Del plato a la boca se cae la sopa o la revisión del “poder” que los conservadores quieren mantener a punta de insultos, usando el fuero

Hace muchas columnas que vengo quejándome del nivel paupérrimo de la oposición; de la escasa inteligencia de quienes componen sus filas y, obviamente de la creciente bajeza con que se dirigen al Presidente y, obvio, al pueblo que es quien lo ha elegido tres veces.

También he dicho que no es creíble que haya gente de a pie que voluntariamente siga creyendo que AMLO es un peligro para México, cuando está visto y probado que no sólo ha frenado la hecatombe en que México se estaba consumiendo, y que, además, está impulsando un crecimiento y desarrollo como nunca en los últimos ochenta años.

Entre el fin de semana anterior y hoy, la dizque oposición ha sacado lo peor de su arsenal para desilusionar, una vez más, a sus seguidores (incluso a sus patrocinadores) y como siempre, demostraron la incapacidad de hacer más, y está bien, así los podemos ir arrinconando para deshacernos de lo que nos estorba.

¿por qué todas estas observaciones? Pues porque el presidente se excusó de asistir a la entrega de la medalla Belisario Dominguez con que se condecoraría a la maestra Ifigenia Martínez, por toda una vida de trabajo impecable en la academia, en materia económica y como política; presea que otorga el Senado de la República. Esta negativa, dado que la senadora que llegó por morena y en cuanto tuvo oportunidad de brincar al pan, traicionando a las personas que votaron por ella, había amenazado con un amago, una encerrona para atacar al presidente. Lily Téllez estaba planeando un ataque de esos en que se lucen gritando, regalando basura que insulta a la víctima de sus gritos y haciendo del momento un trago amargo para los asistentes y, sobre todo, para los mexicanos que además trabajamos honradamente para que se les pague un sueldo que no se devenga por sus aportaciones legislativas, sino por sus escándalos miserables. Por sus berrinches de escuincla tarada…

Cuando Andrés Manuel leyó la carta con que se excusaba con su gran amiga Ifigenia, por no acompañarla en el Senado, aclaró que no acudía porque era poner en riesgo la investidura presidencial y, hasta caballerosamente, por ahorrarle a las arpías la vergüenza de quedar como las golpistas que son y, ¿qué respondió Xóchitl Gálvez? Que el presidente tenía que ir y que no lo iban a atacar. Es más, al final le dijo, con cartel y todo, “no le saque”, así, en su tono menos vulgar (ajá).

Ante la creciente rabia de los ciudadanos hartos de semejantes excesos, amparados en el fuero de estas legisladoras y al ver frustrados sus planes, a la Téllez no le quedó otra que simular y acusar un plan de amenazas contra ella y su familia porque pues había que hacerse las vístimas, ¿no? Es más, hasta el presidente aclaró, por segunda ocasión, que no podía acudir a enfrentarse con esas opositoras, no porque tenga miedo o la piel delgadita, pues está aflojado en terracería, como él mismo dice, sino porque cuando los insultos vienen de mujeres, hay que ser más cuidadosos y hay que respetar las investiduras, o sea, la presidencial y las senatoriales. Y además, acabó diciendo que los ataques de amenazas no se valen porque no son parte del juego, o sea, dándole por buenos los supuestos ataques, porque él, sí es un caballero, que jamás permitiría que una persona sufra ataques innecesariamente (aunque esos sean sólo producto de la campaña de defensa de las personas antes aludidas).

Días antes, Kenia López le gritó al secretario de gobernación Adán Augusto que era un mentiroso, que todo en la 4 T era una mentira y le regaló una “maquinita detectora de mentiras”. ¿Y así querían que el presidente les tomara la palabra?

Es más, en plena ceremonia, al recibir la medalla, y mientras la galardonada estaba agradeciendo a su amigo Andrés Manuel por la misiva de que hablaba al inicio, la Gálvez hizo esa seña vulgar de que “le sacó” a esa encerrona. Cómo se ve que la mujer, aunque sea muy senadora, no ha dejado de ser una persona patética y vulgar, resentida y sin más que dar que su propia miseria.

