Corrupción: México mejora 12 lugares en 2 años

La semana pasada la organización Transparencia Internacional publicó los datos del Índice de Percepción de Corrupción, por medio del cual se evalúa a 180 países en relación con la precepción que sus pobladores tienen sobre la corrupción de sus sistemas políticos.

Los datos publicados para el año 2020 revelan que México avanzó 2 puntos en ese indicador, colocándose en 31 puntos de 100 posibles, donde 0 es el nivel de percepción de corrupción más alto posible y 100 el más bajo.

Al final del gobierno de Peña Nieto el puntaje de México era de 28, y en solo dos años del nuevo gobierno ha recuperado 3 puntos en este indicador. Al mismo tiempo esta organización de Transparencia Internacional, ubica a los distintos países en algún lugar de la tabla a partir del puntaje de percepción que registran en sus calificaciones.

Antes del 2007 México se ubicaba en el lugar 70 del mundo con respecto a este índice; durante el gobierno de Calderón cayó 35 lugares para ocupar el lugar 105, con Peña Nieto se desplomó otros 33 lugares ubicándose en el sitio 136.

Durante el primer año de gobierno del Presidente López Obrador, México avanzó 6 lugares, colocándose en el sitio 130 al final de 2019; en este segundo año de su gobierno volvió a ganar otros 6 lugares alcanzando el 124.

Después de la devastación y la corrupción rampante practicadas durante los últimos dos sexenios a cargo de Calderón y Peña, cualquiera hubiera afirmado que mejorar en este rubro era punto menos que imposible en un período de sólo 6 años, sin embargo, resulta muy gratificante que la percepción de la población en relación con los niveles de corrupción no sólo haya detenido su crecimiento, sino que se encuentre en franca mejoría.

Dos años en la historia de un país es un plazo muy corto, aunque los esfuerzos de un gobierno sean constantes y profundos, en ese tiempo se puede aspirar a resultados limitados, sobre todo en una conducta que se encuentra tan arraigada después de 40 años de práctica constante y cada vez más profunda.

El mismo Peña Nieto llegó a decir que la corrupción era inherente al mexicano, como si él y su grupito de ladrones representaran a toda la población. Ese era el pensamiento que orientaba su comportamiento en las acciones de gobierno, culminando con la práctica que vino haciéndose común desde hace muchas décadas.

La mejor prueba de que la afirmación de Peña, es una patraña manifestada por un corrupto más, es el hecho de que sólo en 2 años estamos comenzando a ver resultados en la percepción de los ciudadanos, en relación con el comportamiento del gobierno.

En el 2017 era el 25.5% de los ciudadanos quienes confiaban en el gobierno; al final de 2019 esta cifra se duplicó, siendo hoy el 51.1% y seguramente habrá crecido más para finales de 2020, tomando en consideración que la medición realizada por Transparencia Internacional apunta en ese sentido.

Parece que la estrategia del gobierno encabezada por la Secretaría de la Función Pública, La Unidad de Inteligencia Financiera, el SAT y la Fiscalía General, están dando resultados y se potencian con la del Presidente, que parte de dar el ejemplo de honestidad.

Como dijo el físico alemán naturalizado estadounidense Albert Einstein: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”.