Estamos en un escenario que podríamos estar viendo en uno de esos partidos de fantasía, como los que se arman en los videojuegos, donde se elige a los jugadores, las condiciones del clima, la cancha, el tipo de pasto, e-te-cé. Trasladados al escenario político, también me parece que es uno ideal para el nuevo establecimiento de las condiciones de respeto y trato político que, como país soberano, debemos exigir al gobierno de Estados Unidos que está aprendiendo -impensadamente-, desde los gobiernos de los países de la Patria Grande.

El intervencionismo acostumbrado por los inquilinos de la Casa Blanca ha sido el modus operandi, con el “conque” de que como los latinoamericanos no sabemos ni podemos autogobernarnos, y por ello nos implantan sus oscuras intenciones disfrazadas de “asistencia”, acompañada por implantación de militares y el aparato bélico requerido; plantas de extracción de bienes y riquezas con que se cobran la ayuda, con apariencia de buena vecindad y comercio binacional y claro, en caso de resistencia, bloqueos comerciales y de toda índole.

Nuevos tiempos estamos presenciando. Unos en que el Presidente Lopez Obrador ha sido el disrruptor de la tradicional caravana con la que se permitía que las agencias estadunidenses entraran y salieran cometiendo todas las tropelías y abusos en aras de una cooperación en materia de seguridad y del logro de la ansiada justicia pero que lejos de abonar, fue colmándose de abusos de autoridad, de operación de comandos que no distinguían de marinos y marines y la entrega total de la soberanía. Al llegar López Obrador se rompe la continuidad y vemos que los operativos de CIA, DEA, FBI tienen que acreditarse y pedir permiso para ingresar y operar, pero en ningún momento pueden ya aplicar su ley.

También puso un hasta aquí en materia de libre comercio ya que fue responsable de la última parte de la revisión del documento y la firma del Tratado de Libre Comercio de México, Estados Unidos y Canadá y pudo discutir, para bien de nuestra patria, varios aspectos que mejoraron las condiciones laborales y obrero-patronales para nuestros connacionales, entre otros.

Haciendo honor a lo prometido en campaña y los primeros meses de su gobierno, está demostrando que, es cierto que la mejor política exterior es la política interior. Este es un gobierno responsable que ha tenido en la Secretaría de Gobernación a dos juristas: la primera, totalmente del lado del humanismo y el respeto a los derechos humanos; el actual, siempre fiel a las leyes y conciliador entre los actores políticos de las diversas entidades. Pero en ambos casos, construyendo una nueva y buena relación entre mexicanos, que se había desecho casi por completo, tras el paso de los últimos presidentes que no hicieron sino apostar a la derrota de la comunidad a la luz del egoísmo.

Al exterior, contamos con un canciller totalmente fiel a la postura de respeto del Presidente López Obrador. Marcelo Ebrard es, sin duda, un constructor de relaciones estrechas y exitosas entre los países del globo pero, y con más honor que nunca antes, de amistades y relaciones de confianza; siempre hemos sido el país de destino para los refugiados y asilados que los soliciten en tiempos de conflicto y además, un gran interlocutor para las negociaciones de material médico y de vacunas con los países productores y países que carecían de lo básico.

En suma, nuestra patria está bien representada en lo exterior y por ello, los programas piloto Sembrando Vida y jóvenes Construyendo el Futuro, fueron tan bien acogidos por los países hermanos de Centroamérica y el Caribe, ya que son expulsores de ciudadanos que buscan un mejor nivel de vida, que les fue arrebatado por gobiernos neoliberales y entreguistas que obedecieron ciegamente a los designios de Washington para ser los distintos patios traseros, según se requiriera; excepto Cuba…

De hecho, los organismos de la ONU, financiados por Estados Unidos para ser ejecutores de las ambiciosas necesidades gringas han sido esas tuercas que han apretado la situación económica-política-social que ha empobrecido la región a niveles increíbles y, tontamente, sus gobernantes previos, entregaron el futuro por decenios de las patrias, para asegurar el pan para un día.

Chantajeados con ser expulsados de diversos mecanismos, otros países han apoyado las mociones injerencistas de Estados Unidos. Cobardemente, creo yo.

Pero como en la historia de David contra el gigante Goliat, el cobarde vive hasta que el valiente quiere.

Hoy, México, con el liderazgo de López Obrador no solo ha defendido la frontera norte del país con estoicismo, primero ante un Trump que amenazó con construir su barda y hacérnosla pagar ladrillo a ladrillo, y he ahí que no construyó sino un discurso racista. También dio el banderazo de inicio a una nueva era entre los países latinoamericanos, en la Cumbre de la CELAC, celebrada en México, a fines de 2021, donde el eje principal fue la integración regional, la búsqueda de soluciones ante la crisis sanitaria y, por supuesto, cuestionar la existencia de una OEA que únicamente se erige como brazo autoritario de Estados Unidos sobre los países que pone en su mira, ya sea porque la democracia que se ha implantado en éstos no les gusta, o porque ven crecer un nacionalismo sano que ya no permitirá la expoliación brutal de sus riquezas.

Y de pronto, nos vemos ante la celebración de una nueva reunión: la Cumbre de las Américas, que tiene como espíritu precisamente la integración de los países de todo el continente. Ah, pero para ir, dice Estados Unidos que deben seguir unas ciertas reglas de etiqueta, o sea, que se vistan del mismo traje de democracia que han inventado ellos, como si su sistema electoral decidiera con verdadera democracia y transparencia a los gobernantes y representantes populares.

Ante el desacierto, nuestro mandatario opuso una resistencia ya que considera, con toda justicia, que a la cumbre deben acudir todos los países por ser parte de un continente; que es necesaria la integración regional para hacer frente al inminente empoderamiento de China como potencia económica del mundo y además, porque no se debe hacer distingos entre naciones porque no es que no quieran ser considerados países democráticos, para hacer enojar a los vecinos ricos, sino porque la realidad de cada patria corresponde directamente a la incapacidad que han tenido de resistir los intentos de violar sus límites y fronteras.

Así que, nuevamente AMLO defendió la independencia de cada país; la soberanía de sus pueblos y la democracia según cada uno la ha entendido. Defendió la postura digna y valiente de una Cuba devastada hasta el cansancio por un absurdo bloqueo que tiene más de 62 años y de una Venezuela orillada a la pauperización de su pueblo por defender su recurso petrolero y no permitir que llegara Estados Unidos con un popote a drenar sus reservas hasta el hartazgo.

La respuesta de los vecinos de México, fue contundente: Guatemala, además de rechazar por adelantado la presencia por solidaridad con la postura de “o van todos o no vamos ninguno”, también se vio obligado a decidir dada la “opinión” sobre el nombramiento de su Fiscal General porque, según Anthony Blinken, “socava la democracia en Guatemala” y suponen que tienen derecho de visto bueno sobre los funcionarios y titulares de alto nivel en Guatemala o en otros países.

Aunque, en respuesta a la postura regional, Biden anunció dos movimientos que, aun cuando son iniciales, pueden ser el principio de una destrabazón con Cuba y Venezuela. Se autorizan los vuelos desde y hacia Cuba, con lo que se retoma el comercio y el turismo, pero sobre todo, la posibilidad del envío de remesas a las personas en la isla, y aunque no haya mucho que comprar, quizá (y eso espero) será el inicio de la movilización para adquirir medios de producción que pueda hacer girar la economía un poco más rápidamente. En Venezuela, por su parte, se preparan para el inicio de pláticas entre la petrolera del país y su homóloga Chevron, luego de que hace unos días, Biden reconociera que el gobierno de Guaidó, siempre no era el bueno y el de Maduro sí era legal y legítimo. (Entonces sí es dictador a veces, pero es bueno en otras, como cuando le hace falta petróleo por las pataletas que hizo para poner a pelear a Europa contra Rusia y hoy haya escasez del energético en la mitad de los países de primer mundo).

Pero ello no significa que eso sea la solución que esperan los países de la Patria Grande, porque ello solo se satisfará cuando las invitaciones lleguen a cada presidente o primer ministro de cada uno de los otros 34 países, por parte del gobierno de Biden.

Por ello, prevalece la postura de Honduras, Belice, Brasil, El Salvador, Haití y Bolivia que dicen que, si no van todos, no asistirán.

Es tiempo de entender que la labor del Presidente no se circunscribe al interior de las fronteras. Es considerado hoy, punta de lanza de la Patria Grande y con razón: la soberanía y la dignidad son asunto de todos y algunos países tenían tanto tiempo de haberlas entregado que apenas se están cuenta que está en sus manos retomarlas y exigir respeto.­­

@cevalloslaura