censura más fuerte y eso no lo manchó, ni lo marcó.

En una ocasión apareció en un programa cómico conducido por “Los Mascabrothers” y planteó su postura política entre algunas bromas, sin prestarse a la burla o la falta de respeto hacia su persona.

Por último, es evidente que quienes monetizan en redes sociales, tienen interés en llevar agua a su molino y por lo mismo, destacan hoy su filiación de izquierda, como bandera que les permita tener prioridad en las entrevistas que conceden los precandidatos de Morena.

Están en su total derecho y nadie los limita.

Pero es evidente que esas plataformas no tienen ni remotamente el alcance en audiencia, que ofrecen la radio y la televisión. El mensaje transmitido ahí llega, con mucho, a un 30% de mexicanos y eso, considerando falsamente que todos quienes tienen servicio de internet, ven sus espacios.

Esas plataformas intentan incrementar su número de visitas diarias. Y se vale.

Pero lo que no pueden hacer, porque no está en sus manos, es incrementar su cobertura. Llegan a espacios sociales muy reducidos.
Ningún político va a renunciar a difundir su mensaje en radio y televisión, solo porque las plataformas digitales así lo piden.
Sería absurdo.

La intención es llegar con presencia y mensaje al mayor número de ciudadanos y no solo al 30% de ellos.

Para ser objetivos, debemos analizar con detenimiento las formas de comunicación que existen en el país. La televisión es el medio de mayor alcance en México, seguido de la radio. Ese señalamiento es del presidente López Obrador.

Quizá la programación que ahí se difunde, no sea del agrado de todos. Pero es lo que ve la gente y es preciso hacer presencia ahí, cuando eres político y buscas incrementar tu base de votantes potenciales.

Marcelo Ebrard tiene un mensaje que ofrecer a la gente. Lo mismo Claudia Sheinbaum y Adán Augusto.

Los medios para darlo a conocer, son agentes secundarios. La oferta política para el 2024, significa el curso de la Cuarta Transformación para el siguiente sexenio. Eso es lo básico.
Dejemos de ver la calidad de los programas y la filiación de los actores y periodistas, para centrarnos en ese futuro que decidiremos con nuestro voto.
No van a gobernarnos Televisa, Azteca, o la radio.

Uno de esos tres políticos será el próximo presidente del país y hay que conocer bien a los tres, para votar con objetividad y pleno conocimiento.
O perdernos desde ahora en debates estériles y en revisar trayectorias de personajes secundarios.
Que cada quien decida.

Malthus Gamba