Chumel, reliquia del virreinato.
Por: Rafael Redondo
@redondo_rafa

Es una característica de la naturaleza humana, la diferencia de características y habilidades entre cada uno de nosotros y que éstas, generen niveles, una estratificación: hay personas más inteligentes que otras, más emocionales que otras, más piadosas que otras, más bellas que otras, más fuertes físicamente que otras… y más hipócritas que otras.

El estado idóneo de esta diversidad y estratificación, sería convertirla en colaboración: lo que a uno le sobra, lo comparte con el que le falta.

Toda forma de organización social crea sus estratificaciones: las monarquías, un despliegue de títulos nobiliarios, los Estados socialistas, una burocracia dorada, otros que creen indispensable mostrar el músculo, aristocracias militares. En el Capitalismo, son los magnates la punta de lanza. La clase más “valiosa”, no necesariamente es la mejor gente; es decir, el conde o duque, el burócrata, el militar o el magnate no necesariamente son un cúmulo de virtudes, pero están a la cabeza, porque materializan una ideología, le dan sentido a un discurso.

Las sociedades capitalistas contemporáneas en las que el poder económico está en muy pocas manos, han creado un sector entre la clase media alta, que vive llena de frustración. Voy a llamarla, “La Clase Extraviada”. Es un grupo que posee cierta capacidad económica, estudios, refinamiento, puede viajar holgadamente; pero, está muy lejos de alcanzar el nivel de la “aristocracia capitalista”. Muy lejos. ¿Por qué estas personas ponen todos sus valores en función del dinero? Porque padecen un profundo complejo de inferioridad.

Si mi más grande deseo es sentirme superior a los demás, es porque en la idea que tengo de mí mismo, soy inferior a los demás.

Este patrón se reproduce en el mexicano clasista, pero con una particularidad. La instauración del México colonial que además, da origen a nuestra nación, tomó la forma de una organización virreinal, una monarquía de segundo nivel. La Corona de verdad, está en la metrópoli, en España. La estratificación en Nueva España tuvo tres características fundamentales:

1) El poder en otras tierras: La Corona está en la metrópoli, en el extranjero.

2) Las castas: Muy pocos blancos peninsulares, criollos, muchos indígenas (los conquistados morenos), algunos orientales y africanos. La aspiración claro, es ser peninsular, tienen el precio más alto.

3) Una Monarquía región cuatro: Los virreyes son monarcas pero reciben órdenes desde la Corona. Sin embargo, están a meses de viaje de la metrópoli. El virrey puede darse libertades, pero no ejercer en pleno como monarca. Muchos personajes criollos se esforzaron para poder recibir algún título nobiliario. Debían mostrar su lealtad al Rey de España, de antepasados cristianos puros, no mezclados con moros, judíos o “paganos”. La aristocracia mexica fue respetada. Pedro Romero de Terreros, peninsular con familia en Nueva España, logró acumular una enorme fortuna explotando la veta de plata en Real del Monte. Su sueño, cubrir de plata el Camino Real Veracruz-México para cuando el Rey pudiese venir a Nueva España. Ninguno de los dos acontecimientos sucedieron pero, obtiene posteriormente el título de I Conde de Regla y fue en su momento, quizás el hombre más rico del mundo. En 1756, se casó con María Antonia de Trebuesto y Dávalos, perteneciente a una de las familias más distinguidas de Nueva España, los Condes de Miravalle y descendiente de Moctezuma II. La relación entre ellos en fiestas, matrimonios o pagos de impuestos a la Corona, dio forma a la nobleza mexicana. Desde 1529 hasta 1821 unas ochenta familias recibieron títulos nobiliarios por su servicio al Rey de España. Algunas se fueron a España y para 1790, cuarenta familias con título nobiliario vivían en la Ciudad de México, cinco en Querétaro y una en Durango. Soy, pero no soy así que hay que parecer.

Desde la llegada de López Obrador a la presidencia, comenzó a salir a borbotones el Clasismo modo virreinal que durante siglos estuvo escondido debajo de la alfombra. Debo confesar que no deja de sorprenderme la cantidad de porquería sobre la que habíamos estado parados. Las expresiones clasistas de personajes que sin duda, se cuentan entre los activos de nuestra Clase Extraviada van desde políticos, artistas, intelectuales, figuras de la televisión, periodistas. Todos exponiendo sus trayectorias con tal de vomitar verde porque todos, todos, tienen como único objetivo en sus vidas, sentirse superiores a los demás y les vale una pura y dos con sal su vida profesional: una horda de acomplejados.

Ejemplos:

1) Los “eruditos”: salen a estudiar fuera del país, la mayoría de las veces con becas negociadas por el Estado Mexicano o por la UNAM. Regresan sintiéndose más bostonianos o londinenses que un nativo de Boston o de Londres. ¡Atención!, fueron a darse sólo un poco de brillo a los zapatos, no a salvar el mundo. En su imaginación, ya recibieron la unción del “extranjero”, de la metrópoli. Reproducción del México virreinal.

2) Chumel y compañía, y su racismo: esta hombre está a años luz de ser William Levy, Octavio Paz, Carlos Slim, Javier Solis, Demian Bichir, Diego Rivera o Hugo Sánchez. ¿De qué es punta de lanza Chumel? Con likes que le dan otros traumados igual que él, ¿te conviertes en líder de qué? Para dimensionar mejor a este tipo, hasta Quico el del Chavo del Ocho mostraba momentos de lucidez y gracia. Pero, tiene ojos claros, se cree de raza pura, casi español peninsular. Reproducción del México virreinal.

3) El Poder Kitsch: el político, el intelectual, el artista autonombrándose “hombre de la cultura”. La cultura no es propiedad de nadie. Todos buscando que les arrojen flores a su paso sobre un camino construido en plata, donde posen sus delicados pies. Les fascina salir a la calle envueltos en escarcha y focos como árbol de Navidad. Si su trabajo es bueno, hablará por sí mismo; pero, les fascina caer en el kitsch y montarse en un columpio de flores rosas, vestido rosa de XV años, confeccionado en La Lagunilla y cantar “El amor me llegará”. Sí, tan kitsch como ese video de Ana Martin. Soy, pero no soy entonces, hay que parecer. Reproducción del México virreinal.

Los clasistas mexicanos son ridículos por anacrónicos, pasados de moda, atorados en la Nueva España. Casi dan significado a la palabra “corriente”. Sin darse cuenta, evidencian que están atrapados en un intenso complejo de inferioridad. Pero, demos gracias porque esa pus, necesita salir para poder dar vuelta a la página de nuestra Historia.

Por Columnas

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