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Opinión| Claudia Sheinbaum, nuestra voz firme en el G7

México dejó de ser sombra para convertirse en figura. Claudia Sheinbaum habló con acento propio y con voz firme. Y esa voz, esta vez, era la nuestra.

El 14 de junio, las montañas de Kananaskis dejaron de ser paisaje para convertirse en testigo. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, fue recibida en la cumbre del G7, no como una espectadora ni como una pieza exótica en el ajedrez de las potencias, sino como una interlocutora legítima. En esa mesa de gigantes, se sentó una nación que por siglos fue mirada de lejos. Hoy, miramos de frente.

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La escena tuvo algo de inaugural; no porque México nunca haya tenido presencia internacional, sino porque pocas veces la ha ejercido con esta compostura. Frente a los grandes del capital y la geopolítica, nuestra presidenta se presentó con otra agenda: la del bienestar, la cooperación, la dignidad económica. Lo hizo con la serenidad de quien no improvisa; de quien sabe que cada palabra representa a un pueblo que ya no quiere ser patio trasero de nadie.

Como escribió Pablo Milanés en su Canción por la Unidad Latinoamericana:

Lo que brilla con luz propia,

nadie lo puede apagar.

Su brillo puede alcanzar

la oscuridad de otras costas.

 

Eso hizo México en el G7: no pidió reflectores, llevó su propia luz.

 

Mientras Donald Trump se marchaba de la cumbre en medio de tensiones internacionales, Claudia Sheinbaum permanecía. Y ese contraste no fue menor. Porque la política, como la poesía, se mide también en silencios: el de quien se va sin acuerdos, y el de quien se queda a construirlos.

Participación de Claudia Sheinbaum en el G7

La conversación que sostuvo con Trump, aunque a distancia, fue calificada como muy buena. Pero más allá del adjetivo diplomático, lo que vale es el contenido: México propuso un acuerdo global en tres ejes vitales: seguridad, migración y comercio. Lo verdaderamente destacable, es que todo esto se hizo sin arrodillarse, sin temer ni gritar. Con firmeza que no necesita estridencia.

Además, Claudia Sheinbaum planteó en la cumbre una iniciativa inesperada: una Cumbre Mundial por el Bienestar Económico. La idea fue recogida con entusiasmo por el primer ministro canadiense, Mark Carney, y recibió respaldo de líderes como Lula da Silva, Ursula von der Leyen y Narendra Modi. El mensaje era claro: en el tiempo de los algoritmos y las guerras silenciosas, aún hay quien cree en el poder de la cooperación justa.

Claudia Sheinbaum y el presidente de la India en su participación en el G7

No es poca cosa lo que pasó en Canadá. Lo verdaderamente importante no es sólo que México haya sido invitado. Lo crucial es cómo fue recibido, cómo se expresó y cómo resonó su presencia. Porque hay formas de estar, y hay formas de hacerse presente. México no llegó a pedir permiso: llegó a recordar su estatura.

Y quizá, como también escribió Pablito:

Esclavo por una parte,

servil criado por la otra,

es lo primero que nota

el último en desatarse.

En tiempos modernos, México se ha desatado; sin estridencias, sin permiso y con una voz que ya no es periférica, sino necesaria.

En Kananaskis, algo se movió. México dejó de ser sombra para convertirse en figura. Y la figura habló con acento propio. En un mundo que se tambalea, apareció una voz firme. Y esa voz, esta vez, era la nuestra.

 

Político y poético

Por: Leo Collado

 

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