Carlos Urzúa y los ritmos de la Cuarta Transformación

“Por motivos académicos”, fue la causa expuesta por Carlos Urzúa en 2003, para renunciar a la titularidad de la Secretaría de Finanzas, en el gobierno de López Obrador, en el entonces Distrito Federal.

No es la primera ocasión en que Urzúa le renuncia al actual presidente.

Y de acuerdo a los primeros informes que se conocen al respecto, la decisión del exsecretario de Hacienda, tiene que ver más con los ritmos de cambio que exige la Cuarta Transformación, que con otro tipo de situaciones.

En la presentación que hace López Obrador de Arturo Herrera Gutiérrez como nuevo titular de la dependencia, habla del pensamiento y formas neoliberales que aún pretenden operar dentro del mismo gobierno. Esto es, hay mecanismo y formas, que se usaron por décadas, pero que resultan inoperantes en tiempos de la Cuarta Transformación

Carlos Urzúa en la carta que dirige al presidente, habla de que la política hacendaria, debe llevarse “cuidando todos los efectos posibles”. Esto es, sin prisa, según marca la ortodoxia en la materia. Pero el presidente tiene un enfoque diferente al respecto y lo ha manifestado en diversos foros: hay que hacer en seis años, lo que regularmente lleva doce.

El gobierno de la Cuarta Transformación, no puede operar con mecanismos del pasado.

El cambio de régimen exige una visión distinta del trabajo político y económico.

Carlos Urzúa es un profesional y maestro ampliamente reconocido. Ha hecho un valioso trabajo durante estos primeros meses de gobierno. Pero probablemente su ritmo personal, no se acomoda a lo que demanda una verdadera transformación en el país.

Varias dependencias se han quejado de la lentitud en la dispersión de los recursos que les fueron asignados.

Ese ritmo seguro, pero lento, en la ejecución de las tareas asignadas, tiene que ver mucho en esta renuncia. No es la manera que le gusta a Urzúa.

Sería sano buscar con un poco de calma, la forma en que se trabajaba en la Secretaría de Finanzas, en el año 2003. Quizá algo similar a lo que vivimos hoy en día, ocurrió entonces.

Urzúa probablemente tiene inquietud e interés por participar dentro de la administración pública, pero se le indigesta el ritmo de trabajo que exige López Obrador.

Lo demás, referente a personal que le fue impuesto, es bastante relativo. La persona que toma su lugar en Hacienda, tenía el cargo de subsecretario y es egresado en economía, con maestría en el Colegio de México y prepara su doctorado en una universidad norteamericana. Es gente conocedora y capaz.

Es probable que haya llegado gente nueva en calidad de apoyo, pero Urzúa no los vio así. Pensó que interferían con su forma de llevar la hacienda pública. Lo probable, es que quisieran agilizar los tiempos y actividades en la dependencia y eso a Urzúa no le debió haber gustado mucho.

Hoy, la clase conservadora, aplaude a Urzúa, como en su momento aplaudió a Germán Martínez, cuando renunció al Seguro Social. O como cuando aplaude al Mijis, cada que hace una declaración insustancial y carente de conocimiento político.

En realidad, el relevo no ha tenido mayores consecuencias políticas o económicas. Arturo Herrera tiene la capacidad suficiente para tomar las riendas de Hacienda. Conoce el trabajo que se está desarrollando y goza de la confianza del presidente.

Carlos Urzúa merece el aplauso. Pero no de los conservadores, que son mentirosos.

El aplauso de quienes impulsan la Cuarta Transformación. Hizo un trabajo de calidad y deja la semilla del cambio, para que otros continúen su labor.

Respecto a los conflictos de interese que menciona en su carta, me parece que puede comentarse en este momento que, quien tenga pruebas sobre cualquier posible ilícito, o acción incorrecta, debe denunciar, con pruebas, el acto que dice conocer.

Si ese es el caso, Urzúa tiene la palabra.

La Cuarta Transformación no protege, ni encubre, a personajes carentes de honestidad.

 

Malthus Gamba