“Doña Macabra”

Por: Rafael Redondo
@redondo_rafa

El Presidente de la República decidió no asistir al Senado para entregar la Medalla Belisario Domínguez y así proteger la investidura presidencial ante las ya conocidas incitaciones al circo, maroma y teatro de la advenediza Lilly Téllez.

Lilly Téllez se formó en los foros de una muy mala televisión y quienes hemos trabajado en medios sabemos que la consigna para comercializar mejor los contenidos es invariablemente, “véndeme la nota” cuyo significado es ponerle pimienta/ morbo a la nota y así atraer la atención de la audiencia.

Por eso aparecen las inexistentes Fridas en los terremotos. Si creías que la televisión comercial tiene como único propósito la objetividad, lamento haber roto tus ilusiones.

Esa es la experiencia de la señora Téllez. Por eso cada una de sus intervenciones es un vodevil como cuando increpó a Gatell asumiendo el papel de Marie Curie de barrio sin tener ni la formación ni la experiencia en epidemias; igual que lo hacen sus colegas conductores de noticias: ninguno tiene ni la experiencia ni la formación pero todos en su imaginación creen poseer la Piedra Filosofal.

Pero el circo no es exclusividad de Téllez, la derecha mexicana se ha convertido en un circo e instalados en las artes escénicas demuestran no sólo ser malos políticos sino pésimos actores.

Hablando de esta mala sátira de la derecha se me ocurre establecer una similitud con la película de 1971 dirigida por Roberto Galvaldón y guión de Galvaldón y Hugo Argüelles “Doña Macabra”, cinta que nos narra la historia de dos ancianas que aparentemente se dedican a la brujería y exhuman cadáveres aunque en realidad encubren a un pariente loco que construye personajes de cera. Macabra vive en la frustración, soledad y soltería por el recuerdo de un gran amor del pasado y su doméstica brava y muy masculina se dedica a ser guardián de esa casa. Pronto aparecen en su vida una sobrina tonta y su ambicioso marido con la intención de encontrar un tesoro escondido en esa vieja casa porfiriana de la colonia Juárez en la Ciudad de México.

¿Similitudes?

Lilly Téllez como Doña Macabra: añora sus años en que bastaba sentarse a leer un prometer frente a una cámara de televisión para obtener fama, aunque poco había dentro de esa cabeza para comunicar. Hoy sigue instalada en protagónica de telenovela mal hecha, aunque ella ya vieja y decadente cree que el Senado es un set de televisión.

Margarita Zavala como Demetria: doméstica de Macabra. De lenguaje pobre y pocas ideas pero encargada de proteger las espaldas de Macabra y del pariente loco, entierra los trozos de cadáveres igual que Margarita defiende y trata de sepultar los cadáveres de Calderón frente a los senadores. Y es que si no habla de la obra política de su esposo, ¿de qué hablaría si ella en política no ha hecho nada?

Felipe Calderón como Othón: el ambicioso sobrino político de Macabra, desesperado por hallar el tesoro escondido morirá en el intento. Así como Calderón sigue aferrado al poder aunque eso signifique hacer el ridículo de ir a España para presentarse en un evento proselitista del derechista Partido Popular con un objetivo poco claro porque al PP Calderón no le beneficia en nada y los españoles no votan en México pero, “haiga sido como haiga sido” hay que empecinarse en tener poder aunque al porfiar arriesgue su ya de por sí moribunda carrera política.

Xóchitl Gálvez como Lucila: sobrina de Macabra y esposa de Othón. Mujer muy tonta que se deja manipular por su esposo. En la cinta, el personaje fue interpretado por Carmen Salinas (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia). Ambas interpretan a la perfección el rol de “La Corcholata”, Carmen en la película “Las Ficheras” y Xóchitl en el Senado.

Vicente Fox como Octavio: el pariente loco que vive en el sótano fabricando personajes de cera para construir una jungla falsa. No hacen falta más detalles.

Personajes incidentales: Ricardo Anaya y Kenia López Ramadán que por pésimos actores ni papel alcanzaron, sólo les tocó hacer de árbol 4 y cortina 3.

La comedia de horror es un género olvidado por la cinematografía mexicana contemporánea pero la derecha mexicana lo trae a la actualidad en cada uno de sus deplorables espectáculos. Por eso, qué bueno que el Presidente no acudió al Senado: la política y la actuación son dos oficios muy diferentes.

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