Corrupción: Enemigo público número uno

@_BarbaraCabrera

Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error; no importa que robe, pero que salpique; no quiero que me den, sino que me pongan donde hay; un político pobre, es un pobre político; ni los veo, ni los oigo; la moral es un árbol que da moras; defenderé el peso como un perro; con dinero baila el perro; el que se mueve no sale en la foto; el año de Hidalgo, chingue a su madre el que deje algo; Haiga sido como haiga sido; ni los veo, ni los oigo; aquí se aplica la Ley de Herodes: o te chingas o te jodes… Seguramente ustedes asocien todas o algunas de dichas expresiones, y conocerán muchas más, la cuales están intrínsecamente relacionadas con un fenómeno de mil cabezas llamado corrupción –en este caso política- auspiciado por el neoliberalismo ramplón, salvaje, avorazado y rapaz.

Descomposición, putrefacción, pudrición, podredumbre, pudrimiento, peste, corruptela, depravación, vicio, envilecimiento, deshonestidad, echar a perder, soborno, pervertir y dañar; son algunos de sus sinónimos e ideas afines.

En la práctica, consiste en abusar del poder, de las funciones o de medios para sacar provecho económico o de otra índole. Ahora bien, se entiende como corrupción política al mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima. En este sentido, a la corrupción se encadenan diversos delitos, ya que el corrupto suele incurrir en prácticas ilegales, los que pueden ser: tráfico de influencias, soborno, extorsión y fraude.

Esa misma a la que Enrique Peña Nieto catalogó en 2014 como un asunto cultural, porque Peña.

La noche del 1 de julio Andrés Manuel López Obrador apuntó: “La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político, este mal es la causa de la desigualdad social, por la corrupción se desató la violencia… Erradicar la corrupción e impunidad será la misión principal del próximo gobierno. No se permitirá la corrupción, sobre aviso no hay engaño, quien cometa actos de corrupción será castigado, incluidos si son de mi equipo”.

Y así se está llevando a cabo. A pesar de los amparos a granel que el corroído y opaco poder judicial reparte para proteger a quien tanto daño ha causado a este país, a pesar de que la minoritaria y choricera oposición los defiende a ultranza y a pesar de que algunos medios tradicionales pregoneros de las Fake News, siguen sin digerir que se les acabó el chayote.

Pasamos de la época de “no te preocupes Rosario” o preocúpate Rosario y Enrique y Luis y Felipe y Vicente y Emilio y así un amplio catálogo de sátrapas corruptos que hasta el sexenio pasado se han movido con total impunidad. ¿Pues qué creen?, se les acabaron los privilegios. ¡Se tenía que decir y se dijo!

Porque la corrupción política neoliberal tiene rostros, nombres y apellidos. Veamos como los define AMLO en su libro 2018 La salida, descripción que suscribo, la cual acompaño con ejemplos de sus corruptelas.

Enrique Peña Nieto, se trata de un subordinado más de la élite dominante, un personaje limitado y frívolo, cuya utilidad es meramente escenográfica. Algunos de los casos más emblemáticos de corrupción de este personaje, son: obra pública a sobreprecio, la estafa maestra, Odebrecht, el paso exprés, el gobierno espía, la triangulación de dinero público, permitir el robo de combustible, la compra de 700 pipas que no se entregaron y como olvidar la casa blanca de EPN. En definitiva, su sexenio fue sinónimo de corrupción.

Carlos Salinas, es el padre de la desigualdad moderna y el artífice de privatizar bienes públicos. Y yo agrego, este señor es el jefe de la mafia del poder. Saquen sus propias conclusiones.

Vicente Fox, se trata de un personaje vacío y sin principios, como Calderón o Peña, con el añadido de que él es más burdo y deslenguado. Nunca ha sido un empresario, ha sido más bien un sirviente de los poderosos. Este papel lo desempeñó con entusiasmo desde la Presidencia de la República. Ejemplos de corrupción del señor de las botas son: enriquecimiento ilícito, hacer negocios al amparo del poder, adjudicaciones directas, triangulación del dinero público y ¡cómo olvidar el toallagate!

Felipe Calderón es el prototipo del panista conservador. Es lo más representativo del mundo de la derecha, de quienes se dan baños de pureza y son en realidad ambiciosos vulgares; los que van a la iglesia o a los templos y olvidan los mandamientos; los que se confiesan por rutina todos los domingos para dejar el marcador en cero y volver a pecar en el transcurso de la semana. Entre las corruptelas de Calderón tenemos: La Estela de Luz, una obra insulsa y frívola; la supuesta construcción de una nueva refinería, de la cual no se concluyó ni la barda perimetral; omisión y permitir el robo de combustible, convertir al país en un cementerio y el más grave de todos: el fraude electoral de 2006 que lo llevó a usurpar la Presidencia de la República.

Así lo ha expresado Andrés Manuel:

Reafirmo mi postura de que la corrupción es el principal problema de México.

La crisis de México no podrá enfrentarse sin cortar de tajo con la corrupción y la impunidad, lo cual implica cambiar el actual régimen y establecer un orden político nuevo, democrático, promotor de la legalidad, humanista y con el distintivo de la honestidad.

Ojalá nunca olvidemos que la corrupción origina pobreza, frustración, odios, violencia, desintegración familiar, descomposición social y desigualdad. Por el bien de todos, el distintivo del México del futuro debe ser la honestidad.

Posdata: Definitivamente, Andrés Manuel López Obrador y la Cuarta Transformación están haciendo lo suyo. El actuar no tiene sorpresas, el camino fue trazado y dado a conocer desde el Plan de Nación y el libro “2018 La salida: decadencia y renacimiento de México” (consultable aquí https://bit.ly/2rdyZ0p) el cual vale la pena recomendar a la oposición desinformada, tendenciosa y ardida.

Es todo por hoy.

¡Hasta la próxima Nornilandia!

Bárbara Cabrera

Escritora. Investigócrata. Columnista. Divulgadora del conocimiento, quien está entre letras, con su café y a un tweet de distancia.

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