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Jun 2026
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#8M: La división sexual del trabajo y la doble jornada de las mujeres

Las mujeres nos hemos ajustado a las condiciones laborales actuales, pero el sistema sigue sin adaptarse a nuestras necesidades.

En 1910, durante una reunión de la Internacional Socialista en Copenhague, Clara Zetkin propuso establecer el Día de la Mujer Trabajadora para reconocer la lucha por el sufragio y la igualdad de derechos entre mujeres y hombres.

El 18 de marzo del año siguiente se conmemoró por primera vez esta histórica fecha en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. No obstante, pocos días después, el 25 de marzo de 1911, alrededor de 150 mujeres trabajadoras perdieron la vida en una fábrica de camisas a causa de un incendio mientras luchaban por la reivindicación de sus derechos laborales. Este trágico episodio propició cambios en la legislación de los espacios de trabajo de las mujeres.

A pesar de que se han logrado importantes cambios en el panorama profesional de la población femenina desde entonces, sigue siendo necesario repensar y replantear las condiciones laborales actuales dadas por el sistema de producción capitalista para las mujeres.

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La más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), reveló que de las 59.4 millones de personas con ocupación en México, 24.2 millones son mujeres y 35.3 millones son hombres. Pese a que actualmente las mujeres contamos con un amplio acceso a la educación superior y al mercado laboral, los hombres continúan dominando los espacios de trabajo.

De acuerdo con la socióloga Arlie Hochschild, este fenómeno se explica a partir de la doble jornada que trabajamos las mujeres. Este término hace referencia a que las trabajadoras laboramos un doble turno: el primero en la oficina y el segundo en casa.

Una deuda pendiente: la igualdad salarial para las mujeres

La académica plantea que desde que las mujeres nos hemos incorporado a la fuerza laboral hemos tenido que adaptarnos a las exigencias del sistema. No obstante, los escenarios sociales no se han adaptado a nuestras necesidades. Es por esto que las mujeres no tenemos la misma oportunidad que los hombres para desarrollarnos en el ámbito profesional, pues se espera que nos hagamos cargo de las tareas domésticas.

Esta situación ha derivado en sentimientos de insatisfacción, frustración y cansancio entre la población femenina, además de desembocar también en malestares físicos como estrés y otras enfermedades.

No son pocas las mujeres que han considerado asumir el papel de ama de casa y abandonar su trabajo asalariado para librarse de las presiones del ambiente laboral. Cada vez son más quienes consideran el estilo de vida doméstico como la alternativa idónea a la tensión propiciada por la precariedad laboral y la incertidumbre financiera.

La derecha ha aprovechado este hartazgo para convencer a las mujeres de que la razón de su insatisfacción se debe a su participación en la vida pública, y ha restado atención a la precariedad laboral que impera en México y el mundo. El fascismo plantea el retorno a la división sexual del trabajo y a la exclusión de las mujeres en la fuerza laboral como solución a esta fatiga. No obstante, dadas las condiciones socioeconómicas actuales, en muchos casos resulta inviable sostener un hogar con un único salario.

Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2022 del INEGI, un salario digno para un trabajador y su familia en México es de 15 mil a 20 mil pesos mensuales. Sin embargo, la Secretaría de Economía reportó que el salario promedio en el país en 2024 rondó los 8 mil 200 pesos mensuales, por lo que resulta necesario más de un ingreso para sostener un estilo de vida digno.

¿Qué es la doble jornada laboral de las mujeres?

Aunado a esto, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) reveló que las y los trabajadores mexicanos destinan en promedio 2 mil 207 horas al trabajo; pese a lo cual, México ocupa el último lugar en producción laboral. Mario López Roldán, director del Centro de la OCDE en México para América Latina, ha señalado que las extenuantes jornadas laborales en el país no sólo afectan el bienestar de los trabajadores, sino a la economía nacional, ya que los trabajadores no cuentan con el tiempo suficiente para descansar y reponer energía y, por lo tanto, su desempeño se ve afectado.

López Roldán también señala que en México el tiempo de traslado hacia los centros de trabajo es otro de los factores que influyen en esta falta de productividad. Podemos entonces afirmar que, a pesar de que las circunstancias materiales en nuestro país han cambiado, las condiciones laborales no se han ajustado a los nuevos requerimientos sociales.

Contrario a lo que la ultraderecha afirma, la solución a la fatiga ocasionada por la doble jornada de las mujeres no es la regresión a la división del trabajo con base en el género, sino la implementación de políticas públicas y laborales que se ajusten a las necesidades actuales de la población.

El compromiso número 60 de la presidenta Claudia Sheinbaum es la instauración paulatina de la semana laboral de 40 horas, lo que marcaría un precedente a condiciones laborales que permitan un mayor equilibrio entre la vida personal y profesional.

Una de las promesas más es esperada es la reducción a 40 horas de la jornada laboral.

Asimismo, el expresidente Andrés Manuel López Obrador envió una reforma constitucional, posteriormente aprobada por el Congreso de la Unión, para garantizar en la Carta Magna que el aumento anual al salario mínimo siempre sea mayor a la inflación.

A pesar de que ambas iniciativas son fundamentales para alcanzar un estilo de vida más digno, aún es necesario implementar políticas públicas en materia de movilidad y transporte, además de ampliar los permisos por paternidad y maternidad, y promover una cultura de equidad para desmantelar los roles de género que perpetúan la división desigual del trabajo doméstico.

 

Por: Janet Pérez

 

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