De entre los desfiguros de la oposición, también podemos divertirnos con los apoyos mutuos que se han dado los expresidentes de España y México, quienes, paradójicamente, después de sus mandatos, han formado parte de las empresas energéticas con que hundieron ambas patrias. Muy a tiempo llegó el gobierno de Andrés Manuel para liberarnos de la nefasta expoliación de las empresas que sólo en este año han elevado en un 300% el costo de la luz a los peninsulares y que arrebata a los españoles la posibilidad de encender un foco sin temor a pagar cada vez mas euros por su osadía.

Aznar y Calderón se aplaudieron cínicamente y se burlaron del presidente mexicano, del reclamo de exigir un perdón a los pueblos avasallados por una inquisición disfrazada de un rescate de esa vida miserable y brutal que padecían los pueblos originarios, antes de las barbaries de la santa cruz y el idioma español impuesto a latigazos. Es más, hubo españoles que se ofendieron por la carta del Papa Francisco en que también pedía perdón a esos millones de seres que, a lo largo de 300 años, sufrieron mucho más de lo que la propia iglesia confiesa y que hoy, en una operación de fraternización, el Vaticano admite abusos de parte de sus monjes, sacerdotes y la sangrienta forma en que cristianizaron a nuestra gente en el nuevo continente.

Y es que, a lo largo del sexenio, el Presidente ha estado convocando a la unidad, a la fraternidad, al respeto a las diferencias pero sobre todo, tendiendo puentes de entendimiento, situaciones que la oposición toma como la oportunidad de atacar bajamente a un hombre pacifista y de buenos modos incluso, para los opositores. Me parece que ya es tiempo de que como sociedad exijamos mejores actuaciones de nuestros representantes y menos pantomima.

Porque todo esto no es más que una actuación. A esas mujeres ya las agarraron de su caballito de batalla y las sacan a guerrear contra el Presidente y todos los funcionarios, solo porque pueden y porque tienen una protección constitucional llamada fuero que no servía, en origen para insultar sin consecuencias. El fuero era una especie de seguro, inclusive de vida, para quienes, por hacer funciones legislativas allá en tiempos de Don Benito Juárez, por el simple hecho de emitir en tribuna una opinión distinta a la del grupo dominante, los legisladores podían ir a la cárcel e, incluso, algunos perdieron la vida a manos de quienes no estaban de acuerdo con esas decisiones… pero a lo largo de los años, vimos cómo se prostituyó la función de esa protección, al punto de que si un diputado chocaba borracho o lo cachaban en alguna movida así, charoleaba, decía la frase mágica “tú no sabes quien soy yo” y quedaba liberado de toda responsabilidad o culpa, mucho más allá de lo que legislativamente debía haber sido protegido.

Entonces, para poder avanzar, para que las palabras de Ifigenia Martínez cobren vida, es necesario que esos legisladores crezcan y se enteren que una vez han llegado a la curul, deben olvidarse de sus arrebatos infantiles y tienen que responder a un país entero; que más allá de los colores, están haciendo leyes para un pueblo que progresa y como dijo Ifigenia “(hay que) resaltar la necesidad de retomar las expresiones de madurez institucional que deben privar en el país; el refrendo del respeto a la división de poderes debe mantenerse incólume, sin amenazas ni presiones”, pues así ha sido de parte del presidente, quien ha dejado que cada uno de los poderes y de los diferentes niveles de gobierno ejerzan sus funciones sin presiones y, sobre todo, con absoluto respeto.

¿Será que los legisladores y demás miembros de la oposición, pueden entender que sus numeritos nos ofenden profundamente, y que queremos de ellos una función acorde al sueldo que cobran?

Señores legisladores: crezcan, sobre todo del entendimiento.