AMLO; un presidente ‘todo terreno’

Se dice que la flexibilidad es una de las cualidades más preciadas en el funcionamiento de una organización. Esta cualidad aplicada en el funcionamiento de una persona, se identifica con la versatilidad y se puede reconocer en una gama amplia de actividades. A quien se desenvuelve tan bién en cualquier ámbito, se le conoce como Todo Terreno.

Hoy en México contamos con la fortuna de tener un primer mandatario que es un ejemplo perfecto y superlativo de esta cualidad. Es un presidente Todo Terreno.

Un día lo vemos encabezando el foro político más importante del orbe, como presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York, pronunciando un discurso en el que regaña a los burócratas de la ONU por su incapacidad histórica de trabajar para resolver el problema de la pobreza extrema en el mundo, presentando un plan sencillo y claro de cómo hacerlo, que además ya cuenta con un programa piloto operando exitosamente en México, a través de los apoyos sociales implementados por su gobiernos, consiguiendo que en menos de una semana 100 países se sumen a la iniciativa.

Dos días después lo vemos recorriendo dos Estados de la República en vuelos comerciales y por carretera, para supervisar el desempeño de esos programas a nivel estatal, presentando cifras de resultados y dando puntual seguimiento a los detalles con todos los funcionarios involucrados en ello.

Tres días más tarde lo encontramos en la Casa Blanca de Washington, sentado con el presidente del país más poderoso del mundo y con el primer ministro de Canadá, negociando inversiones para programas sociales, desarrollo de energías limpias, migración y seguridad, además de pronunciar un discurso en el que les explica cómo resolver una competencia comercial con China, que a la larga amenaza en convertirse en un conflicto bélico, en virtud del desequilibrio en el crecimiento de las economías regionales. Con la sencilla fórmula de sustituir importaciones de Asia mediante el desarrollo regional de la manufactura, propone alcanzar la autosuficiencia de consumo de toda la región de América, integrando a todas las naciones del continente en el plan.

Pasan dos días y lo vemos encabezando los festejos del aniversario 111 de la Revolución Mexicana, en un espectáculo histórico cultural que nunca habíamos visto antes, en el que nos enseñan historia y valores nacionales.

Unos días después se estará levantando a las 5 de la mañana, como lo hace todos los días, para presidir el Comité de Seguridad que ha logrado disminuir sustancialmente los índices de inseguridad en el país, a pesar de la inercia que nos heredaron los gobiernos pervertidos del pasado, para después presentarse ante 50 periodistas en un diálogo circular, atendiéndolos a todos con paciencia y con respeto, sin importar la agresividad con la que muchos de ellos presentan sus cuestionamientos.

Seguramente pronto lo veremos otra vez, como lo hemos visto tantas veces, sentado en el piso al lado de un anciano en alguna comunidad alejada todavía del desarrollo, escuchando sus problemas y necesidades para tomar nota y hacer algo al respecto, como lo hicieron en su momento Gandhi o Mandela.

Si a algún tipo de desempeño personal se le puede denominar como Todo Terreno, es el que lleva a cabo el presidente de México, a quien no lo detienen las críticas vacías, patéticas de la oposición minúscula que enfrenta, ni los halagos, vítores, aplausos que recibe de la enorme mayoría de los mexicanos, dentro y fuera del país, por la labor esforzada, extraordinaria que desempeña todos los días, con el mismo cuidado y atención hacia todos. Para quienes entendemos el privilegio que significa contar con un jefe de estado dispuesto a sacrificarlo todo por sus convicciones, es un honor estar con Obrador.

Como dijo Nelson Mandela: “Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo”.