Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

Hace algunos días, habitantes del municipio de Allende, a unos 60 kilómetros al sur de Monterrey, protestaron por la intención del gobierno local de llevar agua desde el río Ramos a la capital de Nuevo León; a la par, algunos tubos que las autoridades colocaron para dicha acción, aparecieron quemados.

Este hecho no es cosa menor, tanto medios nacionales como internacionales, a la par de académicos y especialistas, ven con preocupación que una de las ciudades más importantes del país llegó al día cero en el que se quedó sin agua, algo que tristemente se replicará en otras latitudes de México y el mundo.

Las causas son diversas, partiendo de que el norte de México, por ejemplo, es una zona desértica en la que de suyo era complejo conseguir agua; de ahí dinámicas como las de los indígenas tarahumaras y otras naciones que debían practicar el nomadismo para la subsistencia, por la dificultad en la localización de los recursos.

Pero se puede ir a cuestiones un tanto si se quiere absurdas, cuando de encontrar las causas del desabasto de agua se trata. Según Juan Ignacio Barragán Villarreal, director general de Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey, tan sólo en el municipio de Santiago hay 4 mil albercas, las cuales en su mayoría están en quintas, según el funcionario, pero que desnudan otro patrón de regiones en crecimiento como la neoleonesa: la especulación inmobiliaria.

Apenas en mayo, Martha Ávalos Salazar, delegada del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Nuevo León, denunció que el proyecto de construcción Vía Zócalo, en los barrios Antiguo y Santa Lucía, es el inicio de la destrucción del legado histórico, arquitectónico y cultural de Monterrey.

“De un golpe se abre la puerta a la especulación y al lucro de desarrolladores urbanos voraces, así como de políticos sin escrúpulos que pretenden cimentar una ciudad capital sin memoria y de futuro incierto”, recalcó la funcionaria, después de que un juez de distrito otorgó un amparo para que continué dicha obra que había sido suspendida por el INAH en noviembre de 2021, reportó en su momento La Jornada.

Pero no sólo eso, Mauricio Alejandro Amaya Hernández geógrafo egresado y que ha sido académico de la UNAM, comentó para este espacio que este tipo de desarrollos inmobiliarios, en zonas como Monterrey, implican un cierto mínimo de características, casi que lujos, como el hecho de que cada vivienda cuente con dos baños, las propias albercas comunales, y en muchas ocasiones hasta bañeras de tina, con lo que el desperdicio de agua es cuantioso. Si ya de suyo la sobrepoblación es un problema, se agrava cuando los que más pueden invertir en un hogar privilegiado tienen de alguna forma “más derecho” a gastar más recursos.

Asimismo, no se puede dejar de lado que se industrializó una zona con recursos que tenían una cuenta regresiva muy limitada para su agotamiento. Según una investigación de Erika Ramírez publicada en Contralínea el pasado 13 de junio, datos del Registro Público de Derechos de Agua (Repda) de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y de la organización Frente Nuevo León revelan que 12 multinacionales acaparan 44 mil 690 millones 222 mil litros de agua al año. En tanto, el uso doméstico tiene destinados 1 mil 33 millones 950 mil litros de agua al año. Otras 34 personas físicas aparecen entre los más favorecidos.

En la lista de los acaparadores, añade la investigación, aparecen empresas vinculadas al apellido Garza Sada, que son las que más concesiones de agua tienen en el estado, entre las que se encuentran: Ternium México, Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, Vitro, Coca Cola y Alfa Subsidiarias.

Esto nos hace recordar el caso de la cervecera Constellation Brands en Mexicali, Baja California, cuya planta no se construyó porque los vecinos y jornaleros protestaron precisamente ante el acaparamiento del agua que hubiera existido en caso de que el proyecto se concretara. De acuerdo con el investigador Alfonso Andrés Cortés Lara, quien hizo un estudio para una Opinión Técnica sobre la Manifestación de Impacto Ambiental de la cervecera, ésta habría acaparado el 44 por ciento del agua en la región (20 millones de metros cúbicos al año), por lo que la sociedad decidió, mediante el nuevo método de consulta ciudadana estrenado por la actual administración, que la planta de la empresa no se construyera.

Así pues, resulta complejo el escenario que se nos viene, pues el cuidado del agua no sólo implica el marginarnos de jugar con globos y pistolas de juguete en los Sábados de Gloria venideros, sino que, es un asunto de planificación urbana, demográfica, social, industrial y, sobre todo, de empatía, porque el ver cómo en Nuevo León, habitantes de algunas zonas ya protestan porque les quieren ceder los recursos hídricos cercanos a otras comunidades, es la muestra de algo que, sin exagerar, puede ser el principio de un final caótico para la humanidad como la conocemos hasta ahora.

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Por Columnas

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