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Seguimos empantanados en esta guerra de lodo que ha propuesto el periodismo de los medios tradicionales y ahora encabezado, además, por “la reina de la radio en México”. Periodista que se dedica a denostar a sus detractores notificándonos y arrebatándonos la personalidad, como bien lo ha descrito anteriormente el maestro Epigmenio Ibarra y como lo resentimos en bits propios, con la suspensión temporal de nuestra cuenta de Sin Línea Mx en Twitter.

Bien fácil es para ella, llamar a sus amigos de signa lab, a la señora Reguillo, al señor Piña y a su colaborador Carlos Páez, para que en ese conveniente “baile al son que ella toca”, confirmen, por medio de sus muy cuestionables maneras si somos bots o somos maestros de ceremonias, pero la cosa, es demostrar que, como en todo, ella tiene la razón.

Y en el mismo ánimo andan doña Gilbert, el brozo, el Fox y todos los de siempre, cuando nosotros, usuarios de las redes, nos solidarizamos con una causa a través de los hashtags -que precisamente tienen la función de darle fuerza a una tendencia en Twitter (por si ellos que son tan expertos en redes no lo había notado)-, y nos llaman desde perros ‘croqueteros’ hasta bots y cualquier cantidad de palabras de descrédito.

Esta guerra de lodo, en la que ellos pierden más que nosotros, se vuelve cada vez más virulenta, no porque las razones hayan variado, sino porque ahora está en entredicho el derecho de réplica, que cualquier persona tiene para defenderse, cuando es señalada por los autodenominados santos patronos de la información y la verdad, o como era antes, apechugar con mansedumbre para dar contentillo a lo que ellos definen como derecho de réplica.

Haciendo un breve resumen, del sitio de Latinus, cuyas investigaciones ramplonas y con harto veneno, deben transparentar su financiamiento, tal y como lo solicitó la mañanera del miércoles el propio Presidente, ha salido cualquier cantidad de rumores chafísimas que no tienen otra función más que ensuciar y tiznar al presidente. Curiosa cosa es que, en este malentendido derecho a la libertad de prensa, ellos conciban que es su derecho el atacar, insultar, pervertir la verdad; espiar y exponer la privacidad de las personas e incluso de los menores de edad con tal de tener la razón, pero aquellos que han sido blanco de estos ataques, no puedan defenderse.

A ver, me explico: han acusado al presidente de casi comer niños, pero en el momento que AMLO se defiende, a los periodistas les da el patatús. Segundo dato: el ejercicio del periodismo precisamente tiene como función social el indagar, cuestionar, divulgar la información, sí, pero ateniéndose a las normas de la ética que el propio periodismo ha acuñado a lo largo del desarrollo de esta profesión.

La propia UNESCO tiene un código internacional de ética periodística, del que mencionaré solamente el título de sus artículos para no ahondar mucho, pero es lógico que son las reglas mínimas del juego para poder reclamar el respeto a un derecho que se ejerce de manera bilateral. 1: el derecho del pueblo a una información verídica; 2: la adhesión del periodista a la realidad objetiva; 3: la responsabilidad social del periodista; 4: la integridad profesional del periodista; 5: el acceso y participación del público; 6: el respeto de la vida privada y de la dignidad del hombre; 7: el respeto del interés público; 8: el respeto de los valores universales y la diversidad de las culturas; 9: la eliminación de la guerra y otras grandes plagas a las que la humanidad está confrontada. Como podemos ver, son poquitos artículos, con títulos fáciles de entender, pero parece que, en nuestro país, no los captan y se cumple a cabalidad aquello que tanto se repite desde los tiempos de Madero: los “periodistas” le muerden la mano al que les quitó el bozal.

Sólo profundizaré en el artículo sexto, que se refiere al respeto de la vida privada y de la dignidad del hombre, qué íntegramente dice: el respeto del derecho de las personas a la vida privada y a la dignidad humana, en conformidad con las disposiciones del derecho internacional y nacional que conciernen a la protección de los derechos y a la reputación del otro así como las leyes sobre la difamación, la calumnia, y la injuria y la insinuación maliciosa hacen parte integrante de las normas profesionales del periodista. Esta no es sino la obligación de quien se atreve a hacer una aseveración en su calidad de periodista, y debe poner por delante la integridad la protección de los derechos y la reputación de aquella persona que es blanco de sus investigaciones.

Además, es requisito el ejercicio objetivo de que tal sujeto de investigación, puede ser señalado, sin caer en la difamación, la calumnia, la injuria y la insinuación maliciosa. Y más allá de eso, es una regla básica del periodismo, que quien es investigado, sea informado sobre lo que se indaga para que esté en condiciones de contestar negar o refutar aquello que se le imputa.

Ahora, tratándose de hechos de posible corrupción, por la que alguien vea crecer sus caudales económicos, y teniendo la garantía de que en este Gobierno no se tolera un solo acto de corrupción y que aún los familiares del presidente pudieran ser sujetos al máximo escrutinio, es increíble que estos reportajes sean sólo petardos que buscan infligir la mayor cantidad de daño posible en un fin de semana, ya que si en realidad fuera la erradicación de la corrupción tal cual lo pregonan quienes pagan esta clase de trabajos, se habrían hecho con un buen equipo jurídico que les armara las carpetas con la solidez necesaria para poder convertirse en denuncias que a su vez se tradujeran en investigaciones formales.

Pero no, según el entender de quienes ejercen la labor de periodista, teniendo título para ejercer la profesión o no, porque tendríamos que recordar que en el caso de Loret de Mola no estudió periodismo, sino economía; o López Dóriga, con carrera trunca de derecho, o ingeniería civil, si hablamos de Pedro Ferriz de Con; o cronista de fútbol americano, con grado máximo de estudios preparatoria, si hablamos de Jorge Berry; y para quienes sí cursaron la carrera, vemos que se han olvidado de los principios éticos fundamentales del periodismo y que al paso de los años, habiendo adquirido “reputación, fama y fortuna”, son capaces de entregar la integridad y la responsabilidad de una tarea tan primordial a cambio de dinero y de pertenecer a círculos fatuos del poder, a pesar de que saben que así no se hacen las cosas; sin embargo la soberbia es kabrowna, porque hace que esas “mentes brillantes” capten la realidad desde su punto de vista y no desde la realidad misma.

Para colmo de los males hemos visto cómo es que, con tal de agradar a los que sueltan el billete, ese rigor con que, en el caso de Carmen Aristegui, coordinaba equipos de investigación profesionales que podían durar meses o años en la conformación de una pieza documentada de manera responsable, hoy, respalda sin miramientos cualquier trabajo que sería reprobable para un maestro de secundaria, ya que carece del mínimo rigor que una investigación lanzada con bombo y platillo en todos los portales de los sitios más importantes del periodismo formal en México debería tener.

Cuando se lanzó el mamotreto sobre los chocolates Rocío, lo firmaron las plumas más grandes y reconocidas de México; pero como un globo se fue desinflando porque no aguantó el escrutinio de un pueblo que ya no se traga las mentiras como las píldoras que antes nos daban y que teníamos que tragarnos sin chistar ni hacer caritas.

Fue la misma “audiencia” la que puso en duda la calidad de lo asentado por estos 2 reporteros, que por sus filias y fobias, fueron capaces de inventar que el programa sembrando vida tenía como única finalidad que el cacao que se sembrará en la región cacaotera dónde está la finca Rocío de los hermanos López Beltrán, pudiera producir el cacao necesario para que ellos tuvieran éxito (de aquí a cinco años). O sea, a sus ojos no importa que se haya transformado en un programa de extensión nacional y que haya cruzado las fronteras hacia Centroamérica, con el respaldo de Canadá y de Estados Unidos, como el programa que tiene la doble función de arraigar a la gente a la tierra donde vive, y al mismo tiempo, evitar la migración masiva, porque se estará trabajando en conjunto con los gobiernos centroamericanos para atacar de manera positiva los rubros por los que la gente debe migrar. El reduccionismo de estos chicuelos fue de una torpeza tal, que lejos de darnos coraje nos causó risa.

Y ahora, esta investigación basada en las fotos que la propia Carolyn Adams publica en su cuenta de Instagram, y que además fue pagada, según diversas notas que se han difundido en las redes, con la finalidad de que el gobernador Cabeza de Vaca pudiera tener con que golpear al presidente, ya que mandó a investigar al hijo del presidente a través de ex agentes del FBI que contrató y pagó personalmente para que siguieran y documentaran todos los movimientos del hijo mayor del presidente (esto lo publicó Salvador García Soto en su columna de El Universal).

Y aquí caemos en el terreno no sólo de la violación a los principios de la ética del periodismo, sino también, en el espionaje y en el peligro en que han puesto la vida personal de José Ramón de su esposa y de sus hijos menores, porque fueron capaces de obtener imágenes íntimas por medio de drones y de cámaras de larga distancia. Que no nos vengan a decir que era porque querían demostrar que José Ramón no vive en la justa medianía y es completamente lo opuesto a la austeridad republicana que su papá pregona en su calidad de presidente. Ni ellos lo creen.

No habrán faltado quienes reclamen el tamaño del derecho de réplica que el presidente instrumentó el miércoles durante la conferencia matutina, cuando por medio del director de Pemex, Romero Oropeza, explicó a detalle los contratos que Pemex tiene signados con Baker Hughes desde hace 6 décadas; de cómo estos contratos se vieron incrementados en los años 2008, 2012 y 2014, y la manera en que se instrumentan las “ampliaciones”, que fueron acusadas por la tristemente célebre Peniley Ramírez.

Y es que también hay que entender que no podemos ser expertos en todo y oficiales de nada. Cierto, que del oficio del periodista se espera que pueda cubrir prácticamente todos los temas, pues su tarea justo redunda en la divulgación de aquello que está sucediendo. Pero también hay que tomar en cuenta que cuando se trata de investigaciones sobre temas específicos, hace falta tener la opinión de un experto en el tema, como recalcó el propio Romero Oropeza: a Peniley se le hizo muy fácil tratar de entender la naturaleza de los contratos para poder utilizar ciertos detalles con el sesgo que le caracteriza, como fuerza de ataque contra Pemex, Baker Hughes y sus funcionarios; al presidente y a su familia. De verdad que es muy lamentable descubrirlos en sus incapacidades. Es necesario, entender que no podemos saber todo de todos los temas, y que si bien estamos en un despertar de las conciencias y hoy todos estamos atentos a todo lo que sucede en términos generales, no podemos decir que tenemos ética si nos metemos a debatir de todo.

Ya lo hemos visto en el también tristemente célebre y actual caso del doctor López Gatell y los ataques basados en la expertos de la doctora en odontología que es la carta fuerte de la oposición para atacar la labor de la Secretaría de Salud y las acciones relativas a todos los temas sobre COVID. Ya lo vemos: hoy todos son virólogos; saben de gráficas; de expansión del virus, de cómo deben diseñarse las campañas de vacunación y de tantas y tantas cosas de las que no teníamos el gusto de haberles escuchado.

Si se trata de la construcción del Tren Maya, resulta que todos saben de ecología, del trazado de vías; es más, del propio derecho de vía que se trazó desde las épocas de la revolución y que ilegalmente fueron tomadas por la gente cuando a los gobiernos les valía un pepino si se asentaban encima de la vía y si robaban los vagones del tren para hacer sus casas, tal y como ocurrió aquí en Cuernavaca, en la ahora llamada colonia patios de la estación, que se asentó en la terminal del tren México Cuernavaca y que incluso construyeron sus casas en los vagones que robaron al propio Ferrocarriles Nacionales de México y luego exigen servicios municipales…

O qué tal, si se trata de la construcción de aeropuertos, saben de mecánica de suelos, de resistencia de materiales, de autorización de rutas aéreas; y si hablamos de energía, no’hombre escuchamos a verdaderos eruditos en el tema de producción de energías con electrones limpios y electrones sucios, según dijo una de las expertas que defienden la participación de empresas privadas en estos contratos aberrantes que destruyen la soberanía energética de nuestro país. No, sí expertos siempre hemos tenido, pero son expertos de dientes para afuera, que utilizan el mismo discurso pagado, para compartir su profunda ignorancia y clasismo con los que lamentablemente son más ignorantes porque los tienen a ellos como portadores de la verdad.

En este código de ética del periodista se habla del Derecho del pueblo a una información verídica, que no es sino el derecho que las personas tenemos para recibir una imagen objetiva de la realidad por medio de una información precisa y completa, lo que significa que el periodista no se puede apartar de la realidad para transformarla a su conveniencia, porque con esta acción no sólo está tergiversando la realidad, sino que está mintiendo con el ánimo de engañar, de pervertir y de destruir incluso, la paz pública de un país.

¿Recuerdan La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, que, siendo un periodista, excelente relator, utilizó las ondas de radio para construir un caos en unas cuantas horas? Podríamos pensar, en pleno siglo XXI, que no seríamos tan incautos de creer eso que alguien nos dice sobre extraterrestres invadiendo la tierra, pero por favor, durante sexenios anteriores, la complicidad creada entre Gobierno y la televisora más poderosa de México, es la causante de que aún hoy, haya quienes crean que es verdad la tan sobeteada historia de la cenicienta que es pobre pero buena, puede convertirse en la princesa desposeída, y que casándose con su príncipe le es restituida la dicha y la fortuna; creyeron en las palabras de Fox que prometía un cambio; creyeron en la guerra contra el narco de Calderón y siguen pensando que es buenecito y que los malos debían morir a balas; creyeron que el muñequito de pastel se casó por amor con la gaviota y que su vida de telenovela era buena, y aún hubo algunos que se dejaron llevar por las lagrimitas de cocodrilo de la susodicha.

Lo que es peor, hay quienes aseguran que Ricardo Anaya es inocente, y quienes intentan engañarnos con qué cuando vuelvan al poder lo harán para protegernos.

Lo bueno es que, como decía mi abuela, el tramposo cae al pozo y las mentiras de quienes se empeñan en engañarnos, se les reviran: Alito Moreno ya confesó que no votarán ninguna reforma que beneficie a México; A Loret se le dio la respuesta institucional que merece por sus intrigas y se descubrió cómo es que ganó más de 32 millones de pesos el año pasado; al pan le va a quedar muy difícil ir por todas las propiedades de Ramón López Velarde, y sobre todo por su herencia cultural; a alguien en el INE le va a tocar explicarnos dónde quedaron los más de 500 millones de pesos que de pronto desaparecieron del mapa.

Lo que deben entender quienes vivieron de la simulación es que ya no somos el pueblo sumiso y callado que antes era más menso que manso. Hoy, nos estamos convirtiendo en una sociedad que exige respeto por principio de cuentas; que ha aprendido a utilizar a su favor las herramientas inventadas para disimular en tiempos de Fox como el portal de transparencia, y que no permitiremos más tratos ultrajantes ni de la reina de la radio ni de ningún otro payaso que crea que con lenguaje altisonante nos apantalla. Al Presidente, como dice la senadora Antares Vázquez, su barrio lo respalda